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Los menores de Castro Urdiales mataron a su madre tras discutir por las malas notas

Las continuas discusiones por las malas notas del mayor de los menores de Castro Urdiales fueron el detonante del asesinato de su madre. Así se lo contaron de forma espontánea a los guardias civiles que les detuvieron seis horas después de terrible crimen.

Según el relato de los dos hermanos, ambos vivían un infierno en casa con continuas broncas de su madre por los resultados académicos del mayor de 15 años. El miércoles por la tarde se reprodujo una de esas reprimendas en las que la madre, según los menores, llegó a agredirles mientras estaba en la vivienda.

Su reacción fue tirar a su madre al suelo y clavarle en la parte posterior del cuello un cuchillo de la cocina. Luego la ataron de pies y manos para trasladarla hasta el coche, tal y como adelantó OKDIARIO.

Una vez en el garaje de la vivienda de la calle Monte Cerredo de Castro Urdiales, los menores depositaron el cadáver de su madre en los asientos traseros del coche. Debido a su falta de conocimientos, el coche se deslizó sin el freno de mano hasta chocar contra un muro, no se sabe si al intentar mover el vehículo o durante las maniobras para limpiar el coche de sangre.

Tras limpiar apresuradamente el escenario del crimen en la vivienda, los menores hicieron la mochila y se marcharon. Los forenses centran la hora del crimen entre las 19:00 y poco más de las 20:00 horas de la noche del miércoles.

Fingieron su propio secuestro

Durante su huida hacia el Parque Cotolino, un lugar al que sus abuelos les llevaban de pequeños, los menores cogieron el teléfono de la madre porque no paraba de sonar. A su abuela le dijeron que les habían secuestrado y a su madre le había pasado algo malo».

Alertados por la familia, los especialistas de la Guardia Civil llegaron de inmediato a la casa familiar, hallando el cuerpo de la madre dentro del coche. Tenía múltiples cuchilladas por el cuerpo, además de la mortal en el cuello. También una bolsa de plástico en la cabeza para intentar contener la hemorragia mientras trasladaron el cuerpo hasta el coche.

Rápidamente los guardias establecieron controles para evitar que los niños fueran sacados por alguien fuera de la ciudad. Los abuelos dieron la clave de dónde podrían estar: el Parque Cotolino a menos de un kilómetro de distancia del escenario del crimen. Allí los encontraron. Uno se entregó a los guardias, el otro huyó y fue capturado minutos después.

Ambos confesaron espontáneamente los hechos a los guardias civiles. Ahora, el menor ha sido internado en un centro tutelado y la Fiscalía de Menores ha pedido el ingreso del mayor en un centro en régimen cerrado durante los próximos seis meses hasta que concluya toda la investigación.

Celadora de hospital y catequista

La víctima, Silvia López, tenía 48 años de edad y procedía de Vizcaya, como su marido. Vivían en Castro Urdiales pero se trasladaban a trabajar hasta Bibao. Él, en una fábrica y ella era celadora en el Hospital Universitario de Cruces a solo 30 kilómetros de la casa en la que murió, presuntamente, a manos de sus dos hijos adoptivos, de 15 y 13 años.

«Formaban una familia tipo y los chicos no eran especialmente conflictivos», apuntan desde fuentes del caso que no dudan en confirmar que «el crimen tuvo lugar por una disputa familiar por las notas». «No hay denuncias por maltrato en el ámbito familiar» confirman las mismas fuentes ante los comentarios que fluyen del entorno del instituto de los menores de Castro Urdiales. Compañeros de clase cuentan que los menores se quejaban de que en los últimos meses su madre los castigaba física y verbalmente, incluso humillándolos, ya fuera por las notas o por asuntos domésticos.

Nada de esto ha sido aún probado por la Guardia Civil. Silvia, era muy querida en el pueblo, el Ayuntamiento ha decretado tres días de luto oficial y se han suspendido todas las celebraciones del Carnaval.

Comprometida y participativa con las actividades religiosas en Castro Urdiales, también era asidua a las redes sociales.  Entre sus últimas publicaciones, una cita del libro El Principito que rezaba «Qué ironía, no dices nada para evitar conflictos, y vives en conflictos por no decir nada». Sólo ella sabía si ese comentario al aire era el preludio de la tragedia en la que iba a perder la vida.