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Lo que no es Constitución, es prostitución

Constitutio, onis, en mi diccionario de don Manuel de Valbuena, de 1881, según Cicerón, es Constitución, estado, positura. Complexión, disposición, ordenación, reglamento. Estatuto, ordenanza, derecho, ley. Fundación. Según Hierónimus, -mundi, la Creación del mundo, pedum, el apoyo de los pies.

Prostituere, en el mismo diccionario (prostituo, is, ui, utum, ere/ pro, statuo), según Cayo Petronio Árbitro, significa exponer en venta, vamos, hábil mercadotecnia y forma de vender a terceros, así que no iremos por mal camino siguiendo a este Árbiter Cayo Petronio. No así a Plauto, a Ovidio Naso y Porcius Cato, que nos arrastran a lo manido y sabido de toda la vida, aunque sin duda es lo que es al fin, lo que nos obliga a pringarnos, si bien hilaremos fino buscando las “precuelas” y etimologías que nos aleccionen.

De todo esto deduzco – no hay que ser un gran cerebro, bien es cierto- que salirse de la vía de la Constitución, equivale a irse al guano, con lo que ello arrastra de desastre y de penurias. Mírese la carita del Nicolás Maduro para advertir el efecto de la bollería industrial por más que sea bolivariana o simoníaca. Pero es evidente que ir al guano por intentar vender al personal que es mejor carecer de garantías, regresar a la casilla de salida y pretender blanquear el horror de la II República bolchevique y quedar al albur de gente miserable e inope es cosa de hijos de puta, con lo que hete aquí que regresamos al concepto manido de prostitución de toda la vida.

Radio Nacional de España, aún en su canal clásico, mira tú, sigue con la perorata de oponer República legítima con fascismo sublevado, cuando la verdad fetén –de la que abominan- era República bolchevique originada en golpe de estado, que se autodenominaba roja, provista de ejercito con la bandera de la URRSS, la roja de la hoz y el martillo, la que De Gaulle llamaba del partido extranjero, porque la otra bandera, la tricolor, era de una república burguesa, según palabras del escayolista Largo Caballero. Los fascistas sublevados eran meros “morituri”, los condenados a morir asesinados cuando les saliese a los rojos de sus partes de ellos… de los rojos.

Guy Sorman recomienda encarecidamente a estos profesionales de la tergiversación blanqueadora, que entornen el pico, no digan tantas gilipolleces y se lean los dos tomos de Hugh Thomas sobre la II República y la guerra civil española. Para ampliar nota se pueden leer los de Ricardo de la Cierva.

Si los estudian con atención, mucho mejor. Encaja todo, incluso el misterio de los cinco barcos cargados del oro de la reserva española –la tercera del mundo- que el PSOE expolió del Banco de España y puso en manos del cojito, manquillo, y revestido de las viruelas locas, llamado Stalin, de lo que nadie le ha pedido razón.

¿La dará alguna vez con esto de las memorias demagógicas y los comitéses de la verité?

Esa es la pura verdad.