Muere una turista española por disparos de la policía en una favela de Río de Janeiro

A las 10 y media de la mañana, la ciudadana española María Esperanza Jiménez Ruiz encontró la muerte en la populosa La Rocinha, en la zona sur de Río de Janeiro. Tenía 67 años cuando fue alcanzada por disparos de policías militares. Jiménez Ruíz, oriunda de Cádiz, estaba dentro de un transporte turístico que visitaba la mayor favela de la “ciudad maravillosa”, cada vez más violenta. De acuerdo con la Policía Militar, el Fiat Freemont que manejaba un guía italiano y llevaba a otros dos españoles “perforó un bloqueo” realizado por la fuerza de seguridad en Largo do Boiadeiro, uno de los puntos de mayor enfrentamiento que lleva adelante el estado contra el narcotráfico carioca.

El conductor, sostuvieron las autoridades, pasó por alto la orden de detenerse y las balas atravesaron el vehículo hasta incrustarse en el cuerpo de Jiménez Ruiz, quien, gravemente herida, fue llevada de inmediato al Hospital Municipal Miguel Couto, donde nada pudieron hacer. Se informó que su caso está en manos de la justicia. Una hora antes de que el grupo de turístas comenzara su paseo, dos integrantes del Batallón de Choque habían resultado heridos durante un choque armado con bandidos. En otras zonas de la favela se reportaron también incidentes.

La Rocinha pone desde hace meses en escena el fracaso de la política de seguridad y pacificación del Gobierno de Brasil. Después de meses que convirtieron a la favela en un verdadero territorio de disputa armada entre dos facciones del narcotráfico, el Comando Vermelho y Amigos de los Amigos, el presidente interino, Michel Temer, ordenó la intervención de las Fuerzas Armadas. Unos 1000 efectivos militares fueron desplazados para reforzar las menguantes tareas de la Unidades de la Policía Pacificadora (UPP), un cuerpo sobre el cual pesaban denuncias de todo tipo, desde abusos contra los “favelados” y corrupción.

Falta de fondos

La UPP está en crisis por falta de fondos como consecuencia del ajuste y el retraso en el pago de salarios, lo que, señala la prensa, permitió la reagrupación y el nuevo fortalecimiento de las bandas criminales. En La Rocinha, levantada desde los años cincuenta en una de las zonas más bellas de Río de Janeiro, viven unos de 200.000 habitantes que, en su mayoría, trabajan en los barrios más ricos de la ciudad. Hombres y mujeres bajan de los “morros”, como llaman a las colinas,  y soportan a veces el prejuicio y la desconfianza de quienes habitan en el “asfalto”.

Por esa mezcla de temor y a la vez atractivo que despiertan esas barriadas muchos visitantes extranjeros deciden acercarse hasta estos lugares. “Llegada a Rocinha, visita a una terraza con pausa para sacar fotos de la vista increíble sobre Rio, hablamos sobre seguridad, infraestructura local y otros aspectos de las favelas. Parada opcional en el taller de artesanía local. Visita a la escuela de la comunidad”, propone “Favela tour”. María Esperanza Jiménez Ruiz contrató uno de esos viajes que terminaron con su muerte en la esquina más inesperada.

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