Inicio Actualidad Marruecos entorpece el ritmo de expulsión de inmigrantes y continúa el asedio...

Marruecos entorpece el ritmo de expulsión de inmigrantes y continúa el asedio a la frontera

El Gobierno continúa gestionando la devolución a Marruecos de unos 1.000 menores marroquíes que entraron a Ceuta en la avalancha del 17 y 18 de mayo. Para poder llevar a cabo su retorno con sus familias, la Fiscalía de Ceuta junto con la Fiscalía General del Estado tiene que llegar a un acuerdo con la Fiscalía de Marruecos en un contexto en el que ambos países viven una etapa de alta volatilidad en sus relaciones.

Por ahora, el Ejecutivo no tiene ningún procedimiento actualmente previsto para la devolución de estos menores. Tampoco hay solución a la vista para el casi millar de marroquíes que continúan en las calles de Ceuta, y cuyo retorno forzoso se ha visto impedido por la falta de colaboración de las autoridades marroquíes.

A ese frente se suma otro no menos preocupante, ya que en la frontera del Tarajal que separa Ceuta de Marruecos, las fuerzas de seguridad detectaron este lunes un nuevo intento de entrada de una decena de inmigrantes marroquíes, así como aglomeraciones en las inmediaciones del lado marroquí de la valla. La frontera ha amanecido este martes tranquila, si bien continúa habiendo numerosos inmigrantes en torno al puerto y esta mañana han sido detenidos tres polizones.

La frontera no ha registrado incidencias en las últimas horas después de que las fuerzas marroquíes impidieran este lunes por la tarde que decenas de jóvenes se lanzaran al mar con la intención de llegar a Ceuta. Una patrullera de la Gendarmería marroquí impidió la llegada a la ciudad autónoma española de una decena de personas que se habían arrojado al mar en las inmediaciones de la frontera ceutí.

Numerosos jóvenes se concentraron en el entorno de la población de Castillejos, lo que obligó a intervenir a la Policía marroquí mientras que la Guardia Civil de Ceuta se desplegaba en la frontera.

Mientras tanto, la presión continúa en el puerto ceutí donde esta mañana han sido sorprendidos tres marroquíes que pretendían llegar a nado al casco de uno de los barcos de pasajeros que cubren la ruta con Algeciras (Cádiz). Los tres inmigrantes llevaban puestos trajes de neopreno.

La crisis se agrava

Marruecos desligó este lunes lo que llamó «grave crisis» con España de la suerte que corra el líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, que ha comparecido este martes ante la Audiencia Nacional, al advertir de que lo que espera de Madrid es «una aclaración sin ambigüedades de sus elecciones, sus decisiones y sus posiciones» sobre la cuestión del Sáhara.

Ghali ha negado estar involucrado en las dos denuncias presentadas contra él: una interpuesta por el ciudadano hispano-saharaui Fadel Breica por «detención ilegal, torturas y lesa humanidad», y la otra presentada por una asociación canaria por «genocidio, asesinato, terrorismo, torturas y desapariciones» sufridos «por los prisioneros de guerra» y por ciudadanos saharauis, «especialmente por los de origen español, en manos del Frente Polisario».

«La crisis no se reduce a un hombre: no comienza con su llegada, ni terminará con su partida. Se trata, ante todo, de una cuestión de confianza y de respeto mutuo rotos entre Marruecos y España (…) Las legítimas expectativas de Marruecos van más allá: comienzan con una aclaración, sin ambigüedades, por parte de España, de sus elecciones, sus decisiones y sus posiciones», dice el comunicado de Exteriores.

Es la primera vez que Marruecos «aparca» de manera clara el destino inmediato de Brahim Ghali para trasladar la crisis al terreno puramente político, al considerar que en España «hay connivencia con los adversarios del Reino (el Frente Polisario)», y el caso Ghali «ha revelado las actitudes hostiles y las estrategias perjudiciales de España hacia la cuestión del Sáhara marroquí».

El comunicado recuerda que la cuestión del Sáhara «es sagrada para todo el pueblo marroquí», y aprovecha para hacer un paralelismo entre este tema y la cuestión catalana, anotando que «Marruecos no optó por la neutralidad, sino que fue uno de los primeros en ponerse del lado de la integridad territorial y la unidad nacional (española) de forma clara y contundente».

A la declaración del gobierno marroquí respondió desde Alcalá de Henares el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez: «No es admisible que un Gobierno diga que se atacan las fronteras de España» a consecuencia de «desavenencias y discrepancias en política exterior», sobre todo cuando España «concibe su relación con Marruecos desde un punto de vista estratégico».

Un conflicto enquistado

El conflicto del Sáhara Occidental, en el centro de la actual crisis entre Marruecos y España, se arrastra desde hace casi medio siglo, con años de bloqueo en Naciones Unidas, pero en los últimos meses ha dado un nuevo giro tras un inesperado movimiento del expresidente estadounidense Donald Trump.

