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Marta Orriols: “La muerte es un tabú. No sabemos hacerle un lugar al dolor”

Entre “el antes y el después”. En ese paréntesis se siente “atrapada” Paula, protagonista de ‘Aprendre a parlar amb les plantes’ (Edicions del Periscopi / Lumen), neonatóloga de 42 años, “acostumbrada a salvar a recién nacidos y a vencer a la muerte”, que de repente recibe la noticia de que su pareja, Mauro, ha muerto en un accidente de tráfico. Horas antes él le había dicho que la dejaba, que había otra mujer. “El dolor, el desconcierto absoluto, el duelo, el miedo, la rabia, las inseguridades, sus reflexiones sobre la muerte y la ausencia…” son el explosivo cóctel de sentimientos y pensamientos de un personaje “que está cansado y angustiado de estar encerrado en sí mismo”, explica Marta Orriols (Sabadell, 1975). Sabe bien qué siente Paula en esta ficción que la autora aclara que no es autobiográfica. “La suya no es mi historia pero hay mucho de mí en ella”, reconoce la autora de los celebrados relatos de ‘Anatomia de les distàncies curtes’, (2016), que perdió a su pareja y padre de sus dos hijos en un accidente aéreo. 

“La muerte es un tabú. Pasamos de puntillas sobre ella. Es normal que nos aferremos a la cara amable de la vida porque sería muy triste vivir pensando que vamos a morir. No hablamos de ella por miedo a atraerla. Pero cuando una muerte es a destiempo, cuando no toca morir –“la muerte que no avisa”, la llama Paula- ese tabú es más evidente porque la gente te arrastra a una pretendida normalidad que para ti no existe, a que estés bien, a recuperar tu vida. No sabemos hacerle un lugar al dolor en nuestra sociedad. Y la propia Paula se obliga a ello, a no caer, no se permite llorar ni estar triste”, señala.  

“La gente te arrastra a una pretendida normalidad que para ti no existe. No te permites llorar ni estar triste”

Con la muerte como “experiencia vital universal”, casi convertida en “un personaje más, física y real”, traza su primera novela Orriols, de la que ya ha vendido los derechos en seis idiomas y con versión castellana hecha por ella misma. Íntimo e introspectivo, “es un libro muy luminoso porque Paula ve que la vida debe seguir y para ello entiende que la única forma de vencer al dolor es aceptar que debe estar ahí, que es lo único que le queda de la persona que ha perdido”, opina la autora, que empezó a escribirlo después de que su entonces editora en Lumen, Silvia Querini, le regalara ‘Nora Webster’, del irlandés Colm Tóibín, donde la protatonista es una viuda de su misma edad. 

Relaciones sexuales  

El hecho de que a Paula su pareja iba a dejarla provoca en ella otra forma de asumir el duelo. “Es injusto recordar a una persona solo por las cosas buenas. El ser humano es imperfecto. En todas las novelas que he leído sobre muerte mientras escribía se tiende a idealizar a la persona que ya no está. La novela le da la vuelta a eso. Y hay algo de venganza en los acercamientos y relaciones sexuales con los que ella se pone a prueba con otros hombres, aunque luego sienta un vacío absoluto. Eso también revela sus dudas -¿seré capaz de sentirme atractiva y viva, de tener contacto físico?- y su necesidad de sentirse viva y acompañada, de que la abracen, de sentir que en ese mundo no todo es muerte y dolor”. Y ahí aparece “un tabú mayor incluso que el de la muerte”: “Tienes 42 años, que no es lo mismo que eso te pase a los 80. Aún eres joven, tienes mucha vida por delante y evidentemente piensas en si volverás a tener una pareja. Y la culpabilidad se te come por pensarlo”.   

“Es injusto recordar a una persona solo por las cosas buenas. Tendemos a idealizar a los muertos”

La mentira, aunque sea por omisión, sobrevuela la novela. “Ella no les dice a esos hombres con los que está que ha perdido a su pareja porque huye de la mirada de pena de todo el mundo que la conoce. Y por la misma razón a quienes lo saben no les dice que Mauro la había dejado antes de morir. Es una lucha consigo misma para evitar que la vean con pena”.  

Mentira y autoengaño

También aparece “el autoengaño”. “Está la mentira de su pareja, que lleva tiempo con otra mujer. Y Paula se miente a sí misma porque ya sabía que las cosas con Mauro hacía tiempo que no iban bien e intuía algo”. Tanto era así que aunque ella no quería tener hijos pero sabía que él sí llega a pensar en decirle que está dispuesta a ser madre. “Cree que quizá no se esforzó lo suficiente para evitar la ruptura. Se da cuenta de que no eran una pareja excepcionalmente feliz. Vivían un estado involuntario al que llegan muchas parejas. Es cuando ella lo pierde cuando entiende que podría haber hecho mucho más y se da cuenta de que necesita aquella rutina. No te das cuenta del valor de algo que das por hecho hasta que lo pierdes”.     

Asume Orriols que la educaron “para ser fuerte y para no hablar del dolor”. Ahora, sin embargo, asume que “la verdadera fortaleza está en mostrar el dolor que sufres”. Todo se resume, añade, “a agarrarse a la vida sabiendo que la muerte lo gobierna todo”.