Marina Cano: «La Seguridad Social debería recetar viajar»

Siempre pendiente del cielo o de la luz, cuando no toma fotos tiene la sensación de que se pierde cosas

Marina Cano lleva más de 25 años dedicada a la fotografía y ya ha obtenido un gran reconocimiento internacional. La santanderina se confiesa una enamorada del continente africano y colabora con distintas organizaciones que protegen a especies amenazadas, como el elefante. En su último libro, «Inspiración + Naturaleza» (Photo Club) explica las claves de su técnica.

¿De dónde le viene su pasión por la fotografía?

Mi padre era un fotógrafo aficionado y en casa teníamos una ampliadora. Yo me colaba a ver la magia del revelado del papel en el agua suavemente iluminado por una tenue luz roja. Con ese bagaje, a los 16 o 17 años empecé a utilizar su cámara y a revelar en blanco y negro. Con internet apareció un mundo fotográfico nuevo, aún más deslumbrante que el del inicio.

¿Por qué se decidió por la fotografía de fauna?

Teniendo en cuenta que la población mundial es de más de siete mil millones de personas, entre los cuales, sin contar a quienes hacen fotos con el móvil, hay varios millones de fotógrafos, tenemos que encontrar un camino que nos haga destacar entre esos millones de fotógrafos que habitamos en el planeta. En mi camino llueve a mares, hay pájaros, mariposas, playas salvajes…

¿Se trata de una profesión complicada?

Si le dijéramos a Google que nos buscara una profesión complicada probablemente aparezca fotógrafo de fauna o de naturaleza en la lista. No es un trabajo fácil. Hay mucha competencia. Tienes que viajar lejos de casa. Y en un mundo dominado por hombres, el de la fotografía por goleada, y el de la fauna casi convertido en un sinónimo de masculinidad, soy como una rara avis. No sé con certeza si ser una mujer ha supuesto un obstáculo en mi profesión, ni lo sabré nunca, pero con total seguridad sé que no me lo ha puesto más fácil.

¿Qué hace un fotógrafo de fauna?

«Con la cámara estamos menos tiempo del que quisiéramos»

Con el ojo pegado al visor de la cámara estamos realmente mucho menos tiempo del que quisiéramos. Una vez que tienes un porfolio de trabajo que respalda tu trayectoria, hay que promocionarlo, publicarlo, responder a entrevistas en revistas fotográficas, dedicar buena parte del tiempo a la enseñanza a través de talleres, safaris y charlas. También hay que invertir tiempo escribiendo artículos o blogs. Y si publicas libros periódicamente, entonces, tienes que estar dedicado a ello en cuerpo y alma durante meses.

¿Qué inspira a un fotógrafo de fauna?

Cuando pensamos en inspiración, hablando de fotografía, lo primero que nos viene a la mente es un autor o un estilo que nos apasiona. Hay fotos que al verlas pareciera que entrara más luz en tus ojos: «Quiero conseguir algo así»; «Quiero visitar ese lugar». La naturaleza, por supuesto, es ya en sí misma una gran fuente de inspiración: es imposible no quedarse maravillado con ella. Creo que la Seguridad Social debería recetar algunos destinos fotográficos al menos una vez en la vida.

¿Cuáles serían esos destinos para usted?

Hay lugares donde de repente todo tiene sentido y lugares donde perderlo. Da exactamente igual. Un ejemplo sería el Parque Nacional de Amboseli (Kenia), donde he visto los colmillos de elefantes más hermosos que nadie pueda imaginar. Allí podemos encontrar, si no tardamos muchos años en llegar, elefantes entre acacias recortadas sobre la majestuosa montaña de nieves perpetuas que es el Kilimanjaro.

Antes de viajar a África, su gran sueño, se refugió en Cabárceno. ¿Qué aprendió durante su etapa como fotógrafa en el parque de fauna más grande de Europa?

Aprendí todo lo que sé. Me enamoré de los animales que alberga el centro. Los visitaba tan a menudo que empecé a conocer sus caras, a sus hijos, sus amores, sus rivalidades… Fui testigo de sus días durante años. En Cabárceno empecé a sentirme uno de ellos.

¿Existe el factor suerte en la fotografía de naturaleza?

Sí, pero debes dejar que la suerte llegue si quiere y, al igual que las musas, te encuentre trabajando. Cuando alguien contempla una de tus fotos y te dice: «¡Oh, vaya suerte que tuviste!», dentro de ti sabes que hubo un gran esfuerzo para llegar hasta ese momento y lugar. Y, además, para que ese glorioso día sucediera, hubo otros cientos no tan afortunados. Pequeños fallos me han hecho perder grandes fotos, sobre todo de aves y felinos. Fallos mecánicos, errores humanos, olvidos, descuidos, quehaceres… un sinfín de fatalidades que en algún momento me han hecho sentir la fotógrafa más desafortunada del planeta. Todos hemos perdido fotos que nunca se nos irán de la retina. No es mala suerte, es la vida.

¿Qué hace cuando no hay acción o nada interesante pasa a su alrededor?

Les hablo a los animales. Les pregunto qué tal están y les sugiero que se muevan a su derecha o izquierda porque ahí hay una luz mejor.

¿Cómo es el proceso de selección de una foto?

«La fotografía de fauna es casi un sinónimo de masculinidad»

En mi caso, selecciono una imagen según la emoción que me transmita. En las series que hice en el punto de agua «Okakuejo» (Parque Nacional de Etosha, Namibia), donde las jirafas van a beber, para seleccionar la foto que envié al concurso Wildlife Photographer of the Year amplié todas las imágenes que tenía, comparé todas las posiciones de cada una de las jirafas y busqué que además coincidieran con el perfil del rinoceronte donde se aprecia bien el cuerno. Ninguna jirafa tenía que quedar solapada con la otra, confusa en el perfil o incompleta en el reflejo de la charca. Todo tenía que tener armonía y además estética. Tomé 225 fotos y escogí una.

Kenia, Sudáfrica, Botsuana, Namibia, España, México, Inglaterra… Ha visitado distintos lugares de estos países. ¿Cuál es su próximo destino?

Próximamente volveré a Botsuana. Pero me gustaría fotografiar a los gorilas en Virunga (República Democrática del Congo) y a los osos polares del norte de Alaska o de cualquier otro lugar helado donde me aseguren que puedo encontrar a madres de este plantígrado con sus crías.