Las partículas del tráfico camino del cole dañan la memoria de los niños

Las partículas finas que quedan en suspensión en el aire y el carbono negro, dos de los contaminantes propios del tráfico, dañan la memoria de trabajo de los niños. Un estudio de ISGlobal ha podido medir esa afectación en escolares que iban a pie o en bici a la escuela y que durante un promedio de nueve minutos estaban especialmente expuestos al tráfico cada mañana. Y también al salir, los dos momentos de más alta contaminación por tráfico.

Según estas mediciones, las partículas finas y las de carbono negro, aún más pequeñas y asociadas sobre todo a motores diésel, suponen un descenso del 4,6% en el crecimiento esperable de la memoria de trabajo a lo largo de un año, en niños y niñas de 7 a 10 años. El carbono negro sería responsable de un descenso del 3,9%. El perjuicio resulta mucho mayor en los niños que en las niñas, “y no sabemos por qué”, reconoce la primera autora de la investigación, Mar Álvarez.

El estudio se realizó sobre 1.200 escolares de 39 escuelas de Barcelona y Sant Cugat. Además, 60 de los alumnos llevaron durante 48 horas un medidor de contaminación, un acelerómetro para saber su actividad física y un GPS. Con las tres mediciones pudieron concretar en qué momentos, con qué actividad y cuánta contaminación les llegaba.

Ir en bici o caminando es la opción más beneficiosa, muy por encima del perjuicio por contaminación

Esta investigación de ISGlobal, centro de investigación en salud impulsado por La Caixa, forma parte de un proyecto más amplio, el proyecto Breathe (Brain Air School Investigation), que ya había demostrado con otros estudios parciales que la exposición a contaminantes del tráfico alrededor de la escuela estaba relacionado con una reducción del desarrollo cognitivo. Comprobaron en estudios previos que el 20% de las dosis de carbono negro que reciben los menores cada día se concentraban en los nueve minutos que caminan en medio del tráfico hacia la escuela. “Estas exposiciones cortas a concentraciones extremadamente elevadas de contaminantes pueden producir impactos en la salud desproporcionadamente altos”, explica Álvarez. Y los efectos son mucho más notables en los niños porque tienen menos capacidad pulmonar y respiran más deprisa.

Jordi Sunyer, jefe del programa de salud de ISGlobal, también autor de la investigación, aclara que la conclusión no puede ser que los niños no vayan andando o en bici, porque eso precisamente significa incorporar la actividad física a la rutina diaria y además proporciona muchos más beneficios que el perjuicio que causa la contaminación. “Y los que van en coche o en transporte público no podemos decir que no estén recibiendo también dosis altas de contaminación. La solución debería ser la misma para todos: reducir el uso del vehículo privado para ir a la escuela y crear caminos escolares menos contaminados y más seguros”.

El estudio en conjunto ha analizado la contaminación y su efecto sobre casi 3.000 escolares de 36 colegios de Barcelona y tres de Sant Cugat, la mitad de ellos situados en las zonas de mayor contaminación y la otra mitad en las áreas con menos. En 2015 se publicaron los primeros resultados en los que se podía comprobar diferencias en los test de memoria de trabajo: a más contaminación en el aire que respiran los escolares, el avance en la capacidad de su memoria de trabajo era significativamente menor que entre los que respiraban aire más limpio en las aulas y el patio. Y en 2016 mostraron que a más contaminación, eran visibles en las resonancias magnéticas funcionales un retraso en el desarrollo neuronal. Ahora están terminando análisis genéticos por si hubiera poblaciones más susceptibles.

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