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Los dientes del tiburón

Tenemos ahora mismo en la tele un festival José Coronado portentoso. En Movistar+ acaban de colgar –seis capítulos, primera temporada entera– la serie Gigantes, en la que Coronado interpreta a un mafioso sanguinario llamado Abraham Guerrero. Es el capo de una zona de Madrid más siniestra que cheli, en los aledaños de Cascorro. Es un personaje dibujado con una carga efectista arrolladora, con una gestualidad y caracterización que los expertos en arte barroco calificarían de churrigueresco. Excesivo y cruel, tiene todas las virtudes de un canalla de primera. Al mismo tiempo, en Tele 5, en su particular fariña titulada Vivir sin permiso, tenemos también a Coronado haciendo de capo don Nemo. Es un despiadado narcotraficante gallego al que acaban de diagnosticarle alzhéimer. Y comienza a pensar en traspasar el mando de su imperio de la droga, pero se resiste a dejar de ser tiburón, y quiere seguir mordiendo.

Esta semana ha tenido una conversación con un niño, de 8 o 9 años, que se llama Breixo. Este chaval ha visto a Nemo asesinar a una persona. Y el gran capo lo manda llamar y le cita en el acuario, frente a la piscina de los tiburones. ¡Ahh! Es una escena profundamente tenebrosa, pero con un punto de luz infernal muy potente. El niño le cuenta que quiere ser futbolista, como su ídolo, el delantero del Celta de Vigo Iago Aspas. Y Nemo le contesta, señalando a los escualos de la pecera: «A mí de pequeño me encantaban los tiburones. Los tiburones son siempre los malos de la película, pero sin ellos los peces pequeños se multiplicarían, arrasarían todas las algas y el mar sería un desierto». El niño le mira entonces con los ojos muy abiertos. Y le suelta: «Tú estás enfermo ¿verdad?». Y Nemo hace una mueca y responde: «Los tiburones también nos hacemos viejos. Pero seguimos mordiendo».

En los informativos de la tele acaban de sacar a Pablo Casado mordiendo ferozmente a TVE porque en Informe Semanal se han atrevido a entrevistar a Oriol Junqueras. Extraño concepto del periodismo el de Casado. No analiza las preguntas y respuestas. Cuestiona que se le pueda entrevistar. A Junqueras, además de preso, le quiere mudo. Y a los periodistas, también. Dice Manuel Rivas, escritor que ha inspirado la serie sobre el capo Nemo, que para los clanes gallegos «la boca no se creó para hablar, se creó para callar».