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No – La Gaceta de la Iberosfera

España tiene un ministro de Cultura que es como una maraca. Una calabaza con granos dentro que, agitándose con cierto desorden, produce un sonido que sirve para acompañar al tipo que canta, que es Pedro Sánchez, célebre cantamañanas. Cuando el presidente empieza la guaracha, la maraca se agita con alegría, aunque sin gran criterio, y su sonido se confunde con el resto de la banda. A ratos, el maraquero se viene arriba, y pasa de la agitación a la convulsión, desafina, y entonces salta a la prensa, no por su buen hacer sino por su excentricidad. Su último descuello ha hecho temblar los cimientos del Museo del Prado.

Hace unos días, su obsesión por el federalismo cultural provocó la dimisión de la directora general de Bellas Artes, la historiadora Dolores Jiménez-Blanco, que estaba harta de las presiones del ministerio para trasladar varias obras importantes del Museo Arqueológico Nacional, en contra del criterio de los técnicos. Sánchez diría: “¿y de quién dependen los técnicos?”. Pero claro, esto no funciona así.

Fiel a esta personalidad oscilante, a veces maraca, a veces madeja sin cuenda, Iceta ha vuelto a liarse

A Iceta le duró pocas horas este último chirrido, porque –en su habitual línea acomodable – ahora se ha convertido en el más diligente defensor de la integridad de las colecciones y de evitar traslados que, además, pondrían en riesgo obras que están en delicado estado de conservación. Pero, al tiempo, ha insistido en que los museos nacionales no deberían estar solo en Madrid (un apunte, ministro: ya no están solo en Madrid), y sugiere potenciar la movilidad de colecciones porque “son museos que pertenecen a todos los españoles”. Maravilloso argumento que esconde dos tonterías: el desconocimiento de que Madrid, capital de España, ya es el más claro ejemplo nacional de ciudad que pertenece a todos los españoles, y la contradicción entre negar la movilidad y promoverla al mismo tiempo, que sospecho que es algo ligado a la propia idiosincrasia de la maraca, que solo suena cuando se frena o cambia de dirección.

Fiel a esta personalidad oscilante, a veces maraca, a veces madeja sin cuenda, después ha vuelto a liarse cuando la prensa le ha preguntado por el traslado de la Dama de Elche. Dice que no es “muy partidario”, pero insiste en que los museos son de todos y zanja: “por lo tanto, hay que hacer un esfuerzo”. Yo, ciudadano ejemplar, lo he hecho esta misma mañana, levantando una caja de cervezas con el dedo meñique del pie. Realizado el esfuerzo, confío en que Iceta deje en paz a la Dama de Elche. 

Ya la polémica parecía ahogada, cuando ha hecho su estelar aparición Mónica García, que es incapaz de perder una sola ocasión de despreciar a los madrileños, a los que odia porque no le votan. Así, le fascina la idea de desguazar el Museo del Prado, aunque lo ha dicho en su idioma, el marihuanés: “Miremos con la lupa de la solidaridad y de la cohesión social. En ese sentido, cualquier iniciativa puede ser buena”. A su análisis le falta algo que, en este caso, es más importante que la cohesión social: la cohesión de la Dama de Elche. 

Cuando uno bucea en las procelosas aguas de la estupidez política, […] a veces la mejor respuesta es la más breve

Con claridad ha respondido Marta Rivera de la Cruz a toda esta sarta de estupideces que tan solo buscan boicotear el riquísimo, eficaz, y consolidado modelo museístico de Madrid. En su opinión se trata de ideas “disparatadas”, fruto del “populismo cultural” del Gobierno. Era tal vez todo lo que Iceta debería haber respondido en esta polémica, si fuera posible dar una rueda de prensa para responderse a sí mismo.

Cuando uno bucea en las procelosas aguas de la estupidez política, más aún si lo que está en juego es el patrimonio artístico nacional, a veces la mejor respuesta es la más breve. Hace algunos años, el consejero de Cultura de la Generalidad Valenciana Vicent Marzà, contó al entonces ministro de Cultura, Íñigo Méndez de Vigo, que iba a convocar a la prensa para anunciarles con gran pompa que le había solicitado formalmente la devolución de la Dama de Elche. Méndez de Vigo, siempre afable y con más cultura en una uña que diez Marzàs, Icetas y todo MasMadrid juntos, respondió con pausa a la propuesta, señalando al consejero que le parecía bien su convocatoria de prensa, siempre y cuando incluyera ya la respuesta del ministro: “No”. 


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