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Molinari: retrato del héroe de la Ryder

El éxtasis debe ser un estado mental de plenitud parecido al que vivió Francesco Molinari en la Ryder Cup. El jugador italiano completó una actuación perfecta y ganó sus cinco puntos en juego, los cuatro por parejas y el individual frente a Phil Mickelson que dio la victoria a Europa para que recuperara el trofeo ante Estados Unidos (17,5 puntos a 10,5). Ningún europeo había ganado antes sus cinco partidos.

Es otra de las conquistas que suma Molinari en un año perfecto. El mejor de su vida. Llegó al torneo como vigente campeón del Open Británico, un título que ya asegura la gloria a quien levanta la Jarra de plata. Pero se fue del Golf National, el campo de la Ryder, a las afueras de París, idolatrado como una estrella de rock. De carácter reservado, Molinari descubrió su perfil más competitivo y acabó aclamado por el público y vitoreado por sus compañeros, en presencia de sus padres y de su mujer Valentina.

Su conexión con la grada y su emotividad, una faceta hasta ahora desconocida en una persona tranquila y reflexiva, le llevaron a ser despedido como un héroe por la gente que estaba el lunes en la Gare Nord de París, donde cogió un tren camino de Londres. Allí es donde está afincado desde hace tiempo este italiano, nacido en Turín hace 35 años, junto a su mujer y sus dos hijos, Tommaso, de 7 años,  y Emma, de 3.    

“Era difícil no sentir la emoción cuando piensas en tus compañeros, en los capitanes, en la gente de la grada. Ha sido una semana increíble”, reconocía Molinari, licenciado en económicas en Turín, valorando las sensaciones tras la victoria. “Para mí es mucho más valiosa que cualquier gran torneo, mucho más que cualquier cosa”.

Cortadas las ataduras de la timidez, Molinari se atrevió  a rodar un video en medio de la fiesta de celebración del domingo y que no ha parado de correr por la redes sociales. En la imagen se le ve despertándose en la cama al día siguiente de la Ryder junto a su compañero Tommy Fletwood. ¿Cómo ha sido de bueno para ti?, le pregunta el jugador inglés. “Cuatro de cuatro”, responde Molinari, en referencia a los puntos que ganaron en pareja. “Yo te daría un cinco de cinco”, le replica Fletwood.

Con el golfista inglés mantiene, desde hace tiempo, una buena amistad. Eso explica la química que mostraron jugando juntos en la Ryder. Su antigua representante, Claire Craig, es la actual pareja de Fletwood. La relación entre los dos matrimonios es excelente.    

No es que el campeón italiano, un apasionado del Inter de Milán, con otro hermano en el circuito, Edoardo, fuera un desconocido hasta ahora. Desde el 2006, cuando logró su primera victoria en el Tour Europeo, siempre ha estado visible en los ránkings (ahora es el sexto del mundo). Pero para ponerse el traje de héroe de la Ryder, Molinari tuvo que dar un giro radical a su vida. Lo primero que hizo fue ponerse en manos de Dave Alred, un entrenador y psicólogo que proviene del rugby, de gran prestigio, pero de métodos que no todos aceptan, ya que lleva siempre al límite a los que prepara.

Para trabajar a su lado, se trasladó con su mujer y sus hijos a Londres, dejando su confortable vida en Italia. También cambió de caddie. Desde hace tres años le lleva la bolsa, el vasco Pello Iguarán, un exprofesional, que estuvo hace tiempo con José María Olazábal, con quien habla en español. Y, finalmente, en los últimos meses, se puso en manos del gurú del putt en el circuito, Phil Kenyon, la persona que ayuda a Justin Rose o  Henrik Stenson, y que lo ha transformado.

Molinari ya era una máquina en las calles. Pero los cambios en el putt, básicamente su posición ante la bola, empezaron a dar espléndidos resultados a finales de mayo con su victoria en Wemworth, en el BMW, su sexta victoria en el circuito europeo. Y estalló por completo en el circuito estadounidense, donde juega desde hace tres años de forma habitual (en Europa cumple con el mínimo de torneos) al ganar el Quickens Loans National, a principios de julio, entregando una última vuelta de 62 golpes y un total de 21 bajo par, haciendo saltar por los aires el récord de golpes del torneo y preparándose para dar su gran golpe en Carnoustie, en el Open Británico.

“Ssu capacidad de trabajo es cien veces superior a la mayoría de jugadores que conozco, es lo que más destacaría de él”, explica su agente, Gorka Guillén, convencido de que su margen de mejora es enorme. “Cuando hicimos todos los cambios, hicimos un planteamiento de futuro, a 10 años vista. Y en ese planning, nos planteamos llegar el número uno del mundo. Ese es el objetivo”.