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La ‘revolución’ kazaja abre un segundo frente a Moscú en medio de la crisis ucraniana

Sería comprensible que muchos lectores tuvieran que acudir a un atlas para saber dónde está Kazajstán o lo confundieran con la nebulosa de otros ‘stán’ surgidos en Asia Central de la disolución de la Unión Soviética y, así, tender a restar importancia a la revuelta violenta y ya con víctimas mortales que ha estallado en el país asiático.

Pero se equivocarían. La crisis, que abre a Rusia un ‘segundo frente’ en pleno tira y afloja con Estados Unidos en la frontera con Ucrania, es con toda probabilidad el mayor reto al que se enfrenta Putin en los últimos años, y no sería imposible que escalara a un duelo al sol entre superpotencias.

¿Qué está pasando en Kazajastán? Esta semana pasada estalló en Almaty, la ciudad más importante, una revuelta ‘popular’ violenta que el gobierno de Kassym-Jomart Tokayev ha tratado en vano de reprimir violentamente, y ha escalado hasta el punto de pedir ayuda militar de la alianza que reúne a varias repúblicas exsoviéticas, la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC). Moscú ha enviado inmediatamente 3.000 paracaidistas, para empezar.

¿Por qué es tan importante quién mande en Kazajastán? Podríamos empezar diciendo que Kazajstán es un país inmenso que comparte con Rusia la más extensa frontera continua del planeta, pero eso es quedarse muy corto para entender su importancia.

Para empezar, hasta el más pequeño y pobre de los países que hacen frontera con Rusia son esenciales para Moscú porque, de caer en manos de un gobierno ‘prooccidental’, la OTAN instalaría misiles apuntando a Rusia en lo que se tarda en decir “revolución de colores”.

Más: Kazajstán es un país mayoritariamente musulmán, pero con una muy importante población étnicamente rusa, en torno a una cuarta parte. En caso de conflicto interno, estos rusos serían con toda probabilidad objeto de limpieza étnica y, en cualquier caso, una guerra civil supondría una oleada de refugiados marchando hacia la frontera rusa, lo que podría resultar desastroso para Moscú.

Más: Kazajstán es algo más que un aliado de Rusia. En Kazajstán está el centro espacial de Vaikinur, el ‘Cabo Cañaveral’ creado en la era soviética que los rusos siguen utilizando merced a un acuerdo especial. Están construyendo otro en el extremo oriente ruso, pero aún no está listo para funcionar. Perder Vaikinur sería un verdadero desastre que Moscú no puede permitirse. Como no puede permitirse perder el uranio kazajo, esencial para las centrales nucleares rusas.

Ante lo que estamos es, pues, lo que se conoce como ‘guerra híbrida’, que combina aspectos de guerra convencional, levantamientos populares inducidos, luchas de poder entre las élites y propaganda a raudales. Una ‘revolución de colores’ en toda regla.

Las revoluciones de colores constituyen la última modalidad de intervencionismo estadounidense en el escenario internacional. En lugar de mandar tropas como en Vietnam, neutralizan a un país aliado del ‘enemigo’ propiciando y financiando levantamientos aparentemente populares (de base real) en países con escasa cultura democrática. Y funciona, funciona maravillosamente.

Eso no significa que lo haya organizado la CIA, en absoluto. Las cosas no son ya tan burdas. Ahora la moda es servirse de ONGs occidentales, que son las encargadas de organizar las revueltas (o coordinarlas, al menos) y financiarlas generosamente. Una de las organizaciones más ‘peligrosas’ en este sentido es el Fondo Nacional para la Democracia (NED, por sus siglas en inglés), presente en cientos de países.


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