Inicio Actualidad Las claves tácticas del Barça-Villarreal: Dembélé traslada el debate a Coutinho

Las claves tácticas del Barça-Villarreal: Dembélé traslada el debate a Coutinho

1.- Corre y frena; galopa y regatea Ousmane

Corre y frena. Corre y regatea. Corre y roba balones. Dembélé ya ha dejado de ser, al menos en esta semana, un asunto de debate para el barcelonismo, que lo aplaudió en varias ocasiones. El público se lo pasó bomba con su endiablada velocidad, por mucho que errara en alguna de sus decisiones finales. Bajo sospecha queda ahora Coutinho, gris, invisible, desaparecido… Pero el Barça, un equipo cansado (era el mismo once de Eindhoven), necesitaba de las piernas de Ousmane para romper al Villarreal. Así sucedió en la primera mitad; así sucedió también en la segunda mitad. Con Messi tocado físicamente, el equipo de Valverde respiraba cada vez que le tiraba un balón largo al exjugador del Dortmund.

Era, en realidad, un balón para que respiraran todos. Un balón para que galopara Dembélé, desquiciando a Pedraza, a quien dejó atrás en muchas ocasiones. Suya fue la asistencia en el gol de Piqué. Una acción a balón parado donde se resume lo que es él. Tiró mal, muy mal el saque de esquina. Lo hizo con la pierna derecha. Tan mal fue que el balón llegó al pico del área pequeña, rechazado tímidamente por un defensa del Villarreal. Ese balón cayó, de nuevo, en los pies del francés. Se cambió la pelota de pie y con la pierna izquierda sirvió el centro que cabeceó el central azulgrana. Tipo indescifrable, atrevido, venenoso y, sobre todo, rápido, muy rápido. Tanto que el Villarreal no lo detectó en ningún momento provocando la reconciliación con el Camp Nou. 

2.- Piqué gobierna con firmeza en las dos áreas

Sin el nueve de toda la vida (Suárez anda recuperándose de sus molestias en la rodilla) y con Messi lejos del área, el auténtico jerarque fue Piqué. Más allá del gol que rompía al Villarreal. Iba mucho más allá porque su dominio no solo fue en la casa de Asenjo sino, sobre todo, en el hogar de Ter Stegen donde mantuvo un enconado duelo con Gerard Moreno. Un duelo de cuentas pendientes porque hay cosas que no olvidan culés como Piqué ni pericos, aunque vistan ahora de amarillo ahora, como Moreno. En la primera parte hizo daño arriba el azulgrana; en la segunda, sin embargo, no dejó que el Villarreal dañara a un inestable equipo de Valverde.

No solo marcó el 1-0 sino que sostuvo atrás al Barça

Piqué gobernó con autoridad el partido sin necesidad, además, de cometer ni una sola falta. 90 minutos, un tiro a puerta, un gol, pero lo trascendente sucedió después cuando el Barça empezaba a sufrir. Apenas erró el central en el pase. Solo un pase falló. Hizo 56 pases buenos de 57 (un 98% de acierto), lo que prueba su extraordinaria concentración, al tiempo que brillaba por su capacidad para recuperar balones. Hasta 12 recuperó y todos en su área.

3.- Poca creación en un asimétrico Barça

Al Barça le costaba atacar ese muro defensivo ideado por Calleja. Era un muro tradicional con una línea de cuatro jugadores protegiendo a Asenjo, su portero, escoltados todos ellos por otra línea de cinco futbolistas. Arriba, más solo que nunca, andaba Gerard Moreno. Con esa estructura del 4-5-1, el Villarreal ahogaba al equipo de Valverde, anulando cualquier opción de pase entre líneas, además de enjaular a Messi, quien recibió tres patadas en menos de media hora. Eso le dificultó aún más a los azulgranas porque no encontraban a Leo, entre otras razones porque el balón viajaba con demasiada lentitud.

Una acción a balón debloqueó el partido en la primera mitad; en la segunda fue una genialidad de Messi

Tan lento iba que facilitaba los mecanismos defensivos del Villarreal. Solo Dembélé percutía por la banda derecha con intención porque en la izquierda tardó en penetrar Jordi Alba. Coutinho no dejaba rastros de desequilibrio, un rasgo fundamental para el fútbol del Barça que se hacía excesivamente previsible. Ni rastro tampoco de influencia alguna en el juego colectivo. Se sentía entonces cómodo el conjunto amarillo porque no detectaba amenazas, por mucho que Sergio Asenjo estuviera siempre atento.

No presionó el Villarreal apenas en la salida del fútbol del Barça. Se replegó en su propio territorio con más tranquilidad de la que podía imaginar porque Messi, castigado por tanto golpe, apenas pisó el área. No estaba cómodo Leo. Nada cómodo porque estaba muy pendiente de ese dolorido tobillo. Pero en una acción a balón parado (el gol de Piqué en la primera mitad) y una genialidad del 10 (la asistencia a Aleñá en la segunda) quebraron esa resistencia del Villarreal.