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Los políticos escenifican sus múltiples conflictos en el Día de la Constitución del «consenso»

Hace años que en los aniversarios de la Constitución la discrepancia era sobre si renovar o modificar la norma y se constataba que no había consenso para hacerlo. Ahora, en el 45º aniversario de su aprobación en referéndum, el acto de celebración de la Constitución del consenso sirve para que los líderes políticos se den con ella en la cabeza sin reparo y se acusen entre sí de incumplirla.

Así fue por más que la presidenta del Congreso, Francina Armengol, aludiera al «consenso» en su discurso pretendidamente institucional en el que aseguró que «en nuestra Constitución no están escritos la crispación, el desprecio o el enfrentamiento. Porque nuestra ley de leyes sigue siendo la cura más efectiva contra la discordia. Ser constitucionalista no consiste en levantar la Carta Magna como si de un tótem se tratara».

Nada más lejos de la realidad política que esas frases de Armengol, porque lo de este miércoles en el Congreso, más que un acto de aniversario de la Constitución del consenso de 1978 fue la escenificación de las guerras entre prácticamente todas las fuerzas políticas. Entre los que estaban presentes y también los que, como Vox o los partidos independentistas o nacionalistas y Podemos, renunciaron directamente a asistir.

[Feijóo: «Sánchez lidera hoy un movimiento contra la Constitución Española»]

Desde que hace 45 años se votó en referéndum, nunca antes se ha vivido tal nivel de polarización y fragmentación, en un contexto de bloques retroalimentados, separados por un muro.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, ni se saludaron, pese a permanecer durante varias horas a una distancia de unos 10 metros.

«Tenemos un presidente del Gobierno que no solamente ha pactado con los que están en contra de la Constitución Española, sino que se ha puesto a liderar un movimiento en contra de la Constitución Española», dijo Feijóo a su llegada al acto.

«Frente a los que están todos los días dando lecciones de constitucionalismo o dándose golpes de pecho sobre lo constitucionalistas que son… la mejor manera de defender la Constitución es cumpliendo todos los días del año todos y cada uno de sus artículos«, dijo a su vez Sánchez sobre Feijóo ante los micrófonos.

Así siguieron luego en los corrillos en los que conversaron con los periodistas. Y en ese clima de guerra (política) abierta, con la tramitación de la ley de amnistía desde la próxima semana en el Congreso, pretende Sánchez convocar a Feijóo para renovar el Consejo General del Poder Judicial bloqueado desde hace cinco años.

Tensión política

Esa tensión política estuvo presente en el acto y lo estará en la legislatura que arranca ahora, porque la fragmentación y la polarización han hecho que el Gobierno de Sánchez arranque sentado sobre un barril de pólvora de pactos cruzados con una peculiaridad parlamentaria que lo hace aún más complicado: sus socios compiten entre sí, alineados de dos en dos y con diferentes intereses.

Así, el PSOE debe surfear sobre la relación de adversarios que mantienen Junts y ERC y que les enfrentará en las elecciones catalanas; sobre la tensión entre PNV y Bildu que disputarán la hegemonía del soberanismo vasco en elecciones en primavera y, además, ahora ha surgido el enfrentamiento entre Sumar y Podemos.

Un complejo entramado de disputas intestinas entre los miembros del mismo bloque, que debe gestionar Sánchez y equilibrar cada una de las peticiones de cada uno de ellos en relación a su «par adversario». Su pegamento es su interés en evitar un Gobierno de derecha y extrema derecha.

De hecho, el divorcio entre Sumar y Podemos, tras una convivencia corta y con múltiples enfrentamientos centró la mayor parte de las conversaciones del acto en el Congreso y en casi todos se coincidía en que los cinco diputados de Ione Belarra no harán caer al Gobierno porque no pueden coincidir en votaciones con PP y Vox.

«No estamos para psicodramas», aseguraba uno de los nuevos ministros de Sumar, sobre la marcha de Podemos.

«¿Llegarán a poner en riesgo la estabilidad del Gobierno?» era la pregunta en casi todas las conversaciones, con el convencimiento de que «molestarán» y votarán alguna enmienda contra el Gobierno, pero no dejarán caer al Ejecutivo.

«Tenemos un anhelo común«, explicó Sánchez en un corrillo sobre la voluntad de Podemos de sostener al Gobierno.

Fuentes de Moncloa intentan minimizar el alcance del «divorcio», sosteniendo, por ejemplo, que su pase al Grupo Mixto no afectará a las votaciones en comisión, dónde pueden sacar las iniciativas con el resto de socios.

Por ejemplo, uno de los altos cargos que debe encargarse de las negociaciones explica que la próxima semana saldrán adelante la Ley de Amnistía y la creación de comisiones de investigación, sin problemas en las votaciones.

Belarra llama a Bolaños

El martes por la tarde Belarra llamó al ministro Félix Bolaños y Lilith Verstrynge a Rafael Simancas, secretario de estado de Relaciones con las Cortes para expresarles su voluntad de mantener las relaciones, según se contó en uno de los corrillos.

«Eso es lo que se dice siempre cuando se pide el divorcio a la pareja», terció con humor el Defensor del Pueblo, Ángel Gabilondo, presente en la conversación.

Por supuesto, admiten que será necesario abrir una nueva interlocución y un nuevo frente de negociación para cada iniciativa. «Lo siento por Simancas», aseguraba un responsable del Grupo Socialista.

Se resume en el símil utilizado con alguien con las pequeñas piedras en el riñón que han afectado recientemente a Patxi López, presente en uno de esos corrillos: es molesto, pero superable.

Algunos de esos dirigentes socialistas sí lamentaban la forma en la que ha manejado la vicepresidenta Yolanda Díaz la relación con Podemos, sin ser capaz de cerrar acuerdos para apaciguar la legislatura.

Explican que el PSOE, a su vez, tendrá ahora interés en comer terreno a Sumar, haciendo bueno el adagio que señala que en las coaliciones el socio pequeño acaba siendo reducido al mínimo. Y, a su vez, los de Yolanda Díaz deben diferenciarse para evitarlo, más aún teniendo a su izquierda a Podemos beligerante, y eso o es bueno para la coalición.

Los choques cruzados dentro de los dos bloques afectan también a la derecha, donde Vox ni acude siquiera al acto y el PP actúa impidiendo que se les arrebate la bandera de líder de la oposición.

Y todo se complica más si se atiende a los enfrentamientos institucionales entre Gobierno y Poder Judicial o de la derecha con el Tribunal Constitucional, instituciones todas ellas presenten en el acto.

En una reciente reunión de la Mesa del Congreso, el miembro más veterano, el socialista Alfonso Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, explicaba al resto en que consistían los actos del Día de la Constitución. Les dijo que tras el discurso de la presidenta llegaba la «farfolla». La diputada del PP Carmen Navarro mostró su asombro por el uso de la palabra y el socialista le respondió con la segunda acepción del diccionario de la Real Academia Española: «Cosa de mucha apariencia y de poca entidad». Pues eso fue.