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No es un afroamericano, solo es un bebé chino: La brutal agresión de un policía en Shangai que la mafia progre ignoró

Son imágenes escalofriantes, de una violencia extrema. Ocurrió en Shangai (China) hace algunos meses y de ellas nunca supimos. La razón de que no conociéramos estas imágenes se debe al hecho de que sus protagonistas no forman parte de esas minorías azuzadas por las élites mundialistas para derrocar como sea al presidente Donald Trump, y de paso criminalizar al hombre blanco, paradigma de todos los males, según la nueva religión del rebaño.

Un policía chino empuja a una madre que portaba a su bebé en brazos. No hay miramientos por parte del agente. Ya se sabe que en China la dignidad humana está apenas un escalón por encima que el de una lombriz. A resultas de la agresión, el bebé cae al suelo. Es un golpe brutal, mortal, que sin embargo no parece conturbar lo más mínimo al policía asiático, ajeno a la suerte del pequeño.

Lamentablemente estas imágenes no removerán las conciencias progresistas, siempre tan a flor de piel con el acendrado racismo yanqui.

Y ahora imagine el lector la repercusión planetaria que habría tenido esta brutal agresión de haberse producido en una ciudad cualquiera de Estados Unidos y con los roles étnicos invertidos. Pero no. Las condenas internacionales se producen siempre dependiendo de la adscripción racial del agresor y el agredido.

Así que no hubo miles de artículos de prensa y miles de horas de televisión en directo.

Ni tampoco la acostumbrada «solidaridad» de todos los progresistas mundiales. Ni la de los deportistas negros que están entre los mejores pagados del mundo y que se quejan del «racismo sistémico».

Ni el festival de «homenajes» patéticos que suenan tan falsos como la compasión de los «demócratas», con los ojos húmedos y más obsequiosos y rastreros que nunca.

Ni la niña negra que llora y que pregunta por qué el mundo es tan malo.

Ni los «expertos» en bucle que peroran sobre los «viejos demonios» de la «América rural y semianalfabeta» que vota a Trump.

Ni los «artistas» y demás saltimbanquis en pleno concurso de chantaje a la culpabilidad.

Ni los zombies blancos que se ponen de rodillas (o culo en pompa) para pedir perdón por exisitir.

Ni las grandes marcas que hacen caja con el BlackLivesMatter.

Ni los abogados y subvencionados del racismo antiblanco en plena orgía de odio: los blancos culpables de todo, culpables desde siempre, eternamente culpables, insidiosa y viciosamente culpables..

Ni habrá disturbios gigantes, ciudades en llamas, tiendas saqueadas, y innumerables personas que pasaban por ahí linchadas en medio del regocijo público y la complacencia mediática.

Ni un análisis sobre el salvajismo de la policía china, y su comportamiento bárbaro, primitivo y criminal.

Bienvenidos al nuevo orden.