Los buenos y los malos

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(R) Este pésimo guión de Hollywood se ha convertido en una creencia mundial: de un lado los malos que destruyen la naturaleza, matan a los delfines y cometen injusticias a manta contra la humanidad, y del otro lado los buenos, la mayoría silenciosa que padece los agravios de los precedentes.

En realidad este guión data de la invención del concepto socialista de lucha de clases: de un lado, la casta de los poderosos y de los vividores, y de la otra las clases más inocentes, que desde Rousseau están formadas por seres humanos nacidos naturalmente buenos.

De Marx a Hollywood, el círculo está cerrado. Los malos viven sus últimas horas, y gracias a la generosidad del género humano unificado, los cabrones pronto serán vencidos. El nuevo orden mundial nos lo ha prometido: el Gran Día pronto llegará. La oveja reposará cerca del león. Olvidaron decirnos que la fiera dormida, drogada y degenerada, ya no tendrá nada de un león.

Es necesario, pues, que todos nos pongamos democráticamente del buen lado, el de los buenos que forman la mayoría. Es por ello que los depredadores de la finanza cuidan su imagen de filántropos y de grandes humanistas. Se convierten en generosos donantes para todas las buenas causas sociales de beneficencia, pero siempre delante de una cámara, claro está. La caridad, hay que darla a conocer para que todo el mundo se dé por enterado. El mensaje al público es evidente: los grandes de este mundo son gente positiva. ¡Seamos todos buenos!

¿Quién no quiere estar del lado de los buenos? Luego, todo el mundo está a favor del bien, y todo el mundo está a favor de la paz. Acabamos por preguntarnos: ¿pero dónde está el mal, si todo el mundo quiere el bien? Y el pensamiento único nos anuncia por sus altavoces que el mal va a desaparecer pronto gracias a la unión de las buenas voluntades.

Este guión presenta serias lagunas, pero el arte de la puesta en escena hace tragar la pildora. Estaría mal visto dudar que la utopía del paraíso terrestre está en su última línea recta.

Los nuevos malos serían aquellos que no tienen la ingenuidad de creer que el sufrimiento humano puede ser erradicado tan a la ligera. Estos son los nuevos enemigos del género humano: son los disidentes del mejor de los mundos.

El arte de la política es dividir para reinar. Todos hemos escuchado esta fórmula, pero posiblemente no hayamos sacado las consecuencias útiles.

El arte grande de la manipulación es empujar a dos partidos ideológicos opuestos el uno contra el otro. Cada uno puede entonces identificarse con el bando que le gusta sin darse cuenta de que en realidad el compromiso que cree libre es una total ausencia de elección.

La división política entre derecha e izquierda está basada sobre esta manipulación de dos tendencias fundamentales de la humanidad: la prioridad del corazón y la de la razón.

Los partidarios del partido del corazón tienen la ventaja de poder denunciar los demás como los malos, y en cambio, los pragmáticos se ríen de los soñadores, que son, la mayoría de ellos, desinteresados sólo porque no tienen los medios para ser otra cosa.

Esta cultura política proviene de la oposición teológica entre el bien moral y el pecado, el mal. Más antiguamente, se trata de la lucha entre dos principios opuestos, identificados a Dios y al diablo, en lucha por el control del alma humana y la supremacía terrestre.

Objetivamente, nadie puede negar que la vida está hecha de sufrimiento y de placer, y las distintas escuelas filosóficas se disputan para saber quien tiene el primer lugar en la existencia: el dolor o la felicidad.

Así, para Buda y Cristo, es el sufrimiento lo que domina en la tierra, y una felicidad duradera no puede ser hallada más que en el Nirvana o el Reino de los Cielos.

Hoy se enseña lo contrario. La felicidad debe ser encontrada aquí en la tierra, y el sufrimiento no es más que un fenómeno temporal que será aniquilado por la ciencia y el progreso social.

Sobre el dogma del progreso científico y político, hemos reconvertido las creencias cristianas y budistas en un humanismo espiritualmente correcto. El Nirvana y el Reino de los Cielos van a aparecer en la tierra próximamente, si es que no ha ocurrido ya. Esto es lo que une a todos los bobos conectados en la onda del pensamiento único.

Esta filosofía rudimentaria que resuelve el problema de la eternidad del alma, está convirtiéndose en la creencia fundadora de la nueva religión mundial. Es el cimiento del pensamiento único, y aquél que no comparta esta visión única no será invitado a los platós de televisión en los cuales se celebra cotidianamente la gran misa del mejor de los mundos.

Es un hecho admitido: el dolor no es más que un fenómeno superficial que será pronto olvidado gracias a la ciencia, y todas las injusticias desaparecerán gracias a la unidad internacional. El que los hechos nos digan exactamente lo contrario, eso no es suficiente para hacer cambiar de opinión a los innumerables engañados que han sido educados en la creencia de una esperanza tan vana como hueca.

