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Lastra-Echenique: 24 horas para armar una investidura

Pedro Sánchez está afrontando las últimas horas antes de la investidura encerrado en su despacho de La Moncloa preparando su discurso. La semana ha sido muy intensa, con fricciones y con sinsabores. El viernes cambió el panorama en apenas unas horas. Por la mañana, los morados mantenían el pulso. Por la tarde, Pablo Iglesias contactó con Sánchez para comunicarle que renunciaba a entrar en el Ejecutivo. Seguramente, no explicó Iglesias al presidente del Gobierno en funciones que sus conversaciones con Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, Alberto Garzón, líder de Izquierda Unida que prioriza el programa de gobierno a tener ministros, y Juan López de Uralde, líder de Equo, le habían hecho cambiar de opinión.

Sánchez e Iglesias intercambiaron varios mensajes telefónicos y dejaron los contactos entre ambas formaciones en manos de Adriana Lastra y Pablo Echenique. Ambos serán los encargados de hablar de «muchas cosas», «con discreción, con lealtad y con el objetivo de que este país la semana que viene tenga un Gobierno a pleno rendimiento», como dijo la vicesecretaria general del PSOE en la toma de posesión de Adriàn Barbón, el nuevo presidente del Principado de Asturias, que no contó con los votos de Podemos. Sánchez esperará noticias de Lastra. Entonces tomará la decisión de hablar con Pablo Casado y Albert Rivera.

A la hora de cerrar esta edición, el contenido de los contactos no ha trascendido, aunque en el PSOE se lanza un mensaje en positivo «estamos convencidos de que vamos a alcanzar un acuerdo que dé respuesta a los millones de personas que el 28 de abril votaron por un Gobierno de progreso», apuntó Lastra. «Se abre la oportunidad», para llegar a un acuerdo añadió la número dos del PSOE poniendo el foco en la estrategia socialista de las próximas horas «vamos a hablar del programa, de las reformas que necesita el país. Vamos a dar respuesta a los anhelos e ilusiones de los millones de personas que salieron a votar el 28-A».

Según fuentes socialistas, este será un elemento fundamental en las próximas horas «hablar del programa de gobierno», que el presidente expondrá en sus intervenciones en el pleno de Investidura. Naturalmente, también se hablará «por supuesto, de la participación de Unidas Podemos en el Gobierno», como dijo Lastra. Estas fuentes afirman que todavía no tienen propuestas concretas ni en programa ni de nombres de personas como posibles incorporaciones al Ejecutivo.

«Si tú haces lo que crees que debes hacer en cada momento, podrás no obtener el mejor resultado, pero habrás cumplido contigo mismo y con tus conciudadanos». Esta enseñanza que Pedro Sánchez atribuye a sus padres opera también en este momento. «Hacer lo correcto». Mientras espera novedades el presidente se afana en preparar su primera intervención de mañana lunes a las doce en el Congreso.

Según fuentes conocedoras del contenido del discurso, EL quiere imprimir un «tono» diferente a los discursos de investidura de sus predecesores, Aznar, Zapatero o Rajoy. Quiere plasmar una cierta «épica» hablando de los «desafíos que tiene España como país». Estos desafíos los planteará el candidato «yendo más allá de las políticas, fijando un discurso de izquierdas y, sobre todo, marcando el giro progresista que necesita España para afrontar estos desafíos».

Según ha podido saber LA RAZÓN, los desafíos que planteará Sánchez en su intervención son empleo, pensiones, feminismo, Europa, desigualdades, emergencia climática –así lo va a expresar el candidato y no como cambio climático– y revolución tecnológica, tanto en lo que afecta a la economía como a las personas «siempre las grandes olvidadas ante los continuos cambios tecnológicos». «Será un discurso propositivo, pero, sobre todo, político», afirman las citadas fuentes, «buscando las complicidades para sacar un gobierno adelante». Una alocución que el presidente ensayó en su intervención en las Jornadas del Círculo de Economía en Sitges. En su comparecencia «irá más allá» en sus propuestas, afirman en su entorno.

Sánchez quiere marcar este «nuevo tono» porque quiere reproducir «el discurso político que ha llevado adelante en Europa como líder de la socialdemocracia para marcarlo en España». No faltarán «propuestas concretas y pactos de Estado», porque «el objetivo es llamar la atención, fijar el terreno de juego, antes de los cara a cara». Para las réplicas el presidente deja otros temas que sus asesores dan por seguro que se pondrán sobre la mesa, sobre todo, Cataluña.

Mientras que se producen los encuentros entre los equipos, Sánchez afronta la investidura solo con el apoyo del PRC, y con las predisposición de PNV y Compromís. Un total de 131 síes frente a los 147 noes de la derecha, que pueden llegar a los 151, con Navarra Suma y Coalición Canaria, e incluso a 155, curioso número para los independentistas de Junts per Catalunya, que debate su posición en un agrío debate interno, sin tener el voto decidido. Bildu ha anunciado su abstención y ERC, por el impulso de Gabriel Rufián, ha dejado una puerta abierta a la abstención si fructifica el acuerdo de los socialistas con Podemos.

A la espera de conocer la propuesta de Podemos, la formación morada ha expresado de forma pública en las últimas horas su aspiración a tener una representación «proporcional» en el nuevo Ejecutivo. Atendiendo a los resultados electorales, esta representación sería de un tercio del total de ministros, lo que augura más tensiones en las próximas horas más allá del programa, del que se tiene un borrador de salida que no es otro que el firmado por ambos en la pasada legislatura. Iglesias recibió ayer un jarro de agua fría de sus socios de IU. Alberto Garzón prioriza más un «pacto programático» que la entrada en el Ejecutivo.