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Las mejores películas de Charles Chaplin

El chico (1921)

En 1921 Charles Chaplin era una de las personas más conocidas del mundo y una de las mejores pagadas, pero eso no le hacía olvidar una infancia propia de una novela de Dickens. Para colmo poco antes de comenzar a rodar la que sería su primera película de larga duración, había perdido a su primer hijo, lo que hizo de ‘El chico’ una de las películas más autobiográficas de su carrera, uniendo cosas de su infancia con su deseo de convertirse en padre, fue además la película que mejor definiría su carrera, mezclando comedia y drama, o como mejor explicaba el cartel inicial, “una película con una sonrisa — y, quizás, una lágrima”.

La quimera del oro (1925)

Chaplin mete a su pequeño vagabundo en una cabaña abandonada en plena fiebre del oro y da al cine alguna de sus escenas más recordadas, como el guiso y posterior banquete de una de sus botas o el baile de los panecillos. La película combina magistralmente las dos caras de Chaplin, la cómica y la melodramática y da como resultado una de las mejores películas de la historia del cine mudo.

El circo (1928)

Menos poética que ‘La quimera del oro’, ‘El circo’ es una de las películas más divertidas de su carrera, centrándose más en su parte cómica. Pero no todo son risas, como se puede ver al final. Tras haberse convertido en una gran estrella, el circo se marcha de la ciudad dejándole atrás. Esa escena la rodó cuatro días después del estreno de ‘El cantante de jazz’, la primera película sonora de la historia. El cine se movía y Chaplin lo sabía.

Luces de la ciudad (1931)

Cuando se estrenó ‘Liuces de la ciudad’ el cine mudo estaba muerto y enterrado, Hollywood se había entregado al sonoro y muchas de las estrellas de la etapa mudo habían visto como su carrera se acababa al no saber adaptarse al nuevo medio. Pero eso no impidió que Chaplin entregara una de las mayores cimas de su carrera (y una de las mejores películas de todos los tiempos) aferrándose a su viejo estilo. Como bien sabía, su personaje era querido y entendido en todas las partes del mundo, sin necesidad de hacerle hablar (fueron los franceses los que le renombraron como Charlot), y ‘Luces de la ciudad’ probó que el talento de Chaplin era universal convirtiéndose en la que posiblemente sea su mejor película, además de la preferida del propio director y de otros compañeros de profesión tales como Orson Welles, Stanley Kubrick o Woody Allen.

Tiempos modernos (1936)

Chaplin hace su película más política hasta la fecha pero lo hace de manera magistra, una sátiza sobre la deshumanización en el moderno y mecanizado mundo de su época. El pequeño vagabundo se despide por la puerta grande de la historia del cine, dejando secuencia icónica tras secuencia icónica. El cine mudo, y su mayor icono, no pudieron tener un mejor testamento que este.

El gran dictador (1940)

La primera película hablada de su historia fue una bofetada en la cara para un admirador suyo que, incluso, le había copiado el bigotito. Chaplin vuelve a probar que la sátira es una de las mejores armas contra los delirios de grandeza y que el humor también puede luchar al nazismo. Años después diría que no hubiera hecho la película si hubiera conocido todas las atrocidades cometidas por los nazis, pero, por una vez, se equivocaba. Su maravilloso desafío ante el hombre que contemplaba el mundo como una cosa a conquistar es una absoluta delicia, como prueba el hecho de que cuando fue estrenada en Francia en 1945, tras cinco años de ocupación alemana, se convirtió en la película más popular de aquel año.

Monsieur Verdoux (1947)

El cambio más radical en la carrera de Chaplin se produjo con la continuación de ‘El gran dictador’, estrenada dos años después del fin de la II Guerra Mundial. El mundo había cambiado y Chaplin también lo había hecho. A pesar de que el barbero de ‘El gran dictador’ no era el pequeño vagabundo, las similitudes eran evidentes. Sin embargo en ‘Monsieur Verdoux’ no hay nada parecido, es más, el hombre que había interpretado al personaje más icónico de la historia del cine ahora daba vida a un asesino en serie, especializado en matar a las señoras con las que se casaba. Todo un ‘shock’ que fue masacrada por los críticos americanos de su tiempo, a pesar de ser una maravillosa comedia de humor negro. Poco después de su estreno

Candilejas (1952)

Candilejas es la más melancólica de sus películas o, si lo prefieren, en la que la balanza se decanta más hacia la lágrima que hacia la sonrisa. Es también totalmente autobiográfica, como lo había sido ‘El chico’, hablando de un artista de vodevil, Calvero, que había sido tremendamente popular pero cuyo arte había quedado pasado de moda. Es inevitable pensar en el propio Chaplin cuando se ve la película, una película que fue boicoteada en EEUU, su país adoptivo, al que le prohibieron volver poco después de su estreno. No lo haría hasta 20 años después cuando la Academia de Cine decidió concederle un Oscar honorífico. En aquella gala recibió una ovación de más de 12 minutos, la más larga de la historia. Podría haber sido de una hora y todavía no habráimos pagado la deuda con el tremendo arte de este genio.