Las cosas del “pobre Miquel”: El alcalde “danés” de Blanes ya tiene su particular Magreb sin tener que salir de Cataluña

No es Dinamarca, es el antiguo pabellón municipal de Blanes.

No es Dinamarca, es el antiguo pabellón municipal de Blanes.

AR.- No ha estado nada pero que nada afortunado el alcalde socialista de Blanes (Gerona), Miquel Lupiánez Zapata, uno de tantos catalanes que pretende borrar el pecado original de su origen charnego mostrándose más fanático y más secuaz que el resto. Lo que hace al pella todavía más ridículo es su partida de nacimiento, fechada en Narila, una pedanía perteneciente al municipio de Cádiar, en la provincia de Granada. Olvidada queda la lucidez en estos conversos al catalanismo. Si Lupiáñez Zapata la tuviera no se le habría ocurrido comparar España con el Magreb de forma peyorativa. Por que hay que ser muy chiflado para sostener que la diferencia entre Cataluña y el resto de España es la misma que la que según él existe entre Dinamarca y el Magreb. Precisamente el Magreb, que es a lo que más se parece Cataluña desde que los separatistas propiciaron la inmigración magrebí de forma masiva. Pasear hoy por cualquier ciudad importante de Cataluña es lo más parecido a pasear por Tánger o por Casablanca.  El panorama es aterrador y ya es solo cuestión de tiempo que los musulmanes de Cataluña sean mayoría en una población en la que merma alarmantemente el número de nacimientos autóctonos. Y es que de tanto odiar a España, los acaponados separatistas catalanes se han olvidado hasta de tener hijos.

No son daneses, son habitantes de Blanes.

No son daneses, son habitantes de Blanes.

Nos preguntamos en qué mundo de Yupi vive este botarate de Blanes para tener que estar recordando estas cosas. De conservar el alcalde granadino de Blanes un atisbo de dignidad y de vergüenza, lo que tendría que haber dicho es que entre Cataluña y el resto de España dista la misma distancia étnica y cultural que entre el Magreb y Hungría, sin que al caso perciba en el rostro de Lupiáñez Zapata los rasgos raciales de un magiar. En el mejor de los casos, los de un encantador de serpientes de la plaza Yamaa al Fna de Marrakech.

En Cataluña hay 510.000 personas que proceden de países musulmanes del Magreb. Del 2011 al 2015 el número de musulmanes en Cataluña creció un 19,5%. Son 83.000 personas más que las que habían hace 5 años. Este crecimiento supera al registrado en todas las demás regiones españolas juntas.

No son danesas, son nuevas catalanas.

No son danesas, son nuevas catalanas.

Hace poco, el Ayuntamiento que preside Lupiáñez Zapata cedió el antiguo polideportivo municipal para que al menos unas 800 personas, en su mayoría de Senegal y Gambia, escucharan a Mahamadou Diafro, un líder religioso de Senegal, que reside en París y que se trasladó hasta la ciudad costera para impartir una charla sobre las ventajas del islam. Si aplicáramos el símil danés empleado por el insensato, deberíamos decir que fue sin duda una imagen muy hamletiana, pero con un matiz: “Algo huele a podrido en Blanes”.

El “pobre Miquel” ha querido olvidar, y estamos aquí nosotros para recordárselo, que el Magreb está precisamente allí, en Cataluña, entre sus habitantes, en los paritorios de los hospitales, en los colegios públicos, en los cientos de locales convertidos en mezquitas, en los mataderos halal, en los servicios sociales, en los albergues de acogida, en el más del centenar de asociaciones musulmanas subvencionadas por la Generalitat y los ayuntamientos… Tan “magrebizada” está la vida catalana que las asistentas sociales de los ayuntamientos se niegan a ayudar a los necesitados locales porque tienen órdenes de que los fondos vayan a parar a los musulmanes. Un caso verídico: “En sus mismas condiciones las ayudas públicas se las llevan los moros”. Respondió la afectada: “Entonces, ¿he de venir con un pañuelo en la cabeza para que me ayudéis?”. “Eso es un cometario racista”, afirmó ofendida la asistenta de un conocido ayuntamiento catalán.

Miquel Lupiáñez Zapata.

Miquel Lupiáñez Zapata.

En opinión de Lupiáñez Zapata, la sociedad catalana “se mueve más por espíritu de construcción, de avanzar, de esfuerzo, de responsabilidad”. Lupiáñez Zapata añadió: “No es que el resto del mundo no exista. Pero aquí los parámetros son básicamente estos”, al tiempo que anunció que votará no en el referéndum independentista anunciado para el 1 de octubre, en contra de las directrices de su partido, que rechaza participar en la consulta.

El espíritu de construcción al que alude Lupiáñez Zapata, el espíritu de avance, de esfuerzo y responsabilidad puede existir en todas partes con las personas adecuadas. Pero si Cataluña es ejemplo de algo es por haber destruido la moral social y por haber tenido a la casta política más corrupta de España, a la vista y con el consentimiento de casi todos.

Qué oportunidad ha perdido el “pobre Miquel” de permanecer callado y evitarnos así la tarea de tener que relatar la trágica realidad catalana, tan lejos de Dinamarca y tan cerca, tan siniestramente cerca, del Magreb.

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