La UE rebaja las ambiciones de la reforma de la zona euro

Sin la presión de la prima de riesgo, que en su día forzó a los gobiernos europeos a tomar medidas drásticas para salvar el euro y sin Gobierno en Berlín ni apetito de cambios alguno, el mínimo común denominador sobre las reformas necesarias para reforzar la unión económica y monetaria es cada vez más bajo. “Aunque hay consenso sobre el objetivo global (completar el euro), los estados miembros difieren en su evaluación de lo que es necesario hacer y la urgencia que otorgan a esta tarea. En ausencia de la presión de los mercados, la voluntad política se ha debilitado”, constata el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, en la nota remitida ayer a las capitales europeas de cara a la cumbre del euro de este viernes en Bruselas, cita que propone abordar con realismo, centrándose sólo en las iniciativas que más consenso han suscitado.

Los tres meses de debates mantenidos en el Eurogrupo han puesto de manifiesto que sólo hay consenso para tres medidas concretas, las menos ambiciosas de cuantas se han puesto sobre la mesa en los últimos meses. En primer lugar, cambiar el nombre del fondo de rescate europeo, que pasaría de ser el Mecanismo Europeo de Estabilización a llamarse Fondo Monetario Europeo, pero sin darle funciones ni medios equiparables al organismo internacional con sede en Washington. Las otras dos medidas en las que hay consenso en que hay que avanzar permitirían completar la unión bancaria: la adopción de una auténtica garantía paneuropea de depósitos bancarios y el refuerzo del fondo europeo de resolución bancaria.

No hay acuerdo para crear un presupuesto anticrisis para la zona euro ni para dar más poder a Bruselas

No hay, sin embargo, visos de acuerdo sobre las iniciativas más ambiciosas, ha advertido por carta el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, a Tusk. Ni hay consenso para crear presupuesto específico para la zona euro que actúe como amortiguador en tiempos de recesión como plantea París, ni para dotar de auténticos medios al futuro Fondo Monetario Internacional o nombrar un ministro europeo de Economía y Finanzas que presida el Eurogrupo y que sea capaz de supervisar este y otros instrumentos anticrisis como pide Bruselas, ni tampoco para simplificar las normas fiscales de la eurozona y establecer una relación directa entre la adopción de reformas y la recepción de ayudas, como querría Berlín.

Tusk ha propuesto a los líderes europeos avanzar en los tres temas en que “hay mayor grado de convergencia” con vistas a llegar a un primer acuerdo político en la cumbre europea de junio. La falta de Gobierno en Alemania hará difícil ir más allá de lo planteado por el presidente del Consejo, aunque hay esperanzas de que el pacto con los socialdemócratas permita ir algo más lejos más adelante. El Elíseo llegó a sugerir al presidente del Consejo que aplazara la cumbre, para evitar un debate en abierto anticlímax con los planes lanzados por Emmanuel Macron, que aún no tiene con quién debatir.

La nota de Tusk ni siquiera menciona las propuestas presentadas la semana pasada por la Comisión Europea en un intento desesperado de elevar la ambición y de hacerse con las riendas del Mecanismo Europeo de Estabilización, actualmente controlado por los gobiernos. Bruselas presenta estos cambios como “sinergias” lógicas pero la desconfianza hacia el ejecutivo comunitario, al que los países del norte culpan de no haber detectado la situación de las cuentas públicas y las estadísticas en algunos países, sigue pesando fuertemente en los debates.

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