Merkel y Schulz llegan igualados a las elecciones de Renania del Norte-Westfalia

Renania del Norte-Westfalia es la región más poblada de Alemania. Aquí viven 18 millones de personas, casi un cuarto de la población del país y aquí se juega hoy una partida electoral crucial. Las elecciones de Renania del Norte-Westfalia son el termómetro del ánimo por excelencia de los electores alemanes. Quien gane en Düsseldorf, tiene todas las papeletas para ganar las elecciones generales en Berlín en septiembre. Unos 13 millones de electores alemanes están llamados a votar hoy en este Estado federado, en el que conviven zonas con importantes bolsas de pobreza en la cuenca minera del Ruhr, que no lograron superar la reconversión minera, con historias de éxito de empresas punteras de tecnología y de fabricación de componentes hiperespecializados, enfocadas a la exportación en el Sauerland.

Esta vez, los temas de campaña han sido muy locales. Los robos en las casas, la seguridad callejera, los atascos o el estado de las escuelas han sido algunos de los asuntos en los que han incidido los candidatos. A partir de las seis de la tarde comenzarán a conocerse los primeros sondeos.

Los temas han sido locales, pero la sombra que proyectan de estas elecciones es claramente nacional. Los primeros espadas de los grandes partidos se han dejado la piel en esta campaña regional, la última antes de las generales, en la que Merkel ha llegado a viajar hasta nueve veces. Las elecciones de Renania del Norte-Westfalia medirán las posibilidades que tiene la canciller, Angela Merkel, de ganar las elecciones de septiembre y lograr su cuarto mandato. Medirán también candidato si el candidato socialdemócrata, Martin Schulz, que irrumpió con una fuerza inesperada a principios de año en al política nacional es de verdad un serio rival para la canciller. Las últimas semanas sin embargo, solo han traído malas noticias al SPD, que ve cómo el llamado “efecto Schulz” se desinfla como un globo de helio.

A la vez, los dos grandes partidos alemanes saben que cuatro meses y medio, los que faltan para las elecciones generales, son una eternidad en los tiempos que corren. Que la fragilidad de los equilibrios internacionales, la crisis que paraliza Europa y las amenazas terroristas, pueden hacer saltar por los aires las cábalas más realistas. En un mundo tan cambiante, la canciller Merkel, sigue representando una garantía de estabilidad.

Los socialdemócratas han perdido dos elecciones regionales –Sarre y Schleswig-Holstein en apenas dos meses. Renania del Norte-Westfalia (NRW, por sus siglas en alemán) es la última cita electoral antes de las elecciones generales y podría suponer el clavo en el ataúd de Schulz. Si pierden, resultará difícil que logren recuperarse psicológicamente de un batacazo en Renania y ganen las elecciones de septiembre, repiten los analistas y la prensa alemana.

En NRW, los socialdemócratas juegan en casa. No solo porque dirigen la actual coalición de Gobierno con los Verdes, sino porque este ha sido tradicionalmente un bastión del SPD. Aquí han gobernado casi durante los últimos 50 años, con la excepción de un paréntesis de cinco años. Fue precisamente en 2005, cuando el SPD perdió Renania del Norte-Westfalia, cuando el entonces canciller Gerhard Schröder se vio obligado a convocar las elecciones anticipadas que encumbraron a Merkel.

La posición dominante del SPD es sin embargo también su punto débil. Los ciudadanos les culpan de sus males, porque saben que han tenido tiempo suficiente para arreglar las grandes deficiencias que acumula el estado federado. Renania del Norte-Westfalia acumula una deuda considerable, tiene niveles de paro superiores a los del resto del país (7,5% frente al 5,8% de media nacional) y una tasa de población con riesgo de pobreza también superior. “La Grecia de Alemania”, se refieren llaman despectivamente a este Estado, que ha sido además escenario de ataques terroristas e incidentes violentos, que cuestionan la eficacia de los servicios de seguridad de la región. A los ataques sexuales a mujeres en Colonia en la Nochevieja de 2015, le siguió el atentado al mercado de Navidad de Berlín, cuyo autor, Anis Amri, había escapado de Renania del Norte-Westfalia. Hace apenas un mes, el autobús de los jugadores del Borussia sufrió también un atentado en Dortmund.

El SPD compite en estas elecciones con una candidata potente. Hannelore Kraft, la primera ministra renana es una mujer cercana, que sintoniza bien en el cuerpo a cuerpo. Armin Laschet, candidato de la CDU democristiana, es un político que ha demostrado ser un aliado fiel de Merkel incluso en los momentos más delicados para la canciller. Quien le conoce dice que no tiene garra política y que es demasiado conciliador como para ser un buen político. Pero lo cierto es que en las últimas semanas la remontada de Laschet en los sondeos ha sido espectacular.

Saludo minero

La CDU de Laschet tiene su público principalmente en las zonas rurales y en algunas en las que se concentra el empresariado. El SPD es más fuerte en las ciudades y en la cuenca minera del Ruhr. “El SPD es el único partido que habla del hombre pequeño, el único que defiende una política fiscal justa”, asegura Udo Winler, un trabajador de la acería, que ha venido a escuchar a Kraft a un mitin en Duisburgo, ataviado con el mono y el casco. La candidata les pide salgan a sus fieles que salgan a al calle a convencer al tercio de indecisos y se despide con un “gluck auf”, el saludo de los mineros que se desean suerte en el tajo.

Los liberales (FDP) se perfilan como una fuerza clave a la hora de formar una coalición de Gobierno. La ultraderecha Alternativa para Alemania (AfD), que pierde apoyos, consumida en parte por las luchas, tiene aún así, muchas posibilidades de entrar en el Parlamento regional. Si lo logran, estarían ya presentes en 13 de los 16 Estados federales alemanes. La amenaza de Afd ha servido al resto de partidos a animar a sus potenciales votantes a que no se queden en casa.

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