Inicio Actualidad ¿Nación sin cabezas? ¡Pobres de nosotros!

¿Nación sin cabezas? ¡Pobres de nosotros!

Lo último que dijo Jovellanos antes de morir fue «¿Nación sin Cabeza? ¡Desdichado de mí!». Este sábado, en Cibeles, veíamos lo mismo en la magna concentración en defensa de la Nación y la Constitución. Los líderes políticos, que son la cabeza natural de un pueblo en peligro, apenas aparecieron, o lo hicieron para tirar panfletos contra otros, con quienes en teoría deberían aliarse en el mes de mayo. O no, para gloria de Sánchez. Con Jovellanos se perdió la cabeza prestigiosa de la revolución y del nuevo orden legal, que debería adaptar lo que llamaba «Constitución Histórica de la Nación Española», es decir, el conjunto de leyes que los españoles se habían dado a sí mismos a lo largo de los siglos, como fundamento sólido de la idea nacional que vertebraría en un sentido profundo la Constitución.

Crisis en Vox, ridículo en el PP

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Aquel hombre enfermo no dudó en llamar a defender su país contra unas tropas que decían traer las ideas que aún hoy llama algún moderno «de La Ilustración». Era la Ilustración del pillaje, el rito del sacrilegio y la masacre de civiles lo que traía Napoleón y la rapiña era el «Equipaje del Rey José» que retrata Galdós en uno de sus grandes «Episodios». La mayor parte de los patriotas ilustrados sirvieron a la Patria contra el invasor, no así las instituciones, que, desde la Corona al Clero y la Nobleza, se postraron ante el ejército supuestamente invencible. Hasta que dejó de serlo, claro, en lo que, ya en el exilio, llamaba el Corso «la maldita guerra de España».

Hoy, a diferencia de entonces, tenemos a la Corona con la Nación, pero los partidos políticos que teóricamente la defienden no son capaces de salir a la calle a abrazarse con ella. El más importante, el Partido Popular, tuvo un doble gesto humillante hasta para sí mismo: dijo que sus líderes no acudirían porque era «una iniciativa de la sociedad civil», como si el PP perteneciera al Ejército o a alguna sociedad secreta militar. Pero a la vez mandó a un tal Rollán, que es vicesecretario de algo, como representante del partido. O sea, que no iban los titulares, pero enviaron a un suplente.

La responsabilidad de Abascal

Todo el mundo sabe, porque Génova, heredera del teodorismo, lo ha divulgado, que ante todo querían evitar «la foto de Colón», o sea, con Vox. Y lo que sucedió fue que junto a muchos del PP y muchos otros sin partido, sólo estuvo Vox, pero, en la línea de romper con el PP y con los medios liberales que le hemos salvado del ostracismo mediático, empezando por nuestro grupo. Vox se dedicó a tirar panfletos contra Ayuso, obsesión que comparte con socialistas y comunistas. También contra los creadores de opinión que, como Ana Rosa Quintana o yo, tenemos el dudoso honor de figurar en las listas del odio de Podemos y del Vox del Yunque/Hazte Oír.

Pero lo que está pasando en Vox sucede con permiso de Abascal, émulo de aquel Enrique IV de Castilla llamado «El Impotente», que solía hablar con los árboles en vez de controlar a sus nobles levantiscos y dirigir el reino. Porque él deja que nos insulte Iván Espinosa de los Monteros, que podrá heredar el título, no la nobleza de su padre, para justificar que Vox vote con los comunistas contra Ayuso o la metedura de pata de Gallardo. Y se reparten panfletos voxeros contra el PP en una manifestación en defensa de la unidad nacional. Dirán, como siempre, que ellos no han sido, pero no lo condenarán. Da igual quien tire la piedra, Abascal esconderá la mano. Yo temo que ha decidido ser cabeza de ratón, aunque no llegue a cola de león. Y sin Abascal, Vox es un grupo de patriotas secuestrado por aventureros sin ideas y sin escrúpulos, que prosperan por la indolencia rajoyana del jefe.

