La provocación el 20-N le salió cara: Jóvenes patriotas dan una paliza a un “perroflauta” rumano por aparecer con un cartel de “Franco Asesino”

En la imagen, los jóvenes patriotas responden a la provocación del perroflauta.

LTY/R.- Asistimos, para asombro de nacionales y ejemplo de foráneos, a una subida sin freno de un antiespañolismo avinagrado que no parece tener límites. El odio, el esputo y el vituperio a todo lo que significa, de una manera u otra, España (su historia, su pasado, sus señas de identidad…), es el signo inequívoco de esta época lamentable, volcada toda ella a una obra de destrucción y antesala de esa nada que se vislumbra como el único futuro posible de una nación otrora tan llena de vida, desbordante de fe y pletórica de energía.

Esa manía autodestructiva, esa furia contra su propia tierra es lo propio de las sociedades en la hora amarga de la bancarrota moral y espiritual. Cuando los pueblos van cayendo por la pendiente de su irremediable decadencia los peores elementos salen de sus agujeros y alzan la bandera de la sedición dispuestos a consumar la traición largamente madurada en la oscuridad en la que la sabiduría de otros tiempos los tuvo recluidos.

Una de las formas predominantes de este anormal sentimiento antinacional es ese falso progresismo que es la enfermedad infantil, a todas luces incurable, de esa izquierda española de cromosomas desparejados que justifica todos los atropellos y todas las arbitrariedades (después de haber cometido todos los crímenes que adornan su larguísimo prontuario).

El agredido es Lagarder Danciu, un activista «okupa» que ya ha protagonizado otras protestas

El agredido es Lagarder Danciu, un activista «okupa» que ya ha protagonizado otras protestas

Las nuevas hazañas de esa izquierda de cartón-piedra, las últimas batallas que libran esos revolucionarios de pacotilla, van desde retirar a hurtadillas alguna que otra estatua de Franco entre gallos y medianoche de una plaza, desenterrar muertos de la guerra civil sepultados de emergencia donde les pilló la dura realidad de las peleas a tiros, ofrecer compensaciones económicas a las mujeres “vejadas” por el franquismo, citar al Generalísimo para responder ante un juez engominado (muy aficionado al dinero fácil de los banqueros “amables”) algunas preguntas sobre el alzamiento del 36, y demás ocurrencias del mismo tipo, como por ejemplo la propuesta de volar la cruz del Valle de los Caídos. Mucho me temo que estos no pararán hasta derrotar al Generalísimo.

Es un fenómeno bastante interesante, y sin duda no lo suficientemente estudiado por los especialistas en la materia, el que a tres décadas de la muerte del Caudillo, cada día haya más y más enardecidos antifranquistas de “toda la vida”, algunos de los cuales aún se sacan el bigote con una goma de borrar y no se ganan los porros que se fuman. Uno no puede evitar el asco y el sentimiento de vergüenza ajena que provoca el bochornoso espectáculo que ofrece todo aquel que se precie de progre con código de barras al prodigarse en declaraciones, invectivas y proclamas antifranquistas a estas alturas del siglo XXI. Manifestaciones subidas de tono y hartamente sospechosas de gentes que, por lo general, en vida de Franco, nunca levantaron la voz (como no fuera, en muchos casos, para cantar con convicción el “Cara al sol“), y se cuidaban mucho de meterse con el régimen imperante, afectados ellos en ese entonces de una mansedumbre bovina que ahora han trocado por la furia verbal propia del hombre eminentemente testicular.

Ahora que peinan canas y se han descubierto machos, se les despierta la vena revolucionaria y andan berreando: “¡A las barricadas!” con una docena de lustros de retraso. Tuvieron tiempo de sobra durante casi 40 años para ejercer su vociferante antifranquismo, y ahora a la vejez… acné juvenil. Demos gracias a Dios (¡o no!) de que el ridículo y la indignidad no matan, pues de lo contrario no se podría andar por las calles, llenas de imbéciles en rígida y definitiva posición horizontal.

Todo ese antifranquismo a toro pasado es, entre otras cosas, una manifestación de mala conciencia por haber sido cobardes, acomodaticios e indiferentes, en el momento en que había que haber sido valientes, inconformistas y comprometidos. Pero Franco se murió en una cama, y a aquellos que optaron por la paciencia durante un buen puñado de décadas les ha quedado el desagradable regusto de su cobardía, su pasividad y su inoperancia. Ahora pretenden hacerse una biografía de “resistentes”. Decía Chesterton que: “Aquel que se enfrenta a una dictadura defenestrada tiene el mismo valor que el que asusta a una vieja”. En España tenemos un dicho que reza así: “A moro muerto, gran lanzada”. La idea es la misma y se llama impostura y superchería. Algunos llegan a la lucha contra el fascismo con más de siete décadas de retraso, y en esas circunstancias, a pesar de su fantasías y pretensiones de “héroes del pueblo” y “combatientes de la libertad”, no son más que unos asustaviejas.

