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La sombra del BOE es alargada… comienza el baile

María Jesús Pérez.- Comienza el baile. En plan «juego». El de las sillas. En el Gobierno de coalición social-comunista, hoy mismo. Ahí están ya sobre la mesa los nuevos «jugadores». Los flamantes gestores de una economía con demasiados gastos a la vista, y con menos ingresos previstos de los que prometen. Mientras, en nuestras empresas, digamos, también bailarán algunos al son que tocarán otros, pero a la sombra del BOE –Boletín Oficial del Estado– que se augura alargada.

De hecho, algunos primeros espadas de la gran empresa española empiezan a sentir ya remojadas sus barbas ante la voracidad de poder que se aventura entre los nuevos miembros del Ejecutivo del tándem Sánchez-Iglesias. Eso sí, mientras tanto, aquellas compañías que carezcan de estructuras organizativas potentes y actualizadas caerán a las primeras de cambio.

Cierto es que, en teoría, todas son privadas, y muchas cotizadas, pero ninguna se puede enfrentar al poder del BOE. No es un blindaje definitivo. Es la fuerza de la política. Buscar puertas –giratorias o no, indirectamente–, si no abiertas, que sea factible abrir. Hasta ayer mismo como quien dice la puerta de acceso era en la práctica la de atrás. Hoy, sin embargo, en muchas de ellas ya es la de entrada. Por las circunstancias actuales. Aquellas que directamente afectan y están en el entorno de la reputación y en los pobres resultados de la acción en los mercados. En definitiva, razones que debilitan la gestión y deja libres las sillas. Entrada prácticamente gratuita.

Resulta pues de interés crítico reforzar los equipos con conocimiento técnico para aguantar el temporal. Muchas ya han empezado. Se paran, analizan, visualizan el futuro, fichan, hacen números, y actúan. Blindarse –o intentarlo– es el objetivo. Grandes compañías punteras cada una en lo suyo. Y en todos los sectores de la economía española: telecos, energéticas, banca, aerolíneas y… grandes conglomerados audiovisuales, que ya saben eso de tener «asistencia» directa desde las teles no se puede dejar escapar.

Cada cual busca el refuerzo a su manera. Movimientos corporativos –compras y/o fusiones y absorciones–; nuevas estrategias y foco de negocio; digitalización con incorporaciones de gran experiencia; tanto como lograr estar en consonancia con los cambios climáticos del Acuerdo de París. Esfuerzos necesarios pese a que algunas medidas minorarán sus resultados, intentando además por todos los medios tener contentos a los accionistas. Prohibido tocar su remuneración vía dividendos.

Algunos casos dan idea de cómo afrontan nuestras más grandes el dichoso baile. Y no lo digo yo. Está ya en la calle. Más bien, en ciertos pasillos institucionales. Hablan de esa nueva Telefónica del futuro que preside José María Álvarez-Pallete en la que ya se está haciendo mucho de lo que debe. Ahora bien, algunos están ojo avizor por ver si es capaz de comunicarlo bien, lo que no acostumbra a ser tarea fácil por las consabidas zancadillas de los «hombres de paz».

Mientras, de BBVA destacan esa sensación de estar agazapados para que no se hable mucho. Mejor pasar desapercibido mientras pasa el temporal. A la espera de que se levante el secreto de sumario en el caso judicial que le une con las supuestas escuchas ilegales del excomisario José Manuel Villarejo, que, de momento, dicen en la sede de la entidad, no ha afectado ni al negocio ni a su reputación a pesar de las presiones que –aunque todas las partes niegan– llegan desde Fráncfort. En concreto, de las mismas entrañas del Banco Central Europeo(BCE).

Un caso con el que se relaciona ya a demasiadas grandes empresas. Once piezas separadas de las 25 en total, que afectan a 12 firmas españolas, y que a pesar de estar bajo secreto sumarial ya ha trascendido que la justicia está investigando. Entre ellas, Mutua Madrileña, Caixabank, Indra, Repsol, Planeta, Persán, San José e… Iberdrola. La eléctrica presidida por Ignacio S. Galán intenta capear el temporal como las demás, como buenamente puede, y mantiene firmes sus objetivos de futuro, para no alejarse de esa envidiable posición de buen gobierno corporativo de la que muchos hablaban y ponían de ejemplo hasta que Villarejo cantó. Lo que haya relatado el expolicia jubilado, verdad o no –el juez decidirá, ha pedido «papeles» y los está desmenuzando–, no ha desviado a la compañía en su apuesta por el crecimiento en negocios regulados, tanto redes como renovables, en los mercados donde está actualmente, en línea con un Gobierno que más que morado en este aspecto seguirá verde.

Y mientras Iberia se esfuerza por aparentar la máxima españolidad posible con las últimas decisiones venidas desde la cúpula de la matriz –IAG– para afrontar el Brexit (su presidente, Luis Gallego, será el nuevo CEO del grupo) desde la mejor de las posiciones, manteniendo sus fortalezas globales, Bankia estará de nuevo en el ojo del huracán, mal que le pese e insista en no querer ver. Su presidente, José Ignacio Goirigolzarri, además de hacer pandilla con la nueva «vice» Nadia Calviño y el «vice» del BCE, Luis de Guindos, tendrá que lidiar con el asedio que algunos visualizan por la vía de la reputación para ocupar su silla.Porque dicen por ahí que a más de un socialista o podemita les parece una auténtica perita en dulce como cargo de futuro, algo que el presidente Sánchez podría utilizar como moneda de pago a cambio de servicios prestados en el pasado.

Ya lo dijeron en su momento nuestros líderes empresariales: mejor un pacto por un gobierno moderado, con acuerdos sobre reformas económicas entre PSOE-PP-Ciudadanos, o incluso repetición de elecciones, que uno con Podemos que tienden a las «desreformas» y a «pillar sitio», sin olvidar que peligra la capacidad de diálogo en el exterior. Ya, de momento, en la Embajada de Estados Unidos dan por hecho que futuras negociaciones con Donald Trump se pueden catalogar de milagro. ¡Que comience el baile!