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Los milagros no suelen repetirse

Al idear la Crida Nacional per la República el ‘president’ Puigdemont pretendía posiblemente repetir el ‘milagro’ del 21 de diciembre del 2017. Fueron aquellos unos comicios anómalos, convocados por Rajoy utilizando el artículo 155 y diseñados para barrer al independentismo. Como se sabe, los planes del PP se fueron al traste, ya que el independentismo retuvo su mayoría absoluta. El poder simbólico acumulado por el president resultó la clave del triunfo e hizo también que, contra pronóstico, su formación -Junts per Catalunya- se situara por delante de la ERC de Junqueras.

Guiado por el afán de impulsar la Crida, Puigdemont presionó a Marta Pascal y al PDECat (o ella o yo) hasta que esta tiró la toalla en el congreso del partido, en julio. Eso permitió al president situar a algunos de sus fieles en posiciones relevantes. No hay duda que las formas del asalto al PDECat pudieron ser más civilizadas.

El siguiente paso era absorber al partido sucesor de CDC para dar cuerpo y vigor a la Crida. Pero aquí la ‘blitzkrieg’, la guerra relámpago, encalló. Y hasta hoy, cuando las negociaciones entre la Crida, es decir, el puigdemontismo, y el PDECat -donde domina una visión más pragmática y realista- se hallan bloqueadas. Y no va a resultar fácil desanudar la situación creada.

Una de las grandes dificultades es que tanto ERC como la CUP se negaron, en redondo y desde el minuto uno, a participar en la Crida. Otra, que, en lugar de plantear la Crida como un paraguas electoral, sus responsables han decidido que sea un partido. No solo eso, sino que han invitado -no pocas veces personalmente- a miembros y dirigentes del PDECat a integrarse en él saltándose las normas del propio PDECat, que, como tantas otras formaciones, no permite la doble militancia.

Ante este panorama, algunas figuras posconvergentes, como David Bonvehí, la propia Pascal, Montserrat Candini, Ferran Bel y Carles Campuzano, han decidido alzar su voz para defender la integridad, autonomía y futuro del PDECat.

Mientras, muchos alcaldes temen que el forcejeo entre la Crida y el PDECat genere interferencias o incluso explote a las puertas de las elecciones de mayo. Un buen puñado de ellos, sobre todo del área de Barcelona y Tarragona, pero también de la costa gerundense, consideran, además, que el hecho que la Crida esté orientada en exclusiva a la independencia no les favorece. Señalan que entre sus votantes hay independentistas y no independentistas. Y que, por consiguiente, deben ocuparse y hacer propuestas atractivas sobre otros muchos problemas.

Al menos a día de hoy, la Crida no levanta el entusiasmo que de forma inmediata consiguió Junts per Catalunya, mientras Oriol Junqueras -en la cárcel y a la espera de ser juzgado- y ERC van afianzando su posición central en el campo independentista, tal como acaba de confirmar el último sondeo del Centre d’Estudis d’Opinió de la Generalitat.

Como decíamos al principio, el año pasado Puigdemont logró un milagro. Pero los milagros, por propia definición, no suelen repetirse.