El franquismo es una etapa cerrada de nuestra historia, aunque la izquierda aliada con sus inseparables acólitos nacionalistas en su empresa de hundimiento de España pretenda reabrirla para seguir hurgando en heridas viejas, para reeditar los peores capítulos de nuestro pasado. En el año 1975 concluyó un ciclo que las generaciones venideras, una vez transcurrido el tiempo de las pasiones que todo lo enturbian y contaminan, habrán de valorar en su justo mérito y reconocer los aciertos de un régimen que aportó a España, en circunstancias difíciles y en una época adversa, paz, orden y progreso, a pesar de sus errores e insuficiencias.

A la izquierda española, huérfana de todo ideal, carente de un proyecto positivo para España, dueña de un rencor indecente y de una escalofriante miseria intelectual y moral, sólo le queda su incurable demagogia, su criminal revanchismo, su sectarismo indomable y una abismal ausencia de valores. El único programa visible de la izquierda parede ser el irreversible desmantelamiento de la nación española, su postración definitiva, su sometimiento a espurios intereses antinacionales y, como apoteosis a sus obsesiones y rencores nunca olvidados y a sus odios insatisfechos, retroceder 70 años atrás. Volver al 36 para intentar el desquite de una derrota ganada a pulso, buscando la revancha por una guerra perdida por los mismos que la provocaron (ahora ya lo sabemos con certeza), aparece cada día más claramente como el sueño y la meta de esa izquierda es destruir España y enfrentar a los españoles. El resultado está a la vista.

Homenaje a Franco

La Policía tuvo que intervenir

La Policía tuvo que intervenir

Unas 200 personas se han concentrado hoy en la Plaza de Oriente de Madrid para recordar y homenajear a Francisco Franco cuando se cumplen 41 años de su muerte, así como para reivindicar los «valores» franquistas en una España de «paro y corrupción».

La concentración, convocada por Fuerza Nueva, Movimiento Católico Español, Falange y Democracia Nacional, se celebra cada 20 de noviembre en Madrid para «honrar» a Franco y a José Antonio Primo de Rivera, del que se cumplen 80 años de su muerte.

Mientras representantes de los citados colectivos leían sus manifiestos, un joven sin techo que llevaba un cartel de «Franco Asesino» ha irrumpido y ha sido agredido por un grupo de miembros.

Se trata de Lagarder Lanciu, traductor jurídico, mediador, educador y activista pro derechos humanos. Fue candidato y miembro del Comité de Garantías Democráticas del círculo de Podemos en Sevilla. El día de la dimnisión de Pedro Sánchez al frente de la Secteraía General del PSOE fue descubierto insultando a la presidenta de la Junta, Susana Díaz y a los ‘barones’ al grito de: “¡Hijos de puta!”.

De origen rumano y etnia gitana, Lagarder Lanciu participó en una de las ediciones de ‘La ratonera’ en 2014. En el espacio de ADTV anunció su condición homosexual y mantuvo una tensa discusión con el sacerdote leonés Jesús Calvo.

Lanciu cuenta que ha vivido en la calle y que estuvo dos años en Podemos: “También son unos ladrones, hijos de puta que también ponen a los suyos a dedo”. En las redes es fácil encontrar una foto junto a la secretaria general andaluza, Teresa Rodríguez.

«Francisco Franco siempre presente. Hijo predilecto de la Iglesia», «José Antonio siempre presente. Católico insigne» y «Hagamos España grande de nuevo» eran algunos de los carteles que portaban los asistentes a la concentración, en la que abundaban banderas con el águila imperial y gritos de «¡Viva España!».

La lluvia que caía esta mañana sobre la capital no ha impedido que se llevase a cabo la concentración. «Pese a la lluvia, a los patriotas no nos impiden la cita con nuestra historia», ha dicho una de las organizadoras.

Los intervinientes en este acto han reivindicado los «valores» de la España franquista frente a una sociedad que está en peligro y en la que «se negocia con terroristas, se legaliza el aborto y se da prioridad a una masa ingente de inmigrantes antes que a los españoles». «Ni el tiempo ni el sistema lograrán acallar nuestra voz. Viva la unidad de España», ha señalado uno de los intervinientes del acto.

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