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‘La única solución para Nicaragua es sacar a Daniel Ortega por la fuerza’

La única salida que ve el analista político Raymond Molina a la crisis en Nicaragua creada por Daniel Ortega, es la fuerza ante la posición inflexible que ha demostrado reprimiendo, encarcelando a sus adversarios políticos e ignorando los llamados de la comunidad internacional para la liberación de los presos políticos y la restauración democrática en el país.

A juicio de Molina, las dictaduras en la región han demostrado que no se puede dialogar. En el caso de Nicaragua, Ortega ha cerrado todos los espacios democráticos en el país y persigue consolidar su dinastía a través de la política del terror.

El panorama se complica ante la falta de la unidad opositora. Para Molina se acrecienta por falta de un liderazgo opositor capaz de unificar a la nación a través de una estrategia en base a principios morales, políticos y económicos. 

Aunque Ortega se sostiene por la fuerza de las armas y la represión contra una población desarmada, la comunidad internacional se muestra a favor de una salida diplomática. 

Estados Unidos, cuyo enfoque está dirigido a China y al conflicto en Ucrania ante las amenazas de Rusia, respalda la salida democrática que intenta promover la Organización de Estados Americanos (OEA), ante el desprecio del dictador sandinista. Un nuevo estallido social por ahora se ve poco probable ante la represión de Ortega que instauró un estado policial, y a la desilusión de la población en la clase política. 

Nicaragua vive una seria crisis sociopolítica desde la llegada del sandinismo por segunda vez al poder que se ha agudizado en los últimos cuatro años tras el estallido social de abril de 2018. 

Ante ese escenario, Molina sostiene que “la única solución es sacar a Daniel Ortega por la fuerza. Lo mismo sucede con Nicolás Maduro en Venezuela porque no hay forma que estos dictadores, después que han cometido crímenes de lesa humanidad, pretendan salir del poder y vivir tranquilos. Saben que van a ser juzgados, como es el caso del proceso en La Haya contra el régimen de Maduro”, apuntó Molina.

Investigaciones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), determinaron que Ortega es responsable de crímenes de lesa humanidad tras la matanza de 355 ciudadanos en el contexto de las protestas de abril, centenares de presos políticos fueron torturados y abusados sexualmente en las cárceles.

“Ortega establece su posición inflexible cuando elimina toda oposición incluyendo a exfuncionarios y simpatizantes en su momento del sandinismo”, dijo. Se refiere a casos como del exembajador de Nicaragua en Washington, Arturo Cruz [2007-2009], exaspirante presidencial y uno de los que lleva más tiempo encarcelado durante la última ola de arrestos ejecutada por Ortega.

Otro de los casos son los del ex vicecanciller de la primera dictadura sandinista Víctor Hugo Tinoco, la exguerrillera y exministra de Salud Dora María Téllez, y el exjefe de la Seguridad del Estado y general en retiro Hugo Torres. 

“Estas personas que apoyaron a Ortega están presas, con eso Ortega establece que no va a cambiar, no va a negociar ni va a darle oportunidad a ninguna propuesta que están tratando de promover en busca de una salida a la crisis”, dijo Molina en alusión a algunos sectores que están dispuestos acudir al llamado de diálogo de Ortega previsto para después de la toma de posesión para el nuevo periodo presidencial. “Todos los grupos que están queriendo negociar con Ortega están convirtiéndose en agentes para perpetuar el sandinismo en el poder”.

Uno de los ejemplos más recientes y claros para Molina, es la situación de Venezuela. Su argumento se basa en que el gobierno de Estados Unidos ha buscado todas las posibles salidas para la restauración democrática por la vía pacífica y producir un cambio, pero hasta ahora sin éxito, una situación que ha desembocado en una crisis humanitaria sin precedentes en la nación caribeña. Cerca de seis millones de venezolanos han huido de la otrora potencia petrolera, hoy un país hundido en la pobreza por causa del régimen chavista.

“Estos sistemas sandinistas, bolivarianos y castristas se sostienen a través de la intimidación, convierten a los pueblos en dependientes del sistema para mantenerlos bajo control, lo que se requiere es un sistema que cree oportunidades para que la gente pueda desarrollarse independiente, pero es la idea de estos regímenes”, aseveró.

La necesidad de una oposición unida

No hay unidad porque no hay una política definida, son grupos acomodados a la búsqueda de beneficios personales, no grupos determinados a producir un cambio fundamental que requiere el país, de principios morales, políticos y económicos a la nación. Son grupos pequeños tirándose los unos a los otros”, afirma. 

“No hay una plataforma política donde establezcan específicamente un curso a seguir para poder sacar a Nicaragua de la crisis moral, política y económica a la que lo ha llevado el sandinismo. El sandinismo es la palabra que hay que erradicar del diccionario de Nicaragua”, sostiene Molina que alega que ese sistema ha dejado miles de muertos y ha sumergido al país en la pobreza.

Tampoco cree que la solución sea el sandinismo disidente que gobernó con Ortega en los años 80, que busca liderar la oposición. 

“¿Cómo vas a renovar una cosa que ha llevado a la quiebra, la destrucción del país y a la muerte a millones de nicaragüenses? Ahí no hay solución. El asunto no es que estén distanciados de Ortega, son los principios fundamentales que debe tener una nueva política. Lo que quieren los nicaragüenses es un sistema que les garantice el respeto a la vida, mejorar el estándar de vida, oportunidades en lo económico, político y social, que se acabe la guerra”, subrayó.

Y Mientras Ortega busca consolidar su dictadura con mano dura, algunos sectores de la oposición buscan agruparse alrededor de objetivos que no incluyen diálogos con el dictador. 


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