En cuanto a aquél que no comparta este ideal artificial, será denunciado como agente de Satanás. Con la moda del New Age, ha aparecido una tiranía de la bondad de lo más hipócrita que pueda imaginarse, un fascismo moral en nombre de la “luz”. Esta ideología ha retomado los dogmas del socialismo y del cientificismo al pretender que la evolución terrestre se dirige hacia una perfección en un ascenso infinito. Se trata en realidad de una idea inventada por los jesuitas ocultistas de los cuales Teillard de Chardin fue el vulgarizador. Hemos borrado los aspectos materialistas para privilegiar un ideal espiritual entre el mundo visible y las jerarquías angélicas.

Este programa de espiritualización de la naturaleza será coronada por la llegada de un orden mundial perfecto dirigido por sabios (la sinergia de los “maestros de la sabiduría”) encarnados físicamente para esta ocasión, con un mesías a su cabeza.

Este ideal ha progresado enormemente y alcanza hoy círculos culturales y sociales diversos, de sensibilidad idealista, pacifista, socialista, ecologista, religioso, humanitario, etc, con la bendición de los líderes religiosos y políticos. Todos están conectados sobre el ineluctable advenimiento del mejor de los mundos. Todo el mundo ha sido programado para esperar un milagro.

Un gran consenso se ha formado, presagiando lo que será la tiranía moral y política en el nuevo orden mundial. No será buena cosa ser un oponente ya que el disidente será visto como un agente de las fuerzas de las tinieblas, un enemigo de la Luz.

Hablemos pues de lo que se esconde detrás de los conceptos de “luz” y de “fuerzas negras”. Escribimos esto para uso de personas entendidas y no para la gran mayoría, que va naturalmente en la dirección que las autoridades les señalan.

Quien ha comprendido bien que la política es dividir para reinar no tendrá ninguna dificultad para admitir que la manipulación más sutil utiliza las ideas morales más elevadas.

Las autoridades terrestres han sabido siempre halagar la sensibilidad humana con la promesa de una felicidad ilimitada reservada a los que obedecen, y oponiéndoles el miedo del infierno para los recalcitrantes. Los amos del juego se han repartido los papeles desde el comienzo de las civilizaciones: las fuerzas de la luz y de la bondad por un lado y las fuerzas de las sombras por el otro.

Como por casualidad, las autoridades siempre han asumido el papel de “buenos”, y los pontífices se han presentado ante el pueblo como los intermediarios de las potencias positivas, angélicas y divinas.

La creencia que las autoridades religiosas están del lado de la luz está, pues, profundamente enraizada en la humanidad. Gracias a las jerarquías clericales con su gravedad y sus ceremonias, las masas se han sentido en seguridad, protegidas de las fuerzas del otro bando, los malos espíritus. Esta puesta en escena espectacular del “Bien” y de la “Verdad” es siempre el método de manipulación de las autoridades políticas y religiosas. Este juego está controlado por logias secretas, en las que la división entre el bien y el mal ya no es tan marcada.

Tradicionalmente, se distinguen dos tipos de sociedades ocultas: los círculos esotéricos que manipulan la bondad, y la hermandad negra que trabaja con la violencia y la coacción.

Podríamos pensar que estos dos grupos se hacen una guerra sin cuartel (lo que si es cierto cuando sus intereses se ven amenazados), pero hay que saber que los dos bandos están controlados por un consejo supremo.

Esta instancia es un regulador que equilibra permanentemente los excesos de un bando o del otro. Según los periodos históricos predomina una u otra de estas jerarquías, que hemos identificado con los nombres de Lucifer y Ahriman (sólo es una comodidad de lenguaje), es decir las fuerzas de la falsa luz espiritual (Satán, si preferimos llamarlo así) y las fuerzas negras materialistas (el diablo inventado por la religión).

Muy esquemáticamente, se puede decir que las fuerzas luciferinas son idealistas y utilizan las religiones y las creencias como máscara, mientras que las fuerzas negras son mentales y pragmáticas, y controlan el mundo por la finanza, la ciencia y la política.

Tenemos aquí, pues, una representación de dos columnas de la sociedad: la Iglesia y el Estado.

Una multitud de sociedades ocultas están alineadas bajo una u otra tendencia para cubrir todo el campo de posibilidades en términos de idealismo o de pragmatismo. Todos nosotros estamos llamados por uno u otro bando si queremos subir en la jerarquía social.

Los elegidos son seleccionados en los grados superiores de la iniciación. En el nivel más alto, se es consciente de servir a Lucifer o a Ahriman, mientras que en los grados inferiores simplemente se obedecen las órdenes a cambio de algunos privilegios. La corrupción es por lo tanto el arma absoluta para mantener la élite bajo control, desde la actriz que sirve de esclava sexual hasta el financiero anónimo.

Oficialmente, todos estas personas se declaran humanistas y a menudo filántropos. Sirven de modelo a las masas, y deben hacer creer que el mundo está en buenas manos.

Periodistas, escritores, humanitarios, trabajadores sociales, médicos, religiosos, artistas, políticos de todas las tendencias, grandes empresarios…, todos predican la paz, la justicia, el progreso, la evolución, la bondad y todas las virtudes de la modernidad para el mejor de los mundos. No hay discordancias en este concierto de buena voluntad desbordante, y el personaje famoso que traspasara la línea roja, rompiendo el consenso, se arriesga mucho a tener un accidente de coche o cuanto menos perder su medio de vida.

