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Las elecciones legislativas no se disputan en clave ideológica sino en torno a la lucha del Bien contra el Mal

AD.- Los Estados Unidos ha sobrevivido más de dos siglos a adversidades múltiples -los casacas rojas británicos, las guerras con las tribus indias, las luchas encarnizadas por convertir el salvaje oeste en un lugar fértil para miles de colonos, la guerra fratricida entre los unionistas y los caballeros confederados del general Lee, la tensión nuclear con la Unión Soviética durante la segunda mitad del pasado siglo, las tensiones raciales- gracias a la Providencia. La tarea fue asumida hasta ahora directamente por el Creador. A partir de 2017, Donald J. Trump pudo relevar a Dios en esta ímproba misión. Los resultados saltan a la vista: un espectacular crecimiento económico, un reforzamiento del liderazgo mundial de Estados Unidos, una lucha sin desmayo contra la inmigración y sus cómplices globalistas y un renacimiento del orgullo étnico por parte de la población autóctona de origen europeo.

Las elecciones legislativas no se disputan sólo en clave local. Lo que está en juego en las urnas de la nación más poderosa de Occidente es saber si la ideología globalista que representa George Soros logrará doblegar la voluntad de millones de norteamericanos de raza blanca al dibujar la transformación moral del país con trazos tan torcidos como aquí en Europa.

Las pretensiones están tan definidas que no necesitan ser interpretadas por analistas ni politólogos. Al menos hay que reconocerle al Partido Demócrata la claridad con la que defiende su proyecto mundialista y que no oculte que lo que ella promueve no es sólo el cambio demográfico en su país, sino también la implantación de proyectos eugenésicos, cuyo objetivo es rediseñar moralmente la sociedad norteamericana, destruyendo sus raíces humanísticas, acabando con el concepto de unidad familiar, alterando los hábitos normales por conductas contrarias al orden natural y adoptando las nuevas síntesis culturales, desde el sincretismo al relativismo, que han traído como consecuencia la pérdida del sentido del bien y del mal. Las élites financieras y los medios informativos están jugando un importante papel en la promoción de dichos objetivos.

No hay que confundir Estados Unidos con los clanes sionistas ni con los planes expansivos de su descomunal industria militar. Estados Unidos, como entidad histórica, cultural y religiosa, se edificó con la Biblia como su principal referencia. Estados Unidos son miles de iglesias que vertebran a comunidades, pueblos y condados; un revulsivo de su conciencia histórica. Esa es la idea que queda aún de la Cristiandad en Estados Unidos: muchos pueblos unidos bajo la bandera de Jesucristo. Los demócratas pretenden poner fin a esas referencias espirituales que aún tienen decenas de millones de estadounidenses. . Lo que ella promueve es una sociedad sin alma y a expensas del peso demográfico de los inmigrantes. Defiende un país con fronteras abiertas y que dé acogida a millones de musulmanes de todo el mundo, con el fin de destruir cualquier vestigio de fe cristiana. El Partido Demócrata es una fuerza para el mal que difunde todo tipo de aberraciones, como el aborto, la eutanasia, las ideologías de género, el proyecto eugenésico de las élites, la conversión en minoritaria de la raza blanca, el fin de la tradición cristiana en Occidente. Pretende ser una pieza importante en el Nuevo Orden Mundial que se está construyendo.

Como es natural, la clase dirigente postcomunista y sesentiochista, que ha tomado las riendas de la política europea se ha unido a la cruzada contra Trump. También los intelectuales que han elaborado teorías deformes en el campo de la física, la biología, la sociología y la política; sin olvidarnos de los lobbies, la masonería y los potentados financieros que actúan unas veces en las tinieblas y otras a la luz del día. Conocido es el papel desempeñado por el financista George Soros y su fundación internacional Open Society.

Donald Trump se enfrenta a un desafío sin precedentes. Miles de inmigrantes centroamericanos avanzan hacia Estados Unidos intentando entrar ilegalmente en el país. Cuentan con la financiación de Soros y con el apoyo de la izquierda en todo el mundo. La política de acogida, presentada como la religión de los puentes, opuesta a la religión de los muros, se ha convertido en el hilo conductor del discurso anti-Trump. Su derrota en las legislativas supondría dar a los artífices de la invasión migratoria el apoyo instrumental que necesitaban.

Donald Trump moldea el espíritu comunitario del pueblo norteamericano y pone en alza conceptos hoy tan degradados como el valor de lo sobrenatural, el culto al trabajo, la fortaleza humana, el esfuerzo a veces sobrehumano, el instinto promotor, la unidad familiar en la escala más alta de la organización social, la tradición identitaria como elemento clave para la convivencia, el maridaje de cada persona con su entorno natural.

Los demócratas, en cambio, representa el mismo fenómeno del cual la Historia nos ofrece muchos ejemplos: cuando las sociedades declinan, se incrementan las peores taras del individuo. El vacío dejado, el sitio desertado por unos hombres reblandecidos y amorfos al punto de no tener ya de hombres ni las ideas, ni las actitudes, ni el carácter y apenas la apariencia (y no siempre) permite a los malos reinar por fin. Cuando las sociedades se transforman en rebaños destinados al matadero y suena entonces la hora del desorden y de la confusión.

El ideal de vida que defienden los enemigos de Trump es un producto de la decadencia, y al mismo tiempo un acelerador de la misma. Esta surge siempre en un contexto de crisis terminal, en una fase de inversión completa de los roles y de los valores, en el capítulo de la universal corrupción moral y del profundo trastocamiento de las creencias; es decir, en el desbarajuste general propio de las sociedades que se vienen abajo, incapaces en esa etapa de su decaimiento de distinguir el día de la noche. En un ambiente tal se instala una extrema tolerancia hacia todo lo que mina, todo cuanto socava los fundamentos del edificio tambaleante de la civilización. El Mal se vuelve el Bien, la Fealdad reemplaza la Belleza, lo Falso destrona lo Verdadero, lo Grotesco destierra lo Sublime. Es el espíritu hembra, verdadero rey de nuestra epoca, que inunda con su pegajosa influencia un mundo que termina, como una gallina decapitada, en una carrera absurda y enloquecida hacia ninguna parte.

La verdadera Fe, no siempre correspondida por los altos dignatarios del Catolicismo, no cesa sin embargo de actuar, y nutre actualmente el sensus fidei de quienes en Estados Unidos se oponen a los proyectos destinados a demoler la sociedad. La Divina Providencia no abandonará a Donald Trump ni a Occidente en este momento decisivo.