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Lo que faltan son checas con perspectiva de género

Cuando en 2004, con el apoyo de todos los partidos (Vox no tenía presencia parlamentaria), se aprobó la ley de Violencia de Género, hubo algunos, pocos, que dijimos que eso suponía el fin del Estado de Derecho. En el PP voces como la de Cayetana Álvarez de Toledo se mostraron en contra, y, en la fuerza ascendente, Ciudadanos, Marta Rivera de la Cruz escribió en el mismo sentido: sin la presunción de inocencia y la carga de la prueba, desaparece la prevalencia de la ley sobre la ideología política.

Cuando Ciudadanos traicionó la idea de ciudadanía

De hecho, la ley impulsaba la creación de tribunales populares al estilo soviético, maquillados por la presencia de jueces de carrera, para imponer penas sin garantías judiciales que chocan con cualquier régimen constitucional. Albert Rivera, demostrando su falta de principios, vio una encuesta tras la batahola izquierdista en los medios, y decidió que su partido, aunque llamado Ciudadanos, debía condenar la idea de ciudadanía, que se basa en la igualdad de todos ante la Ley, sin diferencias por razón de sexo, raza o religión. Mandó callar a Marta y se unió a la manada progre, no le fueran a llamar facha. Era muy moderno Albert. Y como la Izquierda es la que define lo moderno y lo antiguo, Cs se unió al rebaño izquierdista.

Que nadie, pues, acuse de incoherencia a Inés Arrimadas por votar a favor de la ley del solo sí es sí, hija de la de Violencia de Género: ha seguido la línea de su predecesor: hacer lo guay y no dar pie a que los llamen carcas. Lo que sí les podemos llamar es socios de Irene Montero y abogados de los violadores que, gracias a su ley, están saliendo en manada de las cárceles. Por cierto, que no he oído a la presidenta del partido naranja una palabra de arrepentimiento o de simple reflexión. Supongo que cuando se vota lo que se vota por puro oportunismo, lo más oportuno ante el desastre, es callarse.

Pero hay fechorías que no pueden pasar inadvertidas. Ni la de Inés ni tampoco la de Teruel Existe. Guitarte, ese valenciano de Cutanda que, a diferencia del Consejo Ciudadano de su partido, no denuncia los molinillos de Forestalia, también votó esa ley, la mejor para violadores y pederastas desde que Zapatero inició la demolición del régimen constitucional. Otra aportación del oportunismo disfrazado de baturro al sanchismo abyecto.

La escuela jurídica del Derecho a Coces

Los jueces que, en cumplimiento del orden legal, que es para lo que están, excarcelan a violadores y pederastas, no lo hacen por gusto sino con repugnancia. Pero Irene Montero, la Lerda Mayor del Reino, no es la única responsable de esa atrocidad de obligado complimiento, sino todos los partidos que la votaron: PSOE, Podemos, Bildu, PNV, Ciudadanos, Más País, Junts, Compromís, PDeCat, BNG, Coalición Canaria y Teruel Existe. Se abstuvieron ERC y la CUP y votaron No sólo el PP y Vox. El presidente del Gobierno, ataviado en Bali como el Peret del «Borriquito como tú, / que no sabes ni la U», apoyó públicamente esa ley como «innovadora». Y tuvo el cuajo de remitir al Supremo o «instancias superiores» el arreglo de los «defectos» de su aplicación. A esa escuela de Juristas a Coces se unió enseguida Patxi López, o Tóntez, diciendo que la solución era otra ley que metiera en la cárcel a los violadores que se acababa de poner en libertad. No se puede decir que López sea un tonto retroactivo, porque nunca se le ha conocido actividad inteligente, pero ignorante proactivo, activísimo, vaya si lo es.

En definitiva, lo que propone el Gobierno es que los jueces, a los que se fuerza a prevaricar en función de la «perspectiva de género», también deben prevaricar en sentido contrario si el efecto de sus sentencias molesta al Gobierno. O sea, que deben prevaricar siempre, pero inclinándose a la izquierda o a la derecha según entiendan que pueda percibir su sentencia la opinión pública, que además está en «estado interesante», o sea, electoral. Pero siempre se equivocarán, incluso a favor de obra, porque esa es la consecuencia de prescindir del Estado de Derecho, y desde la ley de Violencia de Género sólo se pueden perpetrar atrocidades morales o disparates partidistas. ¿O acaso creían en el Supremo cuando volvieron a juzgar ilegalísimamente el caso de la Manada que aquel atropello jurisdiccional iba a quedar en anécdota sin consecuencias?

