La terminal corporativa o el otro aeropuerto de Barcelona

El grueso de los pasajeros que llegan o salen de Barcelona por avión han de elegir entre dos enormes edificios. Según la compañía con la que despeguen tienen que dirigirse a una terminal u otra y si llegan, se encontrarán en un edificio terminal diferente, separado del otro por dos plataformas de aparcamiento y una pista de vuelo.

Así, si viajan en Vueling, Iberia, Lufthansa, Air France o British han de usar la T1 y si han optado por Easyjet, Norwegian, Ryanair o Wizz Air pasarán por la T2. Hasta ahí nada nuevo desde verano de 2009, cuando se inauguró la flamante terminal en forma de espada hacia la que fueron moviéndose un buen número de aerolíneas: las integradas en las tres grandes alianzas comerciales mundiales, Vueling y otras de largo alcance.

AENA inauguró una terminal exclusiva para vuelos coporativos y privados

Unos meses antes de esa inauguración y de manera muy discreta, AENA inauguró otro edificio de pasajeros al que no puso ningún número sino que la bautizó con un nombre: terminal corporativa, para dedicarla en exclusiva a los vuelos corporativos, privados y VIP, aunque no los oficiales y de estado, pues estos tienen sus respectivos espacios en la T1 y la T2, gestionados por la Delegación del Gobierno.

El edificio corporativo respondió en su momento a una necesidad clara: hasta mediados de 2008 los usuarios de vuelos privados solo disponían de unos pocos metros cuadrados sobrantes en lo que era la planta baja de la antigua terminal dedicada al puente aéreo.

La terminal corporativa del aeropuerto de Barcelona desde el lado tierra La terminal corporativa del aeropuerto de Barcelona desde el lado tierra (JOF)

El crecimiento de este tipo de aviación y el perfil de sus usuarios hicieron necesario que Aena moviera ficha en este sentido y encargó a los arquitectos Artigues y Sanabria un edificio sobrio y apartado de las terminales existentes.

Frente a ella está la plataforma donde aparcan los jets ejecutivos como los Cessna Citation, Dassault Falcon o Bombardier, aviones que en algunos casos, como el Global Express pueden volar desde Barcelona hasta cualquier lugar del planeta con una única escala intermedia.

Inicialmente la terminal, de 2.100 metros cuadrados, muy luminosa y dividida en dos plantas iba a estar complementada por un hangar para este sector, aunque esta opción se acabó descartando. Desde hace ya casi una década los usuarios de este tipo de aviación usan esta terminal tranquila y privilegiada situada entre la antigua torre de control, donde hoy están las oficinas de Norwegian para el sur de Europa y el enorme hangar de Iberia Mantenimiento, también conocido como el “Caprice des Dieux”, puesto que su diseño coincide con el de la caja de ese queso francés de pasta blanda.

Frente a esta plataforma aparcan los jets ejecutivos que pueden volar a cualquier lugar del mundo con una sola escala

El edificio es propiedad del gestor aeroportuario y sus instalaciones son explotadas por dos concesionarias que se presentan a concurso. Actualmente son las empresas Gestair y Menzies Aviation las encargadas de todo lo relacionado con el trato al pasajero, la operación de unas elegantes salas VIP con vistas a las pistas y también las zonas de descanso y espera de las tripulaciones de estos reactores privados.

Estas dos empresas trabajan mano a mano con gestores de apoyo en tierra como es Euraservices, una de las compañías más veteranas del sector, cuyos empleados tienen la máxima de la absoluta discreción, pues a no ser que el pasajero diga lo contrario, no revelan públicamente quienes van y vienen el jets privados o a quienes llevan y traen desde los aviones hasta la terminal.

El servicio al pasaje en la aviación ejecutiva se mueve con otros parámetros. El servicio al pasaje en la aviación ejecutiva se mueve con otros parámetros. (JOF)

“La huelga de los empleados de seguridad de Eulen no ha tenido prácticamente repercusión en el edificio”, reconoce a La Vanguardia uno de los profesionales de las empresas que servicio a la aviación ejecutiva en Barcelona. “Lo que si hemos notado es que han sido mucho más exhaustivos de lo normal con algunos pasajeros últimamente” reconoce, aunque también indica que el propio ritmo de llegada y salida de pasajeros en la terminal corporativa hace que esta sea como un aeropuerto totalmente ajeno al resto de cosas que pasan en la T1 o la T2.

Lo que si ha llamado la atención este verano ha sido el importante incremento de vuelos gestionados desde la terminal de vuelos privados. Según uno de los gestores de estas operaciones el mes de Julio siempre es fuerte porque combina vuelos de ocio con vuelos empresariales que cierran ejercicio y agosto sí que es más variable porque los pasajeros suelen estar de vacaciones y no se mueven tanto. En los años de alegría económica se volaba mucho en agosto para ir a Croacia, Turquía, o Grecia para ir a cruceros/veleros de lujo y eso parece que se está recuperando.

La huelga de Eulen no ha tenido repercusión en el edificio”

Lo que está pasando este año es que hay mucha presencia de vuelos internacionales con gente que pasa por Barcelona 2 o 3 días dentro de sus vacaciones, pues la ciudad se ha convertido en destino para fines de semana o estancia de dos o tres días en pleno verano pues hora hay un perfil de gentes que se permite viajar en aviones privados y tienen un carácter más caprichoso, lo que implica no pasar demasiados días en ningún lugar en especial, y saltan continuamente.

En el primer semestre de este año, una de las principales empresas mundiales de alquiler de aviones, Netjets sumó 428 operaciones en El Prat, la operadora local Executive Airlines 372 y la barcelonesa Clipper National alcanzó los 300 despegues y aterrizjes, a los que hay que añadir otros vuelos privados genéricos que superan el millar de operaciones en tan solo medio año.

Hay tantos aviones privados que llegan a Ibiza que muchos tienen que aterrizar en Valencia, Palma o Barcelona

Por otro lado desde hace algunos veranos también existe el “efecto Ibiza”, pues es tal la cantidad de aviones privados que llegan a ese aeropuerto en temporada alta que su plataforma no tiene capacidad. Literalmente no caben más aviones y tras dejar al pasaje, los tripulantes tienen que llevar el jet a un tercer aeropuerto como Valencia, Palma o Barcelona para dejarlo aparcado hasta que su propietario o quien lo alquile, lo vuelva a necesitar.

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