La revolución del ‘fracking’

Puede que el nombre de Nicholas Steinsberger no les suene a la mayoría. Pero es el autor de la mayor revolución energética de este siglo, un cambio de época de consecuencias económicas y geopolíticas.

Esta historia empieza en 1995. Steinsberger es un joven ingeniero de 31 años. Trabaja en Mitchell Energy, una compañía que lleva el apellido de George Mitchell, considerado el padre del fracking, la técnica de perforaciones de roca para sacar el petróleo de esquisto. Una metodología avanzada, cuyo objetivo es sacar el oro negro por un conducto horizontal, mediante una fracturación geológica con la ayuda de sustancias químicas.

PETRÓLEO Y FRACKING
PETRÓLEO Y FRACKING (Josep Ramos)

Steinsberger acaba de conseguir un ascenso. Tiene hijos pequeños. Está a cargo de la explotación de Barnett Shale, un lugar perdido en el corazón de Tejas, rodeado de pueblos donde Bonnie y Clyde robaban bancos en los años treinta. Sin embargo, esta instalación, que saca gas, está en horas bajas. No es rentable. La compañía le dice que si no consigue reducir costes, van a cerrar. “Estaba deprimido. Pensé que iban a despedirme”, recuerda.

Y entonces se le ocurre una idea: añadir agua al costoso gel químico que se inyectaba en el subsuelo y así abaratar la factura. Steinsberger echa cada vez más, y, contra todo pronóstico, ocurre entonces lo inesperado: el gas sube a la superficie como un “géiser”. “Fue increíble”, admite el ingeniero.

Gracias a este invento, la producción del pozo se multiplica por dos. Los costes caen a la mitad. Nace la fracturación hidráulica. Y Steinberger no sólo conserva su empleo, sino que hace multimillonario a George Mitchell, que venderá años después su empresa a cifras estelares: 3.000 millones de dólares.

Durante años y antes de esta innovación el fracking tenía el problema de que era demasiado costoso. Pero, gracias a Steinberger, estas perforaciones ahora salen a cuenta incluso con cotizaciones del petróleo de 40 dólares. Hace tres años el precio tenía que estar en 65 dólares. El grifo está cada vez más abierto.

En la actualidad, EE.UU. tiene una producción de petróleo que se aproxima a la de Rusia y Arabia Saudí y está en máximos desde los años setenta. Si se suma el gas, el país está un 50% por encima de sus récords anteriores, según la Agencia Internacional de la Energía (IEA). El 80% del futuro crecimiento de la producción de petróleo vendrá de este país, asegura Faith Birol, director de la IEA. Él cree que EE.UU. alcanzará un liderazgo mundial “indiscutible” para el 2020 y lo mantendrá en las décadas siguientes. “Es algo histórico y sin precedentes”, según Birol.

Donald Trump se jacta de que el país ha conseguido la tan deseada independencia energética. Por primera vez desde 1953, los norteamericanos, primeros consumidores mundiales de crudo, pasarán a ser exportadores netos. Después de levantar el límite legal a las ventas al exterior en el 2015, el excedente de petróleo estadounidense viajará por el mundo. “A estas alturas, ni siquiera hay que hablar de revolución. El fracking es un hecho incuestionable. Y las grandes compañías ya consideran que deben tener pozos de estas características en su portfolio de inversiones”, comenta a este diario Matt Cook, analista de la consultora Douglas Westwood.

Porque el fracking tiene todavía mucho potencial. “La gente aún no entiende que tiene que invertir en este tipo de pozos”, dijo Ryan Lance, de ConocoPhillips, empresa que ahora aplicará la resonancia magnética para detectar los recursos petroleros que perforar. Shell también ha decidido entrar en este juego. “Todavía hay poca automatización”, aseguran, mientras que Chevron adoptará drones para inspeccionar los campos.

El éxito del fracking ha podido apoyarse en las circunstancias favorables ofrecidas por EE.UU.: una capacidad elevada de innovación y una cultura empresarial proclive a asumir riesgos. Pero también una orografía amable, con grandes extensiones y espacios pocos habitados. Y un marco legal que hace que el propietario del terreno sea también el dueño de los preciados recursos del subsuelo.

Ahora esta técnica se está extendiendo fuera de las fronteras, como en la zona de Vaca Muerta, en Argentina. Y es que el fracking también ha causado un cambio de cromos en la geopolítica. “El cártel de exportadores de la OPEP no tiene el mismo poder. El hecho de que EE.UU. se esté convirtiendo en el mayor productor del mundo constituye un cambio drástico”, señaló Paolo Scaroni, expresidente de Eni. De hecho, en su última cumbre quedó evidente que este grupo de países necesita al apoyo de Rusia para hacer efectivas sus decisiones ya que el que era su principal cliente es casi autosuficiente.

Esta revolución tiene incógnitas, como el impacto medioambiental. Por ejemplo, en Oklahoma después de las perforaciones hidráulicas se han contado más de 800 episodios sísmicos en una zona que nunca tuvo. Steinsberger no podía preverlo. Hoy ha montado su consultora, ya es un cincuentón y tiene cinco hijos. Nunca cobró un centavo por su invento. “En aquel entonces no tenía idea. Era un tipo tranquilo”, admite.“Ahora la gente se ha vuelto muy agresiva en los negocios”.

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