Merkel o Merkel

La suerte está echada, a juzgar por los sondeos. Merkel o Merkel. Alemania celebra este domingo elecciones para renovar el Parlamento, entre el general convencimiento de que la actual canciller democristiana, Angela Merkel, que lleva doce años en el poder, obtendrá un cuarto mandato. Las opciones de su contrincante, el socialdemócrata Martin Schulz, son prácticamente nulas, y la única incógnita palpable es si Merkel acabará gobernando en una Grosse Koalition (coalición de los dos partidos más votados), como la que ha regido en esta legislatura, o si la aritmética le brindará la opción de aliarse con dos partidos pequeños, en particular los liberales del FDP y los ecologistas de Alianza 90/los Verdes. Lo que está cantado es el ingreso en el Bundestag (cámara baja) de un partido de ultraderecha, Alternativa para Alemania (AfD), por primera vez en la Alemania surgida en 1949 tras la Segunda Guerra Mundial y el nazismo.

Están llamados a las urnas 61,5 millones de alemanes de 18 o más años, sobre una población total de 81 millones. Los colegios abren de 8 a 18 horas. Según los últimos sondeos de tres institutos demoscópicos (Emnid, Forsa e INSA), publicados el viernes, la Unión Cristiana Demócrata (CDU) de Merkel, junto a su formación hermana de Baviera, la Unión Social Cristiana (CSU), obtendrían entre el 34% y el 36% de los votos, mientras que el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) de Schulz lograría entre el 21% y el 22%. Si para la CDU/CSU significaría un descenso relevante desde los comicios del 2013, en los que cosechó el 41,5% de los sufragios, para la socialdemocracia sería el peor resultado electoral desde la reunificación de Alemania en 1990.

Alemania celebra elecciones para renovar el Parlamento, entre el general convencimiento de que la actual canciller Angela Merkel, que lleva doce años en el poder, obtendrá un cuarto mandato

Así las cosas, en un país sin jornada de reflexión previa a la cita con las urnas, Martin Schulz ofreció ayer su último mitin en Aquisgrán (oeste), mientras Angela Merkel optaba por hacerlo en el nordeste. Sin embargo, sus grandes mítines de cierre fueron el viernes: Merkel en Múnich, agasajada por sus socios de la CSU, y Schulz en Berlín, peleando “hasta el último voto” –así dijo– y llamando a no rendirse.

“Los próximos cuatro años no deben ser cuatro años de parón y letargo, en los que la señora Merkel gobierne como en los últimos años, en que sólo gestiona el aburrimiento del pasado”, tronó el candidato socialdemócrata en la plaza Gendarmenmarktl. Le acompañaban los ministros del SPD que han estado en el Gobierno de coalición con Merkel. Gracias a ellos, recalcó Schulz, se aprobó un salario mínimo, se redujo la edad de jubilación a los 63 años para determinados colectivos, y se equiparó por ley el matrimonio entre homosexuales.

Según un estudio de Forsa, desvelado el viernes, tres de cada cuatro electores tienen ya decidido su voto

En Múnich, en pleno Oktoberfest de la cerveza, unas 8.000 personas escucharon en la céntrica Marienplatz el discurso de Merkel, quien recibió silbidos de alborotadores de ultraderecha –una práctica con que la han obsequiado durante toda la campaña, sobre todo en el este–, y esta vez también de izquierdistas radicales. “Silbar y gritar no asegurará el futuro de nuestro país”, les replicó ella. La canciller ha llevado a cabo una campaña cautelosa, haciendo hincapié en el escaso paro que sufre Alemania, en su fuerte crecimiento económico y equilibrio presupuestario, y en la estabilidad del país en medio de un agitado mundo exterior.

Según un estudio de Forsa para el Frankfurter Allgemeine Zeitung, desvelado el viernes, tres de cada cuatro electores tienen ya decidido su voto. El resto de votantes, técnicamente indecisos, podrían decantarse por la abstención, si la participación se mantiene similar a comicios anteriores (en el 2013 fue del 72,4%); o ir a la ultraderecha, que en elecciones regionales se ha revelado muy eficaz en la pesca de votos de quienes solían abstenerse.

Están llamados a las urnas 61,5 millones de alemanes de 18 o más años, sobre una población total de 81 millones

Las tres encuestas del viernes otorgaban el tercer puesto, anhelado por todos los partidos pequeños, a la populista derechista AfD, que con su discurso nacionalista, antiinmigración y antiislam recibiría entre el 11% y el 13% de los votos. Detrás, y en este orden, aparecerían los izquierdistas poscomunistas de Die Linke, con un máximo del 11%; los liberales del Partido Demócrata Libre (FDP), con un máximo del 9,5%; y en último lugar, los ecologistas de Alianza 90/los Verdes, con un 8% como mucho.

La ley electoral por la que Alemania elige a sus representantes en el Bundestag es digna hija de su historia atormentada del siglo XX. El sistema intenta combinar las ventajas de la representación directa y de la representación proporcional, y al tiempo proteger el Parlamento de la fragmentación reinante durante la República de Weimar en el periodo de entreguerras.

Todo elector emite dos votos, marcándolos con una cruz (véase gráfico). Con el primer voto (Erststimme) elige al representante que desea para su distrito electoral. Con el segundo voto (Zweitstimme) indica su partido preferido, que presenta una lista. Curiosidad: Merkel no figura en la lista del partido, sino que es candidata de la CDU en el distrito de Rügen/Greifswald (nordeste, donde pasó la tarde ayer), mientras que Schulz sí concurre en la lista general del partido.

Lo que está cantado es el ingreso en el Bundestag (cámara baja) de un partido de ultraderecha, Alternativa para Alemania (AfD), por primera vez en la Alemania surgida en 1949 tras la Segunda Guerra Mundial y el nazismo

Con esos dos votos combinados al 50%, se decide la composición de un Bundestag que oficialmente tiene 598 escaños, número que puede crecer en función de ciertas circunstancias. Por ejemplo, si un partido (suele ocurrir con los dos grandes) logra más diputados de distrito en un land de los que les corresponderían por el segundo voto, el sistema genera más escaños y compensa a los otros partidos. Por eso, el último Bundestag tenía 631 diputados.

Los partidos pequeños no se esfuerzan por conseguir el Erststimme, pues al salir elegido sólo un candidato por distrito, acostumbra a ser de uno de los dos partidos grandes. Un hábito histórico de muchos votantes conservadores era dar su primer voto al candidato democristiano (o socialcristiano en Baviera) de su distrito; y el segundo al partido pequeño deseado como socio de coalición (en especial el FDP), para ayudarle así a juntar escaños en el Bundestag. Importante: obtienen representación los partidos que reciben al menos el 5% del Zweitstimme. Pero ahora, como Merkel y los suyos no las tienen todas consigo en cuanto a su fortaleza final en el hemiciclo, tras la erosión en los sondeos sufrida esta semana, han tocado a rebato para que sus seguidores les otorguen los dos votos.

Todos los partidos han hecho llamamientos a frenar a Alternativa para Alemania (AfD). En su mitin del viernes en la Gendarmenmarkt berlinesa, Schulz llamó a “impedir el domingo que un partido del odio entre en el Bundestag”, y se encaró así con la AfD: “Sois nuestros enemigos; defenderemos la democracia en Alemania”. El desembarco de la AfD es un vuelco histórico anunciado de estos comicios.

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