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Los tsunamis se han cobrado más de 250.000 víctimas mortales en los últimos 20 años

Más de 250.000 personas han muerto víctimas de los tsunamis registrados en el mundo en las últimas dos décadas, principalmente en países bañados por los océanos Índico y Pacífico, según un informe de la Oficina de la ONU para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNISDR).

En concreto, los datos acumulados en el periodo 1998-2017 elevan a 251.770 el número aproximado de víctimas mortales, mientras que los daños económicos atribuidos a los tsunamis ascienden a 280.000 millones de dólares (unos 245.000 millones de euros).

Los datos reflejan un drástico aumento de los daños en comparación con las dos décadas anteriores, cuando se registraron 998 fallecidos y pérdidas por valor de 2.700 millones de dólares, según el estudio elaborado a partir de los datos recabados por la Universidad Católica de Lovaina.

El último gran tsunami registrado en el mundo lo vivió a finales de septiembre la isla de Célebes, en Indonesia, donde unas 2.000 personas perdieron la vida por un seísmo y el posterior maremoto que se cebó especialmente con la localidad de Palu y sus alrededores.

Sin embargo, el desastre con más víctimas –más de 200.000– tuvo lugar a finales de 2004, también en Indonesia, mientras que la tragedia que provocó mayores daños económicos ocurrió en Japón en 2011. Las pérdidas rondaron los 228.000 millones de dólares, mientras que más de 19.000 personas perdieron la vida.

La representante especial del secretario general de la ONU para la reducción del riesgo de desastres, Mami Mizutori, ha instado a aprovechar el Día Mundial de Concienciación sobre los Tsunamis, el 5 de noviembre, para llamar la atención de los riesgos y “evitar futuras pérdidas de vidas”, según un comunicado difundido por la organización internacional.

Este año, además, Naciones Unidas también quiere llamar la atención sobre las pérdidas económicas derivadas de los maremotos, en la medida en que estos desastres pueden dañar infraestructuras críticas en “zonas costeras vulnerables y densamente pobladas”, en palabras de Mizutori.