Merkel previene contra los radicalismos de izquierda

La canciller ha puesto el foco sobre las consecuencias reales de los gobiernos de izquierda radical

La agenda para la vuelta al cole de Angela Merkel estaba cerrada desde antes de irse de vacaciones y consistía en un acto de donación de 50 millones de euros a la Agencia para Refugiados de Naciones Unidas, en el que colgarse de cara al electorado la medalla de haber dado ejemplo al mundo durante lo peor de la crisis, y un encuentro con trabajadores cristianos que tendrá lugar mañana en Dortmund y en el que posiblemente lance un primer mensaje de campaña en clave económica. Eso era lo previsto. Pero la canciller alemana incluyó a última hora una visita a la sede de la Stasi, la temida policía de la antigua RDA, la Alemania comunista del Muro de Berlín, en la que ha aprovechado para prevenir contra los extremismos de izquierdas y recordar los «regímenes injustos» a que dan lugar ese tipo de ideologías.

Merkel creció en la RDA como hija de un pastor protestante. Conoce de primera mano el sufrimiento que causan el totalitarismo y la represión, la persecución a que son sometidos los disidentes y la dureza de la vida cristiana en situación de acoso. «parece que hace mucho y que todo esto quedó atrás, pero tenemos que mantener vivo el recuerdo de lo ocurrido y seguir luchando par que no se repita», ha dicho, insistiendo en que «la democracia que ahora disfrutamos no debe considerarse algo dado por hecho, como un fenómeno natural» y en la necesidad de plantar cara a las tendencias amenazantes presentes.

Merkel no ha citado expresamente a los partidos de extrema izquierda que han surgido en varios países europeos durante los últimos años, como fruto de la frustración y la amargura que los estragos de la crisis han inyectado en parte del electorado. Tampoco ha citado la crisis venezolana, sobre la que ha estado siendo puntualmente informada durante las tres semanas de receso vacacional. Fuentes cercanas al gobierno apuntan, sin embargo, que ambos asuntos forman parte de las reflexiones políticas de la canciller alemana en esta precampaña electoral, junto al impacto que causó en toda Alemania la violencia desplegada por los manifestantes de «Bloque Negro» en Hamburgo durante la cumbre del G20 de junio.

Con este discurso, Merkel ha devuelto además a un tono de gravedad el debate abierto durante la última semana por el histórico miembro de Die Linke (La Izquierda), Georg Gysi, que en el tórrido verano preelectoral ha defendido en una entrevista la promesa de su partido de aumentar notablemente las áreas nudistas en Alemania, argumentando que «es una pena que se extinga la tradición de hacer nudismo de la antigua RDA», donde antes de la caída del Muro de Berlín era una práctica bastante común. Gysi aseguraba recordar que «allí los hombres estaban acostumbrados al nudismo y que la desnudez no despertaba una mirada especial», reconociendo también que en la actual Alemania, es visto como «algo insólito» y, en sus propias palabras, «abres bien los ojos». En todo caso, Gysi admitía que él mismo no está demasiado interesado en hacer nudismo y lo explicaba con la siguiente justificación: «tengo 69 años, todo tiene un límite». Esa lanza por la desnudez ha recibido críticas desde el resto de las formaciones políticas, especialmente la afirmación de que las mujeres que practicaban entonces el nudismo eran «más libres», pero sobre todo había sido motivo de innumerables chanzas y chistes de verano. La visita de Merkel a la Stasi viene a poner seriedad, sin más argumentos que el recuerdo de las víctimas.

Junto a la ministra de Cultura, Monika Grütters Merkel ha recorrido las mismas celdas en las que fueron torturados disidentes políticos que estos días visitan numerosos turistas y se ha comprometido a aportar los fondos precisos para que la institución pueda proseguir con su trabajo histórico, visitado por medio millón de personas cada año. A pocos días del aniversario de la construcción del muro de Berlín, el 13 de agosto de 1961, la canciller ha puesto el foco sobre las consecuencias reales de los gobiernos de izquierda radical y, a pesar de que electoralmente Die Linke es un oponente de talla menor, el tercer partido más votado en las encuestas con el 8% frente al desahogado 40% que obtiene Merkel, la canciller ha expresado a su equipo preocupación por el alcance que ese tipo de mensajes populistas de izquierda logra en las redes sociales.

Y está decidida a dar también esa batalla. La próxima semana, Merkel concederá su primera entrevista de campaña varios seguidísimos youtubers alemanes, una entrevista que será difundida en directo en internet y con la que espera llegar a capas de población sin interés por la información política y en su mayoría desconfiada y desencantada hacia los mensajes políticos. Posiblemente después de las elecciones de septiembre comience a ser desmontado el «Soli», el «impuesto extraordinario de solidaridad» que los alemanes llevan pagando desde la reunificación en 1991 con el objetivo de equiparar el nivel económico de la antigua RDA a los Länder occidentales. Merkel parece querer asegurarse que, aunque el periodo de transición se da por terminado, Alemania no olvida.

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