Las feministas del PSOE alumbraron el monstruo

Tras la Viogen, llegaron la ley del solo sí es sí y la ley trans, frondosas ramas del alcornoque totalitario. Pero todas ellas, desde la primera, parten de un disparate: que la ley debe ordenar y valorar las conductas, no sólo sancionarlas, cuando tendría que ser al contrario: el juez debería atenerse a los hechos, no a las intenciones, a la voluntad o a las ideas que las inspiran. Pero llevamos dieciocho años, se dice pronto, desde que en 2004 se votó la maldita ley, y, claro, sus frutos han alcanzado ya la mayoría de edad. «La Trans» y «La Sisí», como llaman en los juzgados a estos dos monstruos, están produciendo ya efectos que van más allá de los «daños inevitables» que previeron esas feministas del PSOE que ahora se rasgan las vestiduras.

Si el testimonio de un hombre no vale frente al de una mujer, como se hace al aceptar que la violencia tiene género y no es violencia sin más, es lógico que unas leyes para condenar inocentes favorezcan a culpables. Hay un dicho comunista, que repetía La Pasionaria en la Guerra Civil: «es mejor condenar a cien inocentes antes de que se salve un solo culpable». Por supuesto, entre los inocentes no estaba ella, ni el PCE cuyos crímenes ensalza, con la ayuda de un juzgado de Madrid, un sello de Correos, donde reina un amigacho de Sánchez, en contra de la condena del comunismo por el Parlamento Europeo, que prohíbe expresamente toda exaltación de los símbolos nazis y comunistas. La idea comunista de Justicia desde Lenin no ha cambiado, arbitrariedad «de clase» al servicio del marxismo-leninismo. Y el que se oponga, al paredón o al psiquiátrico. O, como solución de emergencia, a la checa.

Checas para imponer la «perspectiva de género»

Irene Montero, Victoria Rosell y Pam Patapán, con el gallo Iglesias revolviendo el gallinero, culpan ahora a los jueces que, cumpliendo su ley, deben soltar a violadores y pederastas -aunque de la suelta de pederastas no protestan- de ser «machistas» sin «perspectiva de género». Y que deben hacer cursillos de ese reciclaje «de género» para condenar como es debido, es decir, según la intención política y no según la forzosa aplicación de la ley. Y los jueces protestan diciendo que ya los reciben. ¡Para lo que sirven!

Es ridículo ver a Irene, Patapam y Vicky Aeropuertos poniéndoles deberes a los jueces, que se tiran años para aprobar sus oposiciones. Pero eso es lo que tiene la ideología comunista, que hace infalibles a los que en cada momento detentan el poder y establecen la ortodoxia a seguir. Como los que no son comunistas, e incluso algunos comunistas, no siempre están de acuerdo se impone el terror político: la tortura, la cárcel y la muerte.

El Príncipe de Zambomba, domador de pumpidos

Eso fueron las checas en la Guerra Civil: tribunales secretos que juzgaban y condenaban, con la violencia más extrema, a los «enemigos de clase». Miles de mujeres, religiosas y seglares, madres e hijas, fueron violadas, torturadas y asesinadas como «enemigas de clase». Andrés Nin fue despellejado vivo por comunistas rusos y españoles por lo mismo: ser «enemigo de clase», frente al que definía la «política de clase», que era Stalin, y que aplicaba, en su nombre, el comisario político más próximo. Que, si cambiaba la línea política, se convertía en víctima: véase Koltsov.

Me sorprende que el muecín de Al Qaeda, La Base, pisito mediático que Roures le ha puesto a Pablo Iglesias, no pida que se instalen cuanto antes checas con «perspectiva de género». Sin la elocuente persuasión de la violencia revolucionaria, esos y esas carcas, ellas peor que ellos, que pasan su juventud estudiando leyes y haciendo oposiciones, no pasarán por el aro. Falta el látigo. Pero si al Peret de Bali, coronado en el G20 Príncipe de Zambomba, se le explica bien, se pondrá encantado el uniforme de domador. Y Pumpido, en su banqueta del Constitucional, bordará el papel de león de la Metro. Emitirá rugiditos de apariencia feroz, pero, en el fondo, sumisos, cariñosos, obedientes. Y luego, el circo será pasto de las llamas.

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