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Lo que el golfo de Iglesias decía en 2017: «Disparar la factura de la luz demuestra la codicia de las eléctricas. Si el Gobierno lo consiente, será cómplice»

Gabriela Moreno.- El frío perdió la gracia. En España, el gozo por la nevada que causó la tormenta Filomena se acabó con el aumento de la electricidad y el fracaso en el cumplimiento de la promesa de una “luz barata y justa” vociferada por el vicepresidente Pablo Iglesias. El precio medio de la electricidad en el mercado mayorista asciende a 95 euros el megavatio hora (MWh), cuando el domingo anterior apenas llegaba a los 47 euros. Ante este nuevo escenario, el líder de Podemos propone penalizar el «derroche» del servicio.

El subidón de la factura de la luz ha dejado en papel mojado las promesas de Pablo Iglesias.

Recordemos que en 2019 aquellas promesas sirvieron de bandera de campaña al líder del partido morado, que prometía “apretar las tuercas a los sinvergüenzas”, en alusión directa a los prestadores. De ello hay pruebas: el video en el que invitaba a apoyar a su partido mediante esta propuesta circula en las redes sociales y los portales informativos españoles.

Iglesias ahora se contraría. Su proceder emula al del régimen de Nicolás Maduro en el que las promesas y los hechos no coinciden. El año pasado es un ejemplo. A pesar de profesar un interés por una mejor calidad de vida del pueblo, Maduro ordenó un aumento de 2900 % en la unidad con la que se calculan multas e impuestos y aprobó el incremento entre 80 % y 749 % las tarifas de servicios de internet, telefonía fija y móvil señala América Economía.

Sin memoria y con excusas

Atrás y sin vigencia queda entonces su anhelado plan de nacionalizar a la industria. Pablo Iglesias se escuda en su “poco peso” en Moncloa para quitarse las críticas de encima. Un giro notorio en su manejo del asunto si se lo compara con lo que mostraba durante la gestión de Mariano Rajoy.

Ahora, a diferencia de lo ocurrido, por ejemplo, en 2017, con una ola de frío similar, “Pablo Iglesias no pone el grito en el cielo. Por el contrario, se quita de en medio ya que, como aseguran fuentes de Podemos, no tiene el peso suficiente en el Gobierno ni competencias sobre la materia” indica el medio.

En enero de aquel año, cuando gobernaba Rajoy, el líder de Podemos dijo que «disparar la factura de la luz demuestra la codicia de las eléctricas. Si el Gobierno lo consiente, será cómplice».

Uno de quienes lo respaldaban era su hoy ministro de Consumo y líder de Izquierda Unida, Alberto Garzón, que sostenía que «la oligarquía mete la mano en el bolsillo y el Gobierno no actúa. ¡Hay que nacionalizar!».

Pero ahora ese espíritu enérgico parece haberse apagado en el plan comunista del vicepresidente. En el gobierno de Pedro Sánchez, Podemos habla ahora de una situación «coyuntural» que tiene un impacto «limitado» en el recibo de la luz.

Estas justificaciones pretenden disimular el fracaso de Iglesias, quien también culpa al PSOE de rechazar la constitución de una empresa pública para lograr una transición ecológica, luchar contra el cambio climático y bajar la factura de la luz con un nuevo marco institucional, junto con la Vicepresidencia de Transición Ecológica y Nuevo Modelo Industrial y el Banco de Inversión para la Transición Tecnológica y Económica (BITTE).

Una promesa electoral olvidada e incumplida

Las propuestas del partido de Iglesias contrastan con las manifestaciones presentes en el sentido de que ellos decidirían los límites del consumo castigando a quienes los excedan.

Su programa electoral recogía la promesa de facturas más económicas argumentando que “la estructura que tiene hoy la factura de la luz es una trampa para que pagues más», a lo cual agregaban que «el término de potencia, una cantidad fija que se paga aunque no se consuma nada, se reducirá a la mitad para que, como regla general, no sea superior al 25 % del total de la factura para consumos domésticos normales»

La meta, que ahora luce como engaño, era cambiar las condiciones de la subasta, de manera que la energía renovable (más barata) tuviera una retribución estable y fuera la que marcara el precio.

Pero nada de ello ha sucedido. Aquella pretensión de «poner orden en el oligopolio energético» para eliminar sus “privilegios” y devolverles poder a las pymes y a quienes pagan la luz quedó solo como un mero escrito.