Los detractores de Trump se dejan oír en las calles de Washington

Cuando a Laurie Arbeiter se le pregunta qué le llevó a viajar desde Nueva York para manifestarse contra Trump en Washington, agita la docena de pancartas que porta. En cada una, hay escrita una de sus razones para negarse a jurar lealtad al nuevo presidente: el temor a que vuelva la ultraderecha supremacista, el gobierno de los millonarios, la misoginia del presidente, sus ataques a los inmigrantes…

“Todo el mundo debería sentir escalofríos por lo que va a pasar”, advertía Arbeiter, que aunque aseguró que desde el momento en que Trump entre en la Casa Blanca ella va a “resistirse” al nuevo gobierno, se paseaba de forma pacífica por las calles en las que los manifestantes se entremezclaban con seguidores de Trump que compraban ávidos un souvenir de la inauguración que tenía lugar a escasos metros.

Nick, un joven camarero de Annapolis, a una hora de Washington, explicaba que se decidió a viajar hasta la capital para “demostrarle a la gente que tiene miedo ante el régimen de Trump, que no están solos”. El nuevo inquilino de la Casa Blanca “es un presidente que apoya el odio y vine a demostrar que no todos en America somos racistas ni misóginos y que queremos a los inmigrantes. No me siento representado por alguien tan vil”, afirmó.

Nick y Laurie, así como los centenares de manifestantes que protestaron este viernes en Washington, algunos de forma violenta, no son los únicos en compartir ese sentimiento de desafecto al Gobierno de un hombre que asume la presidencia tras una campaña en la que insultó a los inmigrantes y mostró desprecio por minorías como la afroamericana, que ha provocado una profunda división nacional y al que sigue persiguiendo la sombra de la injerencia rusa.

En las escalinatas del Capitolio donde Trump juró su cargo sobre la biblia ante la mirada de casi todos sus predecesores vivos, desde Barack Obama a Jimmy Carter —solo Bush padre se ausentó, ya que tuvo que ser ingresado— faltaban muchos. Concretamente, los casi 70 legisladores demócratas que decidieron ausentarse de la ceremonia, un tercio de ellos de California, donde Hillary Clinton duplicó en votos a Trump. Aunque no es la primera vez que sucede algo así, la cifra de los congresistas es la mayor desde la inauguración de otro republicano, Richard Nixon, en 1973, cuando 80 legisladores boicotearon la ceremonia en protesta por la Guerra de Vietnam.

La protesta legislativa contra Trump la lidera un icono del movimiento de los derechos civiles, el congresista negro John Lewis. Él fue el primero en anunciar que no asistiría a la investidura de Trump, porque no lo considera un presidente “legítimo”. La furibunda respuesta del todavía presidente electo, que acusó al hombre que casi pierde la vida luchando contra la segregación de no hacer más que “hablar, hablar, hablar, nada de acción o resultados”, solo hizo aumentar el boicot. “No voy a celebrar u honrar a un presidente que trajo el racismo, el sexismo, la xenofobia y la intolerancia a la Casa Blanca”, declaró la congresista por California Barbara Lee, también afroamericana también demócrata, la semana pasada. Su colega de Illinois, Luis Gutiérrez, también anunció su ausencia de la ceremonia. En vez de ello, el legislador de origen puertorriqueño y defensor de la reforma migratoria, dijo que se unirá a la Marcha de las Mujeres que este sábado promete convertirse en la principal protesta anti-Trump del país, y para la que se esperan hasta 200.000 asistentes.

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