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Macarena Olona, el adiós del ‘miura’ de la política que más embistió en el Congreso

Macarena Olona anunció ayer que deja la política, apenas tres años después de entrar a formar parte de las filas de Vox. Lo ha hecho discretamente, como siempre ha hecho con su vida privada, emitiendo un breve comunicado en el que explica que se marcha por «razones de salud». Pone así punto y final a una etapa en la que parecía estar llamada a convertirse en ministra de un futuro Gobierno de derechas.

Andalucía se cruzó en ese camino y, sin que nadie lo esperara, ha acabado siendo el último ruedo en el que ha embestido. El Congreso de los Diputados era su hábitat natural, allí es donde creció su figura. Sus intervenciones parlamentarias y su labor jurídica la convirtieron en uno de los principales activos de Vox y uno de los rostros más conocidos de la política.

Irónicamente sus comienzos están también ligados a Andalucía, comunidad por la que fue elegida diputada nacional en abril de 2019, gracias al paso previo dado por Vox cuando logró 12 diputados en las andaluzas de 2018. Fue entonces cuando Iván Espinosa de los Monteros la fichó para que acompañara a Santiago Abascal en su nueva aventura, según explicó ella misma en una entrevista en Libertad Digital. Otros partidos se habían fijado también en ella.

Abogada del Estado contra la corrupción

La corrupción minaba entonces a PP y PSOE, poniendo en jaque al bipartidismo que se veía amenazado por las nuevas formaciones que crecieron al calor de la indignación social. Olona destacaba precisamente por su lucha contra la corrupción de ambos partidos como Abogada del Estado en el País Vasco y Andalucía, lo que pesó en su elección como secretaria general del grupo cuando el partido logró sus primeros 24 diputados en el Congreso.

En noviembre de 2019 Vox dobló sus resultados y, lo que era aún más importante, sobrepasó la barrera del medio centenar de representantes necesarios para solicitar amparo al Tribunal Constitucional, sin necesidad de apoyarse en otros grupos.

Los recursos ante el TC

Olona supo aprovechar como nadie esa ventaja interponiendo decenas de recursos contra las leyes aprobadas por el Gobierno de Pedro Sánchez: los estados de alarma, el cierre del Parlamento, las leyes lingüísticas, las leyes de género…así hasta rondar la treintena, algunos de ellos con resultado muy satisfactorio para el partido y los españoles, aunque no para el Ejecutivo.

Musa por excelencia de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, a los que siempre ha defendido ante los ataques de la izquierda, fueron muy conocidos sus duros enfrentamientos con el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, al que advirtió de que «caería por sus subordinados» en pleno escándalo por el cese de Pérez de los Cobos. De él cuestionó incluso su etapa como juez en Bilbao cuando dijo que «su odio a la Guardia Civil» provenía de aquellos años.

La batalla contra las feministas

«El hombre no mata, mata un asesino; el hombre no maltrata, maltrata un maltratador; y el hombre no humilla, humilla un cobarde», dijo desde la tribuna del Congreso en uno de los discursos que más se recuerdan contra el actual feminismo. «Como mujer digo que la violencia no tiene género», gritó para combatir las leyes aprobadas por el ministerio de Igualdad de Irene Montero.

Especialmente crítica con el PNV por haberle padecido cuando vivió en el País Vasco, su llegada al Congreso supuso un auténtico baño de realidad para un partido acostumbrado al buen trato que hasta ese momento le había dado la mayoría de la Cámara. «ETA no sería nada sin la complicidad del País Vasco«, gritó a pleno pulmón frente a un Aitor Esteban perplejo que la atacó varias veces, intentando minusvalorar su papel en la lucha contra la corrupción en esta comunidad.

Marlaska, Bolaños y Díaz sufrieron sus embestidas

Sus últimas intervenciones en las sesiones de control al Gobierno tuvieron como principales objetivos a Yolanda Díaz, «la ministra comunista» a la que incluso escribió una dedicatoria: «Para Yoli, que aspiró a ser lideresa mundial y no pasó de Fashionaria«; y Félix Bolaños, al que llamaba «ministro Perejil«. Con una simple pregunta, «¿y?», desmontó el supuesto agravio a los separatistas por espiarles.

Durante su etapa como política se convirtió en madre. Lució embarazo como diputada hasta prácticamente el final, lo que le dio argumentos para reprochar a Adriana Lastra que justificara su salida de la política por tener un embarazo de riesgo, especialmente viniendo del partido que más presume de defender los derechos de las mujeres. Podrá dedicarle ahora más tiempo al pequeño Diego, que cumplirá tres años en diciembre, siempre que su estado de salud se lo permita.

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