Las pequeñas ‘hackers’ de lo imposible

14

La pequeña Rupinder es la primera en levantar la mano decidida cuando Pep, el educador, pregunta al grupo si les gustaría dedicarse “a esto” de mayores. “Quiero estudiar Ingeniera Informática e Ingeniera Electrónica, así que esta experiencia ha sido interesante para ir viendo cosas”, señala esta aplicada alumna de cuarto A del IES Joan Salvat Papasseit de la Barceloneta. “Esto” es la fabricación digital en el sentido más amplio –programación, impresión 3D…– materias que han trabajado en el proyecto Makers per la Inclusió -en el que Pep trabaja como educador- y que este miércoles enseñarán a los más pequeños del instituto, que les servirán de conejillos de indias. Una suerte de ensayo general antes del gran día, la semana próxima, cuando vayan a los dos coles del barrio a hacer de monitores de programación con Scratch a alumnos de quinto y sexto. “Volver al cole donde estudiaron a hacer de maestros es una motivación importante para ellos”, cuenta Anna Graell, profesora de tecnología del Papasseit y enlace en el centro del Makers, iniciativa en la que participan alumnos de tercero y de cuarto de ESO en el marco del Proyecto APDICUM (Aplicació dinàmica del currículum).

En el caso de Rupinder, el objetivo del Makers -uno de ellos- de despertar vocaciones tecnológicas en Ciutat Vella, sobre todo entre las chicas, está más que cumplido (con ella era fácil, ya venía motivada).

Antes de que lleguen los alumnos de primero de ESO del patio para la sesión de Scratch -lenguaje de programación visual que permite crear fácilmente animaciones y juegos- Pep, el educador de Colectic, cooperativa que impulsa el proyecto lanza otra pregunta a los pequeños monitores: 

-¿Cuál es la primera norma para ser un buen profesor?

– ¡La paciencia!-, responden Willy y Harvey, también alumnos avanzados.

Otro de los objetivos del Makers es (de)mostrar a los chavales que ellos no solo son capaces de aprender a programar, sino de enseñar a otros a hacerlo.

“Es muy fácil, está todo explicado en las tarjetas. Nosotros solo tenemos que estar allí por si tienen alguna duda, ayudarles”, añade Willy. Para “estar allí” hacen grupos. Dos monitores para cada dos alumnos. Rupinder hace pareja con Saray, también de cuarto y muy ilusionada con el taller de la semana que viene en el cole para ver -¡y hacer de maestra!- a su hermana pequeña.

“A partir de la programación se pueden trabajar muchas otras cosas como la construcción colectiva del conocimiento“, resume Núria Alonso, cooperativista de Colectic. “Barcelona es una ciudad puntera en innovación digital, pero eso no llega a todas las capas de la población”, explica. Así, Makers busca luchar contra esa brecha digital de segundo nivel, aquella que no solo se basa en el acceso a internet, sino en dominar conocimientos y técnicas avanzadas, reservadas a población con un nivel adquisitivo medio-alto. “Hacía tiempo que entidades del territorio nos pedían formación en fabricación digital, pero no teníamos recursos, por eso cuando salió Impulsem el que fas, linea de subvenciones de Barcelona Activa dirigida a activar la economía de los barrios, nos decidimos a presentar el proyecto. La económica era una barrera importante; son proyectos muy caros”, prosigue. 

El material que han adquirido para los cursos -todo con programario libre– pasará al banco de recursos de Ciutat Vella, con lo que los chavales los podrán seguir teniendo a su disposición.

Transformación social

Además de las sesiones en institutos y colegios del Raval -donde está arraigada Colectic, cooperativa que trabaja usando la tecnología como herramienta para la transformación social-, y del resto del distrito, tienen un espacio abierto una tarde a la semana en su local para que los chicos puedan continuar experimentando más allá del aula.

Impulsem el que fas nace para acompañar a proyectos innovadores surgidos del territorio”, apunta Álvaro Porro, comisionada de Economía Social. Se trata de la misma ayuda municipal que ha facilitado a la Fundación Bayt organizar el taller de peluquería para menores no acompañados también en Ciutat Vella. “La idea es también ayudar a colectivos vulnerables y contribuir a reducir las desigualdades a través de otro tipo de economía”, concluye el primer teniente de alcalde Gerardo Pisarello.