Las malas decisiones deben tener graves consecuencias: Empobrecer Cataluña, hoy más que nunca, tiene que ser tarea de todos

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AD.- Sin el apoyo de los empresarios catalanes, los golpistas no habrían llegado tan lejos. Ellos son también culpables del intento de quebrar nuestra patria y que ha sido revivido hoy tras la victoria del bloque separatista gracias en buena medida a unas leyes electorales arbitrarias e injustas. Hoy nos piden ayuda, pero durante años han estado financiando a los partidos separatistas, inyectando dinero a medios informativos separatistas y formando parte de su accionariado, como son los casos de Ara y El Nacional. Que no nos tomen por imbéciles. Si han trasladado sus sedes sociales a otros puntos de España ha sido solo para blindar sus cuentas de resultados, no por compromiso con la unidad de España. Esta gente ya ha demostrado tener tantas caras como sean necesarias. Han colaborado en encender la mecha que ha provocado el incendio y ahora se refugian fuera de Cataluña para desentenderse de sus consecuencias.

El procés habría encallado hace tiempo si el sector empresarial catalán hubiera dicho ‘basta’. Pero no lo hicieron, porque el cabildeo con los separatistas ha sido parte fundamental de la acción empresarial en Cataluña. La que hoy nos pide ayuda es la misma gentuza que pagó durante años el 3 por ciento a la mafia separatista o que no se rebeló nunca contra la inmersión lingüística ni contra el odio a España en los colegios. La que compartió mesa, cava y mantel con los que hoy quieren romper el Reino de España, una traición que no olvidaremos nunca. Que no nos trasladen a nosotros una responsabilidad que es solo de ellos y de aquellos a los que durante décadas han estado patrocinando.

Boicot total a esta gentuza, desde pequeños supermercados a grandes superficies que vendan productos fabricados, envasados o manufacturados en Cataluña. Boicot total a las cadenas hoteleras catalanas que operan en toda España. Boicot total a cualquier empresa, grande o pequeña, con sede en Cataluña. Es imperio que esta traición no les salga gratis. Es imprescindible que esta lección no la olviden nunca. Los traidores no habrían llegado tan lejos sin el silencio y la complicidad durante años de los que hoy fingen estar del lado de la nación española. Debe usted saber que el 40% de las ventas catalanas tiene como destino otras comunidades autónomas españolas. Cataluña es una economía muy dependiente del sector exterior. De hecho, la exportación es uno de los principales pilares de su actividad.

Durante los últimos años, los políticos nacionalistas catalanes se han afanado en defender que Cataluña podía ser un país independiente porque sus exportaciones no dependen tanto del resto de España como lo hacían unos años atrás. Sin embargo, las cifras son todavía tozudas y demuestran que la región está mucha más vinculada a pequeñas regiones españolas que a grandes áreas del exterior. Por ejemplo, Cataluña vende más productos a Aragón (1,3 millones de habitantes) que a Francia (66,9 millones) o Alemania (82,7 millones) y que exporta tanto a Estados Unidos como a Cantabria, pese a que el PIB de la primera potencia mundial es 1.300 veces mayor que el de la región septentrional, de acuerdo con los últimos datos del Ministerio de Economía y Ceprede.

Se ha puesto de moda un discurso que dice que los boicots son un error, un sinsentido que perjudica al conjunto de la economía española. Este discurso, lógicamente, lo iniciaron las asociaciones catalanas de empresarios, pero rápidamente se lo compraron políticos no independentistas de todas las regiones, así como prestigiosos economistas que, casualmente, defienden el derecho a independizarse de los secesionistas. El argumento básico es que en una economía globalizada como la nuestra, las empresas boicoteadas tienen empleados, proveedores y empresas que les prestan servicios que quizá no sean independentistas y que se verán perjudicados injustamente. Así, por ejemplo, dicen que si boicoteamos a una famosísima marca de bisutería, cuyas dueñas son ostentosamente independentistas, estaremos perjudicando a sus franquiciados de todas las regiones, a sus proveedores chinos y a la empresa madrileña que hace sus transportes.

Claro, igual que si dejamos de comprarle al carnicero que nos insulta, saldrá perjudicado injustamente su empleado. Pero esa responsabilidad deberá asumirla el carnicero. Por supuesto que las malas decisiones tienen consecuencias. Lo que no es cierto es que la economía española se vea perjudicada, porque cuando dejamos de comprarle a mi carnicero no dejamos de comprar carne, sino que se la compramos a otro que nos atienda mejor. Cuando boicoteamos a una empresa independentista no dejamos de consumir, sino que sustituimos un producto por otro que lo fabrican empresas que también tienen empleados, proveedores y empresas de transporte, y todos ellos se verán beneficiados. Boicoteando al que nos insulta con nuestro dinero favorecemos al que te trata bien y mejoramos el mercado.

