Los héroes anónimos de As Neves

“Eran momentos de miedo y desesperación”, recuerda Rodrigo. Todo estaba ardiendo: las casas, los almacenes, los campos. El pasado 15 de octubre, al mediodía, el fuego amenazaba con arrasar todo a su paso por As Neves, municipio de Pontevedra situado a orillas del Miño. Los servicios de extinción brillaban por sus ausencia. Las llamas habían avanzado con rapidez desde Portugal, quemando con facilidad los altos eucaliptos que rodean el área. Parecía que todo estaba perdido hasta que llegaron cuatro héroes anónimos.

Rodrigo Canalis (sin peto amarillo) junto a alguno de los operarios de su empresa
Rodrigo Canalis (sin peto amarillo) junto a alguno de los operarios de su empresa (Imagen cedida por ‘El Faro de Vigo’)

“Sin suministro eléctrico, las bombas de agua se quedaron sin funcionar. No había medios. Los vecinos no sabían qué hacer”, rememora Rodrigo Canalis, propietario de una empresa de rehabilitación de tuberías. Le dieron la noticia cuando regresaba de Redondela, donde las llamas habían afectado el monte. “Arrancamos para As Neves casi sin pensarlo”, cuenta a La Vanguardia.

El incendio destruyó muchas viviendas
El incendio destruyó muchas viviendas (Rodrigo Canalis)
Y también quemó coches
Y también quemó coches (LV)

Rodrigo, que tiene familia en As Neves, se puso en contacto con dos de sus trabajadores. “Llamé a Ángel y José, que son los operarios que van con el camión cuba, y les pedí que fueran hacia el pueblo”, explica. “Con otro compañero tomamos un coche y, pese a las dificultades que nos puso la Guardia Civil, pudimos llegar hasta el municipio”, añade.

Eran alrededor de las dos del mediodía. Acababan de cruzar una zona arrasada por las llamas y una nube de humo que impedía totalmente la visibilidad. “Circulamos a ciegas, acelerando para llegar lo antes posible. Ahí fuimos un poco inconscientes”, asume. Solo pensaban en ayudar.

“Pasamos cerca del aserradero, pero no había nada que hacer”, afirma. Por eso centraron sus primeros esfuerzos en una casa, situada a unos 50 metros de la empresa. “Teníamos miedo de que se cayera el tejado, así que nos mantuvimos a cierta distancia”, cuenta Rodrigo Canalis.

Eloy es hijo del dueño del aserradero que fue pasto de la llamas. Han pasado algo más de dos meses, pero todavía recuerda aquel fatídico día como si el tiempo no hubiera transcurrido. Unos vecinos les avisaron al ver cómo el fuego cruzaba el río Miño. Cuando llegaron, el aserradero ya había empezado a arder. “Habían bolas de fuego por todos lados, y soplaba un impresionante viento huracanado”, recuerda. Esos días, Galicia estaba bajo el influjo del huracán Ophelia.

La maderera Maderas Vial fue totalmente devastada por el fuego
La maderera Maderas Vial fue totalmente devastada por el fuego (LV)
El fuego arrasó todo lo que encontró a su paso
El fuego arrasó todo lo que encontró a su paso (LV)

No pudieron hacer nada para salvar su empresa. “No hay palabras para explicarlo”. En pocos segundos vio impotente cómo su principal fuente de sustento se desvanecía. Y no sólo la suya, “sino la de las 50 familias que directa o indirectamente dependen de la empresa” y que llevan desde el día del incendio “sin cobrar ni un céntimo” a la espera de que la Xunta resuelva el expediente que tramitaron.

La idea es reflotar de nuevo el negocio cuanto antes. “Nosotros no sabemos hacer otra cosa, llevamos toda la vida haciendo esto”, esgrime. Pero no será fácil: el aserradero quedó derruido tras el incendio y así continua. Eloy espera recibir una inyección de dinero por parte de la administración gallega, a la que culpa en cierto sentido de la magnitud del desastre por “no haber enviado medios de extinción de incendios”. Pero el tiempo pasa y las ayudas no llegan.

De su aseguradora tampoco espera mucho: “El dinero que nos ofrecen es como si se estuvieran riendo de nosotros. Nos sentimos indefensos”.

Después de ayudar a sofocar varias viviendas cercanas al aserradero, Rodrigo y sus compañeros continuaron con su ardua tarea. “Era caótico. Veías a los vecinos con la mirada perdida. Fue una pena no haber llegado antes”, se lamenta. Su zona de actuación fue el barrio de la Estación y los alrededores. “Lo más difícil fue decidir las prioridades, elegir a quién ayudábamos primero. Había cobertizos con leña apilada que eran pasto del fuego, pero eran menos importantes que las casas donde las llamas salían por las ventanas”, admite.

El aserradora quedó completamente destruido
El aserradora quedó completamente destruido (LV)
Se perdió incluso la maquinaria
Se perdió incluso la maquinaria (LV)

Esa zona residencial, formada mayoritariamente por casas adosadas, es un entramado de caminos estrechos, muchos de ellos de tierra, que complicó las maniobras del camión cisterna. Cuando necesitaban repostar agua, acudían a piscinas particulares, principalmente la que tiene el padre de Rodrigo Canalis en su casa.

César, vecino de As Neves, fue uno de los que recibió la ayuda de ese grupo de héroes anónimos. Este nevense, encaramado al tejado de su casa, consiguió que las llamas pasaran de largo de su portal, pero la plantación de manzanas ecológicas que su padre tiene a lado del Miño no corrió la misma suerte.

Los cultivos ecológicos se quemaron
Los cultivos ecológicos se quemaron (Rodrigo Canalis)
Bosque calcinado en As Neves
Bosque calcinado en As Neves (LV)

Todavía puede escuchar el estruendo que producían al explotar “los depósitos de los vehículos del aserradero que se incendió” y que queda cerca de su casa. También el estrépito que hacían los tejados de uralita al entrar en contacto con la llamas. “Parecían metralletas”, explica.

No saber exactamente dónde estaban algunos de los suyos fue de las cosas que peor llevó. “Era domingo y todas las familias estaban desperdigadas”, relata. “Yo tenía un crío por un lado, y otro por otro. Uno de ellos estaba comiendo en casa de uno de sus primos. Su tía cogió a los niños y se los llevó a un sitio seguro. Sólo se quedó el marido para proteger la casa”, añade.

El viento huracanado que soplaba es otro de los recuerdos que guarda de aquel angustioso 15 de octubre. “Y no lo hacía en una única dirección. Estabas intentando apagar un fuego que tenías delante y se originaba otro a tus espaldas”.

César está convencido de que As Neves nunca había vivido un incendio de esa magnitud. “La gente mayor tampoco recuerda nada igual”. Incluso no se explica cómo aquella tragedia no se saldó con algún fallecido. “Al ver el panorama que teníamos alrededor pensamos que podría haber alguna víctima. Habría sido lo más normal viendo la fuerza con la que se levantaban las llamas”, subraya.

Rodrigo y su equipo estuvieron hasta las once de la noche trabajando sin descanso, codo con codo junto a los vecinos. “No creo que volvamos a vivir algo así. Iba todo muy rápido y no dábamos abasto”, asegura.

“Nadie actúa así para obtener reconocimiento. Lo único que pretendíamos era ayudar. Luego, cuando llegas a casa, vienes tocado, sale la tensión y las lágrimas… y te derrumbas”, concluye. La lucha contra la naturaleza, el peligro y el miedo no dejan energía para más.

Las llamas, de noche
Las llamas, de noche (LV)
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