Muguruza: «Siempre he creído mucho en mí»

Con dos torneos grandes en el bolsillo, la tenista española sigue empeñada en coleccionar Grand Slams, aunque haya que renunciar al número 1

Más risueña que nunca, muestra sonrisa abierta y ojos casi cerrados. Por la alegría y también el cansancio, después de dos semanas de mentalización tan férrea que solo al final, con el trofeo en la mano, se permitió sonreír ante la prensa. Pero está perfecta para celebrar el día siguiente de su primer Wimbledon, un hito al que le ha costado mucho llegar y que es suyo para siempre. Vestida informal con vaqueros y camiseta de la empresa que la viste, Garbiñe Muguruza atiende a ABC en un salón de la agencia que la representa, a pocos metros de la casa donde ha pasado estos días de reclusión y concentración.

Antes de la conversación, su saludo es amistoso, enérgico a pesar del desgaste de estos quince días de emociones contenidas, pero con recompensa final. Y sus primeras palabras son de agradecimiento a este periódico. «Me ha gustado mucho la portada de ABC, ¿eh? Muchas gracias», sonríe. «Se la ha ganado, ¿no?». «Sí, creo que me la he ganado», continúa la broma. Está eufórica aunque la noche haya sido tranquila, con cena con el equipo, sin familia, en el restaurante español Cambio de Tercio, una especie de tradición entre los tenistas nacionales que acuden a Wimbledon.

Jamón, pulpo y vino blanco

En el menú se liberó un poco de la medida dieta que sigue desde hace unos meses, aunque no demasiado porque ha decidido este camino de profesionalidad absoluta y el sábado vio que los resultados son extraordinarios. Jamón, patatas bravas, pulpo, algo de carne, postre y vino blanco, mientras los demás comensales prefirieron el tinto. Muguruza es una tenista distinta, brillante campeona de dos Grand Slams, y con muchos más ya como objetivo en su cabeza.

¿Cómo duerme una campeona de Wimbledon?

Fatal, fatal. Bueno, bueno… Dos horas y yo diciendo: «pero no puede ser Si ya ha terminado el torneo, ya puedo estirar la pata, pero no, nada de eso.

Liberada de estos días un poco…

Largos. Estos torneos se te hacen larguísimos si te va bien. La clave está en saber estar y economizar la energía, canalizarla, gastarla, pero solo en los partidos. Se me ha notado más calmada durante ese proceso y una vez que acabas ya es como… ufff, ya acabé, suéltate el pelo, bromea, todo lo que tú quieras. Pero sí, era una forma de mantenerme centrada, pero ha sido duro.

¿Qué es lo que más se le ha quedado grabado de esta final?

Hablamos mucho del primer set, de lo igualado que estuvo, que fueron detalles. Pero sobre todo de la manera de ganar el partido, esa petición al ojo de halcón, que fue como que todo el mundo quiere ganar bonito, como con un saque directo o una volea espectacular para la foto. Pero daba un poco igual, ese momento en el que te das cuenta de que has ganado y te ponen la chapita aquí de miembro y tú dices: «Aplaude. ¡Conseguido!».

Fue un final parecido a cuando ganó Roland Garros con ese globo que no se sabía si había entrado o no.

¡Sí! No sé qué pasa, me pongo histérica cuando voy a ganar. ¿Por qué? ¿No puedo ganarlo con un golpe ganador así como Roger Federer? (risas).

Hace dos años, Serena Williams le dijo que lo ganaría. ¿Se lo creyó en ese momento o pensó que lo decía por decir?

No, yo creo que sí que me lo creí en ese momento. Acababa de jugar una final de Grand Slam y me veía… No sé, siempre he creído que tenía el nivel y el potencial para conseguirlo. Pienso que no se refería precisamente a este año que jugaba contra su hermana (risas). Pero sí, siempre he creído mucho en mí, la verdad.

¿Qué le diría a aquella Garbiñe Muguruza de 2015?

Ufff, tantísimas cosas. No sé… Ha sido todo un proceso muy largo. Para mí han pasado infinidad de cosas y de tiempo, pero en realidad han sido dos años. Nosotros lo vivimos con más intensidad, totalmente diferente, muchas cosas. Pero, bueno, le diría que aprendiera de esa final, que me ha ayudado mucho para esta.

¿Qué sintió en el segundo set cuando vio que Williams ya no podía seguir luchando contra usted?

Lo que estaba pensado era: «bueno, no te pienses que ya está. No vaya a ser que te pongas nerviosa y Venus de repente juegue increíble y te dé la vuelta». Todo lo que pensaba era: «sigue jugando, sigue jugando, aunque vayas 1-0, 2-0, 5-0, da igual, sigue jugando hasta que le des la mano».

Lo que encumbra son los títulos de Grand Slam, ¿pero cree que le ayudaría a jugar incluso mejor ser más regular en los torneos que no son Grand Slams?

Sin duda es un objetivo que tengo desde hace mucho tiempo, y creo que voy mejorándolo. Siempre quiero ganar, cada torneo, pero sí que es verdad que mi nivel también varía, sobre todo con mi estilo de juego, que a veces tengo más o menos acierto. Mi objetivo son los grandes torneos, la verdad. Suena mal, pero es así. Aunque, claro, ganar los pequeños también me gustaría.

Por encima de ser número 1, es la sensación de ganar, ¿no?

La verdad es que lo digo yo ahora que no soy número 1. Pero en este momento sí que prefiero sujetar trofeos grandes y ser la 8 que ser número 1 y renunciar a ganar más Grand Slam.

¿Cómo se aprende a disfrutar de un Grand Slam?

Creo que sí disfruté Roland Garros. Lo que pasa es que no me di cuenta. De repente estábamos otra vez en París, defendiéndolo al año siguiente. Y me dije: «vamos a ver, qué hice todo este tiempo». Por eso esta vez sí que quiero, no sé, disfrutarlo y vivirlo y sobre todo que me ayude a jugar mejor, no que sea una tensión tener que defenderlo.

¿De qué se siente más orgullosa de este Wimbledon?

Jo, de cómo lo he sabido llevar durante todos los días, que no es nada fácil, sobre todo cuando tienes en la final a Venus Williams. Pero eso es un partido. Son los siete partidos, y físicamente y mentalmente, todos los días bien. Y después, ganar el torneo que más prestigio tiene.

¿Algún capricho?

El vestido de Stella McCartney, ese va a ser mi capricho. Que me quiero quitar ya el chándal de una vez.

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