Me quedé sin pediatra

¿Esperar tres semanas para la revisión del recién nacido? “De repente, nuestra magnífica atención pediátrica en el CAP de la Vila Olímpica se había esfumado. No había pediatra para todos”, explica Àngels Castillo, usuaria de este servicio sanitario público.

Problemas de titulaciones y otras circunstancias organizativas parecían haberse conjurado para que en este CAP pasaran de cuatro pediatras (dos de mañana y dos de tarde) a tres; luego dos, luego ninguna, por enfermedad. Se procuró algún refuerzo y los médicos de familia atendieron las urgencias, pero no se podía programar ninguna visita. Muy diferente a lo que tenían. “Te llamaban por la noche ante cualquier problema delicado, teníamos su teléfono o su correo. Las pediatras eran nuestros referentes con los hijos”, explica Eva Tel, otra de las madres afectadas.

El asunto dejó de ser un problema personal, íntimo. Usuarias de esa atención pediátrica que no se conocían de nada empezaron a organizarse para poner el grito en el cielo. “En tres semanas hemos hecho un máster en ratios, especialidades, titulaciones y nos hemos organizado para reclamar. De momento, parece que hemos conseguido la solución. Se han convocado plazas y habrá pediatras de nuevo”. Desde el Pamem, la organización municipal que gestiona este CAP, aseguran que nunca han estado sin pediatra, que lo iban solucionando con refuerzos de otros centros, pero reconocen que les cuesta encontrar especialistas para primaria. Incluso en una buena zona de Barcelona.

Faltan 300 en Catalunya

¿Por qué no se encuentran profesionales que se ocupen de los pequeñitos, de sus vacunas, su crecimiento, su obesidad, sus infecciones, sus problemas de aprendizaje y todas aquellas enfermedades de mayor calado que se detectan en la primaria? “Faltan 300 pediatras en Catalunya, en algunas zonas entre el 30% y el 40% de los niños están siendo atendidos por médicos no pediatras”, explica el presidente de la Societat Catalana de Pediatria, Valentí Pineda.

El problema se arrastra desde hace años. Hace diez se definió un plan a largo plazo en el departament de Salut para afrontar el problema, pero no se ha desarrollado y se ha empeorado. Este año se emprendió una estrategia de asistencia primaria y comunitaria en Catalunya pero se olvidó de entrada de los pediatras. Ahora se han incorporado, pero los diagnósticos sobre lo que hay que hacer difieren.

“Los especialistas que salen del MIR, 62 cada año en Catalunya, resultan insuficientes para atender las necesidades y reponer la pérdida por jubilaciones, pero además no quieren ir a una primaria prácticamente incompatible con la vida familiar, porque sólo hay oferta por la tarde, donde es muy difícil seguir formándose, donde unos han de sustituir a los otros sobrecargando su agenda porque no se encuentran sustitutos…”, enumera Vicente Morales, vicepresidente de la Catalana de Pediatria. Es el mismo panorama en todas las comunidades. Hace una semana se suspendió la huelga de pediatras de primaria en Cantabria con un pacto de horarios y sustituciones.

“Los datos no coinciden con los nuestros, tampoco la interpretación”, señala Cristina Nadal, directora de Atenció Sanitaria en la Conselleria de Salut. “De los 369 equipos de primaria que tenemos en Catalunya, solo en nueve consta que no atiendan pediatras, sino médicos de familia con preparación pediátrica”.

Cuatro mocos

Pero al margen de la discrepancia en las cifras, Nadal sostiene que no hacen falta más pediatras para primaria. “Si se formaran más MIR sería para que se subespecializaran en otras ramas de la pediatría que no paran de crecer en necesidades, como los endocrinos pediátricos para atender la realidad trans o la oncología pediátrica. Y no les faltará empleo. Todos queremos que quien nos atienda cuando uno de nuestros niños tiene un problema grave sean los máximos expertos. Y no quieren especializarse para ver los cuatro mocos en la consulta, trabajando prácticamente solos, profesionales sin posibilidades de ir a un congreso y actualizar sus conocimientos. El modelo no funciona. No existe ya ese médico de pueblo”. El informe sobre infancia del Síndic de Greuges publicado la semana pasada recomienda, en cambio, que se afronte este déficit del 40% y que se reconozca el derecho de los niños a ser atendido por un pediatra.

“No me veo”

Laura Marchena, barcelonesa, residente de pediatría en un hospital alemán, coincide con Nadal. “No me veo. Un pediatra puede estar muy bien formado, pero aislado, no puede ser igual de resolutivo. Además, lejos del hospital perderías contacto con subespecialistas pediátricos, y no tendrías la posibilidad de seguir aprendiendo de expertos”. Enumera lo que menos le gusta de la primaria, a la que en el MIR en España apenas dedican 3 meses en los cuatro años de especialidad: “La muy alta presión asistencial, falta de trabajo en equipo, los malos horarios difícilmente compatibles con la maternidad, pocas posibilidades de formación, falta de suplentes, y, encima, en primaria peores salarios”.

Otro modelo en expansión

Los pediatras coinciden en que hay que cambiar el modelo. “Hay varias experiencias de agrupaciones de especialistas de varios equipos de primaria en un centro mayor que se organizan para atender a varias poblaciones o diferentes zonas de la ciudad, siempre vinculados a algún hospital de referencia”, explica Morales. “Esa agrupación es más incómoda para las familias, que se han de desplazar a veces a otro pueblo, pero a cambio tienen pediatras muy formados, no sobrecargados, que se organizan sus suplencias y sus horarios, que pueden convocar a especialistas para tratar en profundidad casos difíciles”. El ICS ha desarrollado varias agrupaciones de este tipo y ahora, en Barcelona, una tercera parte de los CAP trabajan así.

Lo que no comparten los pediatras es la idea de que su trabajo de primaria sea atender cuatro mocos. “En el Reino Unido, cuando faltaron pediatras, se encargó la tarea a los médicos de familia y dejaron a los especialistas en niños como consultores. Ha supuesto problemas en el uso de antibióticos, más pruebas complementarias, retrasos en el diagnós-tico. Aquí hemos ido mantenien-do la calidad, pero estamos al límite”, dice Vicente Morales.

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