EL ORIGEN

El contencioso sobre el Sáhara Occidental comenzó en 1975 cuando Marruecos se anexionó el territorio aprovechando un proceso de descolonización iniciado por España tras la recomendación de la ONU y la fragilidad de Madrid en los últimos momentos del franquismo. Rabat lo hizo tras impulsar la Marcha Verde, una operación en la que participaron unos 350.000 marroquíes y que precipitó la salida de las tropas españolas de la zona, además de la huida de miles de saharauis. Apenas unos días después, se firmaban en Madrid los Acuerdos Tripartitos por los que España cedió la parte norte y centro del Sáhara a Marruecos y el sur a Mauritania.

LA GUERRA

Así, el 27 de febrero de 1976 España se retiró definitivamente del Sahara y el Frente Polisario proclamó unilateralmente la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) en Tinduf (Argelia) y declaró la guerra a Marruecos y Mauritania. El Polisario, respaldado entre otros por Argelia, lanzó una campaña guerrillera que terminó por llevar a Mauritania a renunciar a ejercer su soberanía sobre la parte del territorio que controlaba y a firmar la paz con el movimiento saharaui en 1979. Marruecos aprovechó para hacerse con esa zona, pasando a controlar la mayor parte del Sáhara Occidental, y continuó combatiendo al Frente Polisario hasta que las dos partes acordaron un alto el fuego en septiembre de 1991.

EL REFERÉNDUM

El alto el fuego fue el resultado de un plan impulsado por la ONU en 1988, que preveía un cese de las hostilidades y un periodo transitorio para preparar un referéndum en el que el pueblo saharaui eligiese entre la independencia y la integración en Marruecos. Para apoyar el proceso, el Consejo de Seguridad creó la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (Minurso), una operación que aún hoy sigue sobre el terreno y que se encarga, entre otras cosas, de vigilar el alto el fuego. La consulta, mientras tanto, sigue sin celebrarse. Primero fueron discrepancias sobre el censo de votantes saharauis y después un rechazo ya frontal de Marruecos a aceptar la consulta, con Rabat ofreciendo como única vía una propuesta de autonomía.

BLOQUEO EN LA ONU

Con el Polisario enrocado en la necesidad de un referéndum de autodeterminación y Marruecos cómodo con su control del territorio y su oferta de autonomía, los años han ido pasando sin que el Consejo de Seguridad haya actuado para tratar de romper el bloqueo. Casi por inercia, las potencias del Consejo han ido extendiendo el mandato de la Minurso y manteniendo la cuestión en un segundo plano, al tiempo que modificaban poco a poco el lenguaje de sus resoluciones en una línea que, para muchos analistas, es cada vez más favorable a los intereses marroquíes. La palabra referéndum, de hecho, ha dejado de aparecer en los textos, que repetidamente han instado a las partes a negociar para lograr “una solución política justa, duradera y aceptable para todas, basada en la avenencia, que prevea la libre determinación del pueblo del Sáhara Occidental».

FRACASO DE LA MEDIACIÓN

Mientras, distintos mediadores de Naciones Unidas han pasado por el cargo con planes y negociaciones para tratar de encontrar una salida, por ahora sin ningún tipo de éxito y en varias ocasiones tras ser sometidos al ostracismo por parte de las autoridades marroquíes. La parálisis ahora mismo es casi total y el puesto de enviado especial de la ONU lleva dos años vacante dada la falta de acuerdo en el Consejo de Seguridad y entre las partes del conflicto, mientras la tensión ha vuelto a aumentar sobre el terreno, con algunos choques armados y el Polisario declarando la ruptura del alto el fuego. El último mediador, el alemán Horst Köhler renunció por motivos de salud en mayo de 2019, tras haber generado ciertas esperanzas al lograr sentar a Marruecos y el Polisario, junto con Argelia y Mauritania, en una mesa redonda para abordar el conflicto.

EL PAPEL DE LAS POTENCIAS

Tradicionalmente, Francia -que tiene poder de veto en el Consejo de Seguridad- ha sido el gran apoyo marroquí en la ONU, donde con una diplomacia silenciosa ha evitado cualquier movimiento que pudiese complicar las tesis de Rabat. Lo han permitido el resto de potencias, que en general no han dado demasiada importancia al conflicto en la excolonia española y que habitualmente evitan pronunciamientos contundentes al respecto. Estados Unidos, que desde hace décadas es el encargado de redactar las resoluciones del Consejo sobre el conflicto, es el otro gran actor en Naciones Unidas, pero su política respecto al conflicto ha ido variando de Administración a Administración.

LA SORPRESA DE TRUMP

Washington, sin embargo, ha sido quien ha generado el último gran giro en este contencioso, al reconocer el pasado diciembre la soberanía marroquí en el Sáhara Occidental en un pacto tripartito que incluía el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Marruecos e Israel. El movimiento de Trump, que llegó cuando ya estaba a punto de abandonar la Casa Blanca y que por ahora no ha sido modificado por la Administración de Joe Biden, ha reforzado al Gobierno marroquí, que ha comenzado a exigir a sus socios europeos que se alineen con esta postura. Esa parece ser su gran reclamación para Madrid, según apuntó este lunes el Ministerio de Exteriores de Marruecos, que aseguró que la crisis bilateral sólo se terminará cuando «España aclare sin ambigüedades sus elecciones, sus decisiones y sus posiciones» en relación al Sáhara Occidental.