Por lo tanto, vemos que el “bien” de la política luciferina es el arma más poderosa para controlar la humanidad con su acompañante inevitable que es el miedo, el cual es promovido por las logias negras.

El miedo exacerba la esperanza y la busquedad de una seguridad aquí en la tierra o en el más allá, lo que justifica la existencia de las ideologías, las creencias y las religiones.

Si vemos el juego del “bien” y del “mal” desde la cumbre de la pirámide donde tiene su asiento el consejo planetario supremo, estamos tentados de decir que el uno y el otro se equilibran perfectamente, y que toda insistencia del lado del bien relativo conlleva calamidades, y viceversa.

Así, la ideología New Age, que aspira a un mundo perfecto es una reacción natural a la acumulación de males modernos, la angustia moral creciente de la humanidad así como la desnaturalización del mundo vivo, los que llaman la esperanza de un porvenir radiante. Cuando el mal se vuelve casi insoportable, surge un idealismo de similar intensidad.

Es el movimiento normal del péndulo, y este movimiento no tiene nada que ver con el azar. Las logias ocultas han regulado el baile de los contrarios. La “logia negra” se desata con la tecnología y la economía, cometiendo todos los crímenes contra la naturaleza, mientras que la “logia blanca” prepara la alternativa difundiendo la esperanza. Claro está, la alternativa al materialismo asfixiante no puede ser más que un soplo de esperanza idealista a la medida de las plagas que soportamos. ¿Quién irá a protestar contra este mecanismo lógico y natural?

La logia política oculta, que llamamos la “gran logia blanca”, ha preparado el terreno desde hace casi un siglo al establecer un programa muy sofisticado para vivificar el mesianismo. De común acuerdo con sus hermanos de la hermandad negra, estos iniciados “blancos” han literalmente planificado el caos que ha ensangrentado el siglo XX al tiempo que desarrollaban paralelamente la ideología pacifista. Los dos grupos se han repartido la tarea: “Tú golpeas y yo curo”. Nada ocurre porque si.

No será entonces muy difícil, el momento llegado, de reparar los destrozos causados por la contaminación y la economía, ya que el antídoto ya estaba preparado antes del envenenamiento.

Ya veréis que en el momento en que lo decidan, los depredadores se harán justicieros y sanadores de las llagas de la humanidad y de la naturaleza Lo podéis constatar cuando los institutos internacionales de la finanza y la política, que son los agentes conscientes del mal en este mundo, se explayan en mensaje humanitarios.

Progresivamente, el mensaje tomará un tono espiritual a base de proclamaciones mesiánicas: “Todos somos hermanos y queremos vivir en paz en un mundo unificado”.

Cuando los iniciados de las logias luciferinas emplean este lenguaje, entonces hay que temer lo peor.

Si los maestros del mundo se interesan súbitamente y con tanta insistencia en nuestra felicidad, y que incluso quieren imponernos una felicidad terrestre a su manera, podemos estar seguros que nos están preparando una mala jugada de una envergadura inaudita.

Este movimiento de recuperación es ineluctable y la balanza se inclinará hacia una dirección que parecerá positiva… según las apariencias. En realidad, una tiranía internacional de un poder inimaginable va a caer sobre la humanidad. Esta tiranía no puede imponerse más que poniéndose la máscara de los buenos sentimientos, y procurar la ilusión de que el orden mundial proviene del mismo deseo de los seres humanos. Esta es la clave de una manipulación lograda. El cliente debe estar convencido de que desea el objeto inútil que se le va a vender a alto precio.

Los maestros del juego nos dicen a través de todos los medios de comunicación: “¡Queréis la felicidad, entonces os la vamos a dar!” De momento, y para que esa felicidad virtual sea mejor apreciada, desvirtúan la vida en todos sus aspectos. La felicidad hay que merecerla, ¿no es cierto? Es la oferta y la demanda.

El ser humano se ha encarcelado en la ilusión del bien y del mal, creando un mundo a imagen de su miedo y del deseo de seguridad que conlleva. La “realidad” que hemos creado es una mezcla de bien y de mal, que son las dos caras de la ilusión de nuestras creencias desconectadas del verdadero amor y de la sabiduría universal. Nuestros pensamientos han creado el mundo de los contrarios.

Por supuesto, queda la esperanza en el Bien absoluto, pero eso no se convierte en realidad más que cuando se sale del “juego de los blancos y los negros”, una lección difícil para la humanidad. Pero es así que se forma la consciencia. Esta maravillosa apuesta está en consonancia con el camino en que nos hemos adentrado por deseo de hacer la experiencia consciente del mal. Por lo tanto hay que ir hasta el final, sin negarse a ver la doble naturaleza “buena y mala” de la ilusión. ¿Qué es el mal, sino apartarse de la ley universal? ¿Y qué es el bien, sino volver a ella? Y para volver a la ley universal, hay que cambiar el esquema mental que ha generado la ilusión original. Es el objetivo de la espiritualidad auténcita: cambiar de conciencia.