Inicio Actualidad Madrid avanza estaciones del Calvario, por Pedro Vallín

Madrid avanza estaciones del Calvario, por Pedro Vallín

Las pistas estaban ahí desde hace meses. La decidida apuesta de Isabel Díaz Ayuso por el barroco español estaba plasmada en sus imágenes plañideras en la catedral de La Almudena –a la hora en que se reunía la conferencia de presidentes– y en el reportaje posterior del diario El Mundo, en que se nos presentaba como una doliente musa de Zurbarán o José de Ribera. Puro barroco, elegía del dolor contrito. Pura contrarreforma.

Madrid ha dispuesto de 24 horas para elaborar un plan de contingencia con el que sustituir la orden ministerial que, a iniciativa suya, tumbó el tribunal Superior de Justicia de Madrid. Y eligió no coger el teléfono la noche del jueves, evitó reunirse con el presidente del Gobierno y no elaboró el nuevo plan para el que había pedido tiempo. Tras apurar las horas con la coartada de presentar una oferta de rendición, el consejero de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero, ha vuelto a presentar la segregación por zonas básicas de salud, con la sola novedad de cambiar la línea roja del confinamiento perimetral –de los estratosféricos 1.000/100.000 a unos igualmente vertiginosos 750/100.000–. Pero haciéndolo a la hora misma en que el Consejo de Ministros tomaba el mando.

La estrategia victimista de Madrid, tan familiar en la política española, es un plan B. Hace cuatro meses, Pablo Casado subrayaba que lo que hiciera Ayuso con la pandemia en Madrid era lo que haría el PP en toda España si estuviera en el Gobierno. En agosto dejó de decirlo.

Pero este plan B, el del dolor, ha resquebrajado el gobierno de la Comunidad. La formación de extrema derecha Vox, que presta apoyo al gobierno de Ayuso desde fuera, quiere elecciones porque sabe que el momento Núñez de Balboa es suyo. Incluso intuye, con olfato, que la actitud y la gestión trumpista de Isabel Díaz Ayuso educa al electorado del PP en el voto a Vox. Ciudadanos no quiere elecciones, y, vista la reacción de Ignacio Aguado este viernes –pidiendo perdón a los madrileños por el fracaso de la política–, no es descabellado pensar que esté dispuesto a sumarse a una moción de censura antes que permitir a Ayuso disolver la Asamblea de Madrid. PP y Ciudadanos se apuntan mutuamente a la cara con sendas pistolas en un empate catastrófico que no durará mucho.

Pertrechada en la autoridad moral de la víctima –suponiendo, que no es poco suponer, que el electorado madrileño sienta con más intensidad el dolor político de Ayuso que su propia vulnerabilidad ante su caótica gestión de la pandemia– y tras perder el control de la gestión de salud de la comunidad, la presidenta madrileña tiene, tras el 155 sanitario del Gobierno, una hoja de ruta ante ella que es también un cuento de la lechera: convocar elecciones, ganarlas, forzar a Ciudadanos a salir de la negociación presupuestaria debido a la campaña electoral y soñar con una desestabilización de la situación catalana. Hacer temblar los cimientos de la legislatura de Pedro Sánchez.

Cualquier cosa que pueda romper el marco que ha creado por Moncloa con los Fondos de Reconstrucción: “Todos conmigo” vino a decir Sánchez el miércoles, mientras los fajos de billetes le colgaban de los bolsillos de la americana. Figuradamente. Quizá, en la actual tesitura, cualquier sacudida es buena para un PP al que los sondeos sitúan cada vez más lejos del PSOE, con el que la distancia empieza a estar más cerca de los diez puntos que de los cinco, mientras la extrema derecha resoplarla en la nuca de Génova, a unos cuatro puntos. Por tanto, elecciones y rearme trumpista en Madrid. Una Madrid antipática y adinerada, rodeada de enemigos reales o imaginados, sola en mitad de la tierra, como la colina de Masada.

El plan tiene una grieta. Que los sondeos que manejen los senescales de la dolorosa, a pesar de su notable destreza en los oficios del barroco español, abran la posibilidad cierta de perder el distrito federal. Llamadas cruzadas, nervios, estrategas y aprendices de brujo jugando con la salud en la zona cero de la pandemia europea. Moncloa al mando. Vienen curvas.

¿Apruebas el estado de alarma en Madrid?