Los voluntarios vuelven a rescatar Galicia

El infierno de incendios que ha asolado Galicia ha pasado. Aún siguen activos 16 fuegos pero ninguno supone un peligro para la población. Las cifras que deja la ola de fuegos son abrumadoras: han muerto cuatro personas y se han quemado al menos 11.500 hectáreas, calcula la Xunta, sobre todo en el sur, junto a la frontera con Portugal, un país en el que la furia de las mismas llamas ha matado al menos a 41 personas. Solo durante el 2017, en el país luso los fuegos forestales se han cobrado más de 100 víctimas. En el de Pedrógao Grande, a mediados de julio, fallecieron 65 vecinos.

En As Neves, un municipio que agrupa 13 aldeas, este martes olía a tierra quemada. El municipio ha sido el punto elegido por RosaVane Unai para montar una batida de animales heridos. “Vamos a buscar perros, caballos… y tratar de ayudarlos”, explican. Estos días, a través de las redes sociales, los gallegos han encontrado un modo de coordinarse para tornar en productivas “las ganas de hacer algo” que les sacudían frente al televisor. Eso los que no estaban defendiendo su casa de las llamas, muchos, porque los bomberos estaban totalmente desbordados. Los tres acaban de conocerse. Están esperando a otros cinco voluntarios y, juntos, se meterán en zona calcinada. Tienen donde elegir. Hay grupos como el suyo, para ayudar a ancianos, vigilar rescoldos o lo que haga falta, “en ArmenteiraPazos de BorbénMonforteBaiona… “, recita Rosa. Si el hundimiento del ‘Prestige’ en el 2003 hizo que miles de voluntarios acudieran a la Costa de la Muerte para sacar chapapote con sus manos, la crisis de los incendios de este fin de semana ha vuelto a evidenciar que son los gallegos de la calle los que más se mojan cuando llega la hora de la verdad.

David dirige una protectora de animales que acoge a 60 perros abandonados en el refugio de Os Biosbardos, ubicado en lo alto del monte Picaraña (Ponteareas). El domingo, al ver que no había suficientes bomberos para proteger las casas, comprendió que nadie podría auxiliar a sus animales si el fuego trepaba hasta allí. Sin mucha fe, lanzó un SOS en el Facebook buscando voluntarios que subieran al refugio para llevarse un perro. En pocas horas, los 60 canes habían encontrado una casa temporal de acogida. “Hoy regresan todos al refugio”, explica David, feliz por la respuesta ciudadana cosechada pero inquieto ante la ausencia de “una política forestal” de la Xunta de Galicia para que cambien las cosas.

Bosques olvidados

“Aquí la mayoría de los bosques pertenecen a los habitantes de cada pueblo”, explica. Esto significa que los vecinos son los que deben organizarse para limpiarlos. Pero lo cierto es que la población de las aldeas envejece porque los jóvenes se van a buscar trabajo a las ciudades. Y la Xunta lleva años sin querer ver que la masa forestal, en especial la de eucaliptos que arden con facilidad, crece sin control. “Si se invirtiera en lograr que los bosques fueran una actividad económica para los gallegos, estarían cuidados”, asegura David. Pero lo cierto es que esto jamás ha sido una prioridad para el Partido Popular, denuncia Julio, otro vecino de As Neves. “Estas parroquias están llenas de personas mayores que siempre votan al PP porque para ellos que les mantengan la pensión lo es todo”, explica.

La despreocupación gubernamental por la masa forestal no se limita a los montes. Dentro de las propias aldeas tampoco se respetan los márgenes de seguridad ni se mantienen cuidadas las parcelas abandonadas. Por eso el fuego logró entrar hasta el centro de As Neves. La vecina que vivía junto a la casa de Julio, por ejemplo, falleció hace tres años, y desapareció sin descendencia. Su jardín desde entonces se asilvestró y ahora era una selva de zarzales que a punto estuvo de provocar que la casa de Julio se quemara entera. Él, en cuanto vio que las llamas se acercaban a As Neves el domingo, supo que su familia corría peligro. Junto a su mujer, dos hijos, y una vecina ciega a la que fue a buscar para que no estuviera sola, se encerraron en el comedor con las persianas bajadas. Usaron un paño húmedo para no respirar el humo y esperaron tres horas a que pasara el fuego. Las persianas se derritieron pero las llamas no entraron en casa. Sí lo hicieron en otra vivienda cercana. La propietaria no estaba allí para defenderla y el fuego la devoró.

Aldeas envejecidas

Santa Marta de Ribarteme es una de las aldeas más afectadas de As Neves. Tiene una de las tradiciones más extrañas del planeta, según ‘The Guardian’. Cada 29 de julio sus vecinos participan en una romería durante la que cargan a personas vivas dentro de ataúdes. Es una costumbre antigua que inquietó al rotativo inglés pero que en estas aldeas, habitadas por ancianos de fe católica inquebrantable, se vive con normalidad. 

María (75 años) y su madre Amelia (93 años) explican que los vecinos que se meten en un ataúd lo hacen porque la virgen de Santa Marta les ha concedido el milagro que le pidieron. “Le ha curado un mal moderno [un cáncer] o le ha salvado a un hijo”, enumeran. El domingo madre e hija fueron evacuadas del fuego por un familiar. Este martes, ya de vuelta tras dos días de tanto alboroto, echaban la tarde tomando el sol junto al hórreo de la casa. Han encontrado su aldea rodeada de montañas negras y de columnas menguantes de humo blanco. Pero sigue estando vacía de jóvenes que se preocupen por los bosques que quedan.

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