Hoy más que nunca, defendemos la necesidad de un boicot económico permanente contra los intereses económicos de Cataluña como la más eficiente arma combativa contra los separatistas catalanes y sus cómplices sociales y empresariales. El futuro de España está condicionado indefectiblemente a la forma como acometamos la gran tarea de convertir Cataluña en un erial económico, de tal suerte que logre modificar, mediante hechos, la realidad cotidiana de miles de separatistas catalanes y, con ella, la percepción que cada día tengan de que el precio de su desafío a los españoles les ha salido demasiado caro.

Nadie del Gobierno del PP parece darse cuenta de que sus titubeos en Cataluña, su laxitud con los traidores, su manga ancha con TV3, su incomprensible actitud en asuntos tan sensibles como la devolución a Sijena de los bienes robados, son la causa fundamental de su hecatombe electoral en Cataluña. Los sucesos de las últimas semanas ponen en contradicción el diagnóstico triunfal del Gobierno cuando lo que percibimos es una sociedad tan enferma como lo estaba antes del 155. Oponerse a las medidas quirúrgicas que reclamaban millones de españoles y conformarse con las soluciones curanderas, tal vez sea la razón de que los representantes separatistas hayan seguido defendiendo el camino hacia la república de forma tan desvergonzada como tenemos ocasión de comprobar a diario. Lo que está en juego no es sólo el futuro de España sino la supervivencia del Partido Popular. El PP es responsable de muchos de los males que se han enquistado en España por renunciar a la aplicación de un programa ideológico coherente con los principios que defienden millones de españoles y por dejar ahora a esos millones de compatriotas a los pies de los caballos.

Por otra parte, nada nos sorprende porque nunca hemos esperado nada grande del PSOE y de la izquierda en su conjunto. En su ADN está y ha estado siempre el odio a España y la sumisión a los nacionalistas. No estaríamos escribiendo hoy sobre esta terrible patología social que es el separatismo, si una parte del Estado, de la sociedad civil y de la derecha social se hubiesen comprometido a mantener una lucha sin fisuras, eficiente y sistemática contra ella. Pero España es una nación en trance de agotamiento, y tal vez por ello sea que el candidato socialista a la Generalidad proponga como salida arruinar al resto de España para indemnizar a Cataluña. O indultar a los cabecillas del golpe si son condenados. La fábula del pulpo que termina siendo hervido ha comenzado.

Y por último, reiterar la ventaja que tiene el separatismo catalán al contar con comunicadores al servicio de su causa en todos los medios informativos nacionales. Que TV3 se haya convertido en un dietario de Puigdemont, se entiende por la falta de agallas del Gobierno. Pero que la separatista Susana Griso, en Antena 3; el tibio funcionario Emilio de Andrés, en Canal 24 Horas de RTVE; el pancatalanista valenciano Javier Ruiz, en Cuatro y la banda del comunista Roures, en LaSexta, hagan lo mismo, ya sería cosa de hacérnoslo mirar. No hay evento de Puigdemont, desde ir a la ópera o al lavabo, donde estas cadenas no estén presentes. Sus tertulias cuentan con tantos separatistas como en las de TV3. El buenrrollismo en las entrevistas con los líderes secesionistas es conmovedora. Todo el entramado de suministro de noticias y pensamiento correcto ha estado durante el régimen del 78 en manos de comunicadores catalanes, que han actuado como una especie de comando pancatalanista; por un lado de expansión y exaltación del derecho del nacionalismo catalán y por otro, de contención y denigración de todo lo español.  Aparentan moderación y equilibrio, pero que en el fondo lo que hacen es evitar cualquier tipo de respuesta firme a las pretensiones de raza superior que destilan sus amos. Son los sacerdotes de la religión catalana.

Alerta Digital hace un llamamiento a los empresarios españoles para que pongan fin a cualquier relación con empresas catalanas. Ello por una cuestión de lealtad y dignidad nacional. Si el castigo no es ejemplar y la traición les sale gratis, mañana volverán a las andadas y volverán a traicionar una nación que no es de ellos ni nuestra, sino de todos los españoles que nos precedieron y de todos los que nos sucederán. Desde este escenario informativo, revulsivo de la conciencia nacional, proclamamos de forma rotunda, sin matices ni medias tintas: ¡No a los productos catalanes! ¡Sí a la dignidad nacional!