Nairo Quintana recupera la maglia rosa un día de supervivencia en la montaña

Los ciclistas del Giro ni están vivos ni están muertos. Nadie podría afirmar una cosa ni su contrario, aunque fuerzas les quedan las justas y se arrastran en la subida de Piancavallo, cada uno como puede. No hacen falta ataques ni aceleraciones para que cada uno ceda. Es una carrera más que de resistencia, de supervivencia. Cada vez más juntos, los rivales se miran y se temen. Y ya no esperan expectantes la montaña del día siguiente, sino que sueñan con el final, con que esta tortura acabe, por fin.

Puede más que todos Mikel Landa, exuberante como los días anteriores, pero con la capacidad para llegar al final de la escapada solo en esta ocasión. La última curva de la etapa no la afronta con uno más listo a su rueda sino con los brazos en alto, celebrando con antelación la victoria que le resarce mínimamente en su Giro más luchado, el más ingrato. Cede más entre los favoritos el líder Tom Dumoulin, que se pasó la etapa persiguiendo, siempre situado en el peor lugar en el peor momento. Si su desfallecimiento, que le costó más de un minuto con respecto a sus rivales apiñados, y la cesión de la maglia rosa por 38s a Nairo Quintana, puede revelar que sus fuerzas se están agotando, el mínimo tiempo perdido en una subida de 14 kilómetros que ascendió en solitario, siempre con la cola del grupo de los buenos a la vista, revela también que sus rivales no disponen de mucha más energía que él. En todo caso, la emplearon mejor.

Cumplidas 19 etapas, cuando al Giro le queda otro durísimo día de montaña, el sábado, entre el Monte Grappa y Foza, en Asiago, la última subida, y una contrarreloj de 30 kilómetros el domingo, toda llana, entre Monza y Milán, los seis primeros de la general están comprimidos en 90s, los que separan a Nairo de Pozzovivo. Entre medias están Dumoulin, a 38s del colombiano, Nibali, a 43s, Pinot, a 53s, y Zakarin, a 81s.

Loading...