Inicio Actualidad Nos roban porque nos dejamos, por Manuel Fernández Ordóñez

Nos roban porque nos dejamos, por Manuel Fernández Ordóñez

La pasada semana visitó Madrid el autor danés Bjorn Lomborg, declarado por la revista Times como una de las 100 personas más influyentes del mundo. El motivo de su visita fue la presentación de la versión española