La responsabilidad mayor de Feijoo

Pero si el segundo partido con vocación de resistencia nacional nos ofrece un espectáculo de improvisación, atolondramiento y traición a los leales, que no serviles, el primer partido, por implantación nacional, el PP, ha ofrecido un espectáculo aún peor, porque del que es más se espera más que del que es menos. Y cabía esperar más educación de Almeida, alcalde de la ciudad en que se celebraba la manifestación, y no fue ni para acercarse a saludar, como habría hecho en cualquier carrerita benéfica. Y qué decir de Ayuso, la líder que con más vehemencia advierte del peligro de la dictadura de Sánchez, que tuvo el gesto de recibir la víspera a María San Gil y otros organizadores de la concentración, pero no bajó a la calle para que no digan que se opone a Feijóo. Y el presidente del PP tampoco fue, porque sostiene la tesis soraya de que debemos limitarnos a las urnas para mostrar nuestra indignación, y que no contemos con él para otra cosa.

Es esta doctrina nefasta la que provocó ayer este error histórico. Se dirá que son tácticas electorales, que se mantienen los principios, pero con distintas estrategias. Pero la experiencia demuestra que esas excusas son falsas. El que no hace lo que debe en la Oposición, ¿lo hará en el Poder? En el caso del PP, precisamente del PP, recordamos perfectamente que no. En este caso Feijóo y su partido han renunciado a engañarnos o, al menos, a ilusionarnos. Tal vez la involución yunquera de Vox favorezca a Ayuso, aunque creo que votar con los comunistas bastaba como suicidio electoral, pero los que votan al PP por ella no merecían su ausencia en su Madrid.

El caciquismo compartido

El fondo de esta doble deserción, de ese abandono de los partidos a la nación que es su razón de ser y que se echó ayer a la calle de forma masiva, emocionante y decidida contra la tiranía de Sánchez, es que el PP cree que le conviene romper con Vox, y está dispuesto a hacerlo, y a Vox no le importa romper con el PP. Fue su estrategia en las elecciones andaluzas, aunque luego culpó a Olona de un fracaso que fue de partido, no sólo de la candidata, tratando al PSOE como al PP. Y es la de Madrid, al votar con los comunistas contra Almeida, con razón, y contra Ayuso, sin ella.

El colmo llegó en la entrevista en esRadio de Monasterio, que dijo que podía ponerse de acuerdo con Ayuso en diez minutos para aprobar los Presupuestos. ¿Qué idea feudal de la democracia y de la legalidad tiene este Vox? Le faltó decir que los cuadrarían en una servilleta, manchada de café. ¿Para qué está la Asamblea de Madrid? No me extraña que quiera dejarla en la mitad, si le sobran todos menos dos, que pueden decidir por todos. Como ahorro, al menos en apariencia, la dictadura resulta algo más barata. Luego, por el control de precios que siempre la acompaña, sale carísima. Y no hablemos en términos de dignidad ciudadana y de libertad personal. ¿A quién se le ocurre decir que dos líderes pueden resolver los Presupuestos de la Comunidad de Madrid en diez minutos, salvo que no te interese Madrid?

Por desgracia esta presunción de despotismo ilustrado, que suele quedarse en despotismo a secas, no es privativa de Vox. En el PP de Feijóo que pretende o dice pretender -no sé qué es peor- gobernar con permiso del PSOE, subyace la misma idea caciquil de la política. Los que saben nos gobiernan; los que no sabemos, o sea, todos, a pagar impuestos y a callar. ¿Cómo, si no, se habría llegado a la absoluta corrupción de la Justicia?

En fin, la derecha española tiene dos cabezas, pero ninguna atiende al cuerpo en el que vive. Por eso nuestro destino recuerda al de Jovellanos. Esperemos vivir para ver el cambio más que el inolvidable patriota español.

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