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La tiranía castrista deja a los cubanos indefensos ante la pandemia – La Gaceta de la Iberosfera

Hace algunas semanas Cuba dio de qué hablar en el mundo, debido a la espontaneidad y a la fuerza con la que se manifestaron disidentes al régimen castrista en las calles de La Habana y otras ciudades y pueblos de la isla. En primera instancia, las protestas son la respuesta natural de un pueblo harto de una tiranía comunista que ya ha sobrepasado los 60 años en el poder. 

Sin embargo, si se analiza con más cuidado lo que está ocurriendo actualmente en la nación caribeña, es imposible no percatarse de que hay un problema mayúsculo que el régimen de Díaz Canel y los Castro están causando al cubano promedio: le están exponiendo directamente a la muerte, por acción u omisión.

Ya no se trata solamente de una tiranía comunista que compromete la alimentación básica del ciudadano a través de sueldos y salarios de hambre. No hablamos tan solo de una situación en la que las condiciones de vida del cubano promedio son llevadas al extremo con cortes de agua potable y luz eléctrica que pueden durar días y días. Ahora ha aparecido en el panorama una amenaza que compromete aún más la existencia en la isla: una terrible gestión de la pandemia causada por el covid-19.

Cuba ha despuntado en las últimas semanas como uno de los países de la región que, a juzgar por la información oficial ofrecida por el propio castrismo, se encuentra sentada sobre una bomba de tiempo causada por el virus y que está a punto de estallar, si es que incluso no ha explotado ya. 

En días recientes la isla ha venido rompiendo récords de contagios diarios. El jueves 29 de julio el Ministerio de Salud Pública reportó 8607 nuevos casos (para sumar 366.985) y 68 fallecidos más (para totalizar 2628). De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en las últimas dos semanas el país ha registrado cerca de 870 casos de covid por cada 100 mil habitantes, con lo que se convierte en el primer país de Latinoamérica y el sexto del mundo con más contagios, a juzgar pos su densidad poblacional.

La directora de la OPS, Clarissa Etienne, ha precisado que Cuba vive su peor momento desde que comenzó la pandemia mundial, a inicios del año pasado. Según la funcionaria es especialmente preocupante el hecho de que durante los últimos días se han reportado unas 7000 infecciones en menores de edad y 400 en mujeres embarazadas.

La crisis no es casual. El régimen castrista tiene estricta responsabilidad en todo lo que ha venido ocurriendo. No se puede olvidar que los gobiernos de Venezuela y Cuba fueron los únicos dos países de América Latina que se negaron de entrada a recibir vacunas contra el covid-19 del programa Covax, aupado por la Organización Mundial de la Salud. 

Mientras que el primer país arguyó en principio no querer estas vacunas porque no estaba dispuesto a aceptar dosis provenientes del laboratorio Astra-Zeneca (debido a los supuestos efectos secundarios que generan) y luego si se ha sumado al mismo, la isla simplemente dijo que no estaba interesada en acceder al programa, pues inmunizaría a su población mediante el desarrollo propio de vacunas.

Las consecuencias de esta soberbia y terrible decisión política saltan a la vista. Los más famosos candidatos vacunales cubanos (“Soberana II” y “Abdalá”) han comenzado a ser usados en los últimos dos meses para, supuestamente, crear la inmunidad de la población frente al virus. Este ha sido justamente el mismo período en el que se han potenciado los contagios, las hospitalizaciones y los fallecimientos en la nación caribeña. 

Estos desarrollos científicos todavía son vistos por el mundo como candidatos vacunales, en tanto su efectividad no ha sido probada suficientemente como para que alcancen el estatus de vacuna frente al virus. La información sobre Abdalá y Soberana II es absolutamente limitada, al punto que para finales de junio ninguna revista científica mundial había publicado ningún trabajo que avalara a estos productos de laboratorio como agentes de inmunización efectiva contra el covid.  

El rosto de la desgracia se puede ver incluso en las propias esferas del poder castrista. En los últimos 10 días han fallecido 6 altos mandos militares de la revolución. Se trata de hombres mayores que formaban parte de la nomenklatura de la tiranía (algunos de ellos incluso acompañaron personalmente a Fidel Castro en la aventura guerrillera que le permitió tomar el poder a finales de los 50s) y cuyas causas de deceso no han sido suficientemente aclaradas. 

La falta de transparencia y acceso a la información es un signo característico de este tipo de regímenes, y en este caso ha sido nuevamente la regla. El Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH), con sede en Madrid, ha indicado que el gobierno de Díaz-Canel evita a toda costa dar cuenta de los fallecimientos que se producen en la isla como consecuencia del covid

Cuando muere alguien por la pandemia en la isla generalmente se apunta en las actas oficiales que el deceso se ha producido por “neumonía” o “trombo-embolismos pulmonares”, según ha apuntado al portal cubano 14ymedio el directivo de la OCDH, Alejandro González Raga.  

Este enorme desastre ya se asomaba hace días, cuando miles de cubanos salieron a las calles a pedir libertad, cobijados bajo grito de lucha de “Patria y Vida”. Ahora bien, una crisis de estas proporciones perfectamente puede ser utilizada por el régimen para asustar más a la población y, al igual que lo que han hecho otras autocracias socialistas de la región y del mundo, desmovilizar al pueblo cubano y sus reclamos. 

La extensión de la pandemia podría desembocar en la indignación absoluta del cubano de a pie, o bien replegarlo a las cuatro paredes de su hogar en busca de protección, mientras el castrismo perfecciona sus métodos de control social recrudeciendo los procesos de cuarentena y vigilancia de las movilizaciones en las calles de la isla. 


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