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La verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, por Anna Grau

Esteban Gómez Rovira, abogado de Barcelona, es hijo del abogado del mismo nombre que fue uno de los primeros en desafiar públicamente la inmersión monolingüe forzosa en las escuelas catalanas. La hispanofobia a ras de pupitre, vamos. Como decía Ricardo García Manrique en un reciente debate con Teresa Freixes, Carlos Carrizosa y Isabel Martínez Comas con motivo del 45 aniversario de la Constitución: «Decían que la inmersión monolingüe forzosa era para aprender el catalán, pero mentían: era para mandar un mensaje político contra la lengua española y el bilingüismo».

Puede parecer algo tan obvio como devastador a la vista de los resultados del último informe PISA, que sitúan Cataluña a la cabeza del fracaso escolar. Y del bullying. Va el Gobierno catalán separatista y tiene el cuajo de atribuir semejante estadística «a la sobrerrepresentación de alumnado inmigrante». Se quejarán luego de los discursos de Vox sobre la inmigración.

Yo creo que a Esteban Gómez Rovira padre, Vox le habría sabido a poco. A su derecha quedaban pocas cosas. «Era un facha inconmensurable», me susurra al oído, en una fiesta, un admirado amigo que entre otras cosas lo es (amigo y admirado) por su fina capacidad de análisis y de discernimiento. No todo el mundo admitiría fácilmente que un pedazo de facha pudo ver claro lo que muchos progres de su época se negaban a admitir. Siguen sin hacerlo muchos progres de la nuestra.

«Gómez Rovira hijo denunció a Carles Puigdemont por delito de odio y daño moral»

A este señor le mandó Terra Lliure varias bombas a casa. Se dice pronto. Uno de sus hijos tuvo que tirar una de esas bombas por la misma ventana donde ahora ondea una bandera de Ucrania. El otro, Esteban Gómez Rovira júnior, asegura que siendo malo lo de las bombas de hace décadas, para él fue peor la escena vivida el 1 de Octubre de 2017, cuando volviendo a casa en compañía de sus padres ya ancianos, sufrieron la feroz embestida de varios energúmenos y energúmenas de los que aquel día pretendieron enseñorearse de las escuelas, las calles y la razón misma de existir de Cataluña.

Vivió la familia escenas tan traumáticas que Gómez Rovira hijo hizo algo que aparentemente no se le había ocurrido a nadie más: denunció a Carles Puigdemont por delito de odio y daño moral. Por ese concepto le reclama 2.000 euros, no más, y se los reclama por la vía civil. Tal demanda ha dado muchas vueltas y revueltas por los cajones de distintos juzgados, tuvo que ser ratificada a los tres años para evitar su vencimiento, y sólo gracias al terco tesón de su promotor sigue viva, coleando y admitida a trámite para su estudio, en este momento, por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña.

Hace meses y hace años que Esteban Gómez Rovira me dice dos cosas que, de ser ciertas, mucho darían que pensar:

1. Una demanda civil de este tipo no es amnistiable.

2. Si 999 personas le imitaran, si hubiera 1.000 demandas civiles de 2.000 euros cada una contra Puigdemont, es posible que se frustrara para siempre, tanto la amnistía al prófugo, como su retorno a España.

«Los que más se llenan la boca con acusaciones de ‘lawfare’ son aquellos que más protegidos están de responder de sus delitos»

¿Profecía? ¿Quimera? ¿Quijotismo? ¿Lawfare? Mueve a ironía que los que más se llenan la boca con acusaciones de lawfare sean aquellos que más formidablemente y desmesuradamente protegidos están de responder de sus faltas y delitos, y que viven además convencidos de que todo se arregla chantajeando a un presidente del Gobierno para que este a su vez intente chantajear a jueces y fiscales. ¿A esa clase de república nos quieren conducir?

¿Qué pasaría si Esteban Gómez Rovira hijo tuviera por lo menos una parte de razón como la que en los años 80 tenía su padre? ¿Con quién se queda usted, con el facha irredento, pero que alzó la voz a favor del bilingüismo cuando no lo hacía casi nadie, o con los histéricos progres y separatistas de Terra Lliure que le bombardeaban?

Mira que si de verdad bastaran 1.000 demandas por lo civil, a 2.000 euros cada una, contra Carles Puigdemont por daño moral y por delito de odio.

Porque yo no sé qué determinaran los jueces, cosa que yo no soy ni debo intentar ser. Sí les digo que si un juez a mí me llamara y me preguntara si yo creo que Carles Puigdemont ha incurrido en delito de odio contra millones de catalanes, y si nos ha hecho daño moral…pues yo contestaría la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad: sí, señoría. Un daño que cruje y seguirá crujiendo muchos años en lo más hondo de la convivencia. Y del corazón.