Inicio Actualidad María Torres Oliver: “En los Latin Kings me sentía alguien importante”

María Torres Oliver: “En los Latin Kings me sentía alguien importante”

Con el cambio de milenio, la madrileña María Torres se convirtió, a los 18 años, en la primera reina ‘latin queen’ en España. La ‘Madrina’ de los Latin Kings, Queen Maverick’, le llamaban. Ahora es Mariah (con h) Oliver (su segundo apellido), profesora con estudios de Filología Inglesa. Quiere hacer un doctorado en bandas latinas. Ella estuvo dentro y sabe lo que es.

Asentada en el otro lado, desde su experiencia ayuda a entender todos los porqués que llevan a un/a adolescente a integrarse en una banda. Participa en el proyecto Transgang, que investiga el resultado de las políticas de mediación sobre los grupos transnacionales juveniles, y se presta a contar su historia, similar a la de tantos otros que encuentran en las pandillas callejeras su lugar en el mundo.

Sola en casa

“Mis padres estaban separados, mi madre trabajaba mil horas y yo estaba siempre sola en casa. Cuando eres adolescente necesitas reglas, alguien que te estructure la vida, sientes que no eres nadie”, recuerda Oliver. Dice que siempre le interesaron las causas perdidas, y sentía empatía por otros críos solitarios como ella, que sufrían conflictos familiares, racismo y discriminación. “Eran los ‘panchitos’, les marginaban y yo quería ayudarles y defenderles”. Conoció al ecuatoriano Eric Javier Jara Velastegui, el fundador de los Latin Kings, y se fue a vivir con ellos. 

“Cuando eres adolescente necesitas reglas, alguien que te estructure la vida”

María Torres Oliver

Exlatin queen

Su nueva familia, sostiene, le proporcionaba un chute de autoestima. “Me sentí útil, importante; sientes que cuentan contigo, que eres alguien. Al fin y al cabo somos seres sociales”. Fue ese “orgullo” de tener una posición dentro del grupo, un valor, la que motivó su estancia en la banda. “No fue por amor. Éramos unos críos y tener una estructura, con una autoridad, te ordena la vida y te da una responsabilidad”. Ellos recreaban las organizaciones que tenían en sus países de origen, y la joven madrileña quedó atrapada por los lazos de solidaridad y de apoyo que se establecían. Muchos trabajaban en la construcción; ella, en telepizzas, tiendas… “Siempre he trabajado”. Podían permitirse la independencia.

“Las chicas no éramos violentas”

A su madre, sostiene, no le hizo ninguna gracia. “Dejó que yo misma me diera cuenta de mi metedura de pata”. Admite que a veces se producían peleas, aunque “ese no era el objetivo” del grupo. “Nosotras, las chicas, no éramos violentas”, asegura. Seis años después llegó la caída. En el 2007, junto con otros 13 cabecillas de los Latin Kings, se sentó en el banquillo de los acusados por asociación ilícita, coacciones y amenazas a otros miembros de la banda. Según el juez, ella ocupaba la “dirección suprema de todas las mujeres de la banda”. Purgó seis meses de prisión preventiva y fue condenada por asociación ilícita. “Nunca me sentí culpable, pero lo lamenté por mi madre”, afirma la hoy maestra, que al salir hizo borrón y cuenta nueva.

Casi dos décadas después, Oliver considera que la mediación es la clave para que los miembros de estas bandas, cada vez más heterogéneas, dejen las calles y se integren en la sociedad. “Han desaparecido los trabajadores sociales, que son quienes en un primer contacto les escuchaban y ayudaban. La mayoría de esos chavales no son unos delincuentes. Pero necesitan unas herramientas para integrarse y hay que ofrecérselas. Los sistemas punitivos no funcionan. Si a un adolescente le dices que no salga, querrá salir más”, argumenta la docente, un ejemplo de superación y esperanza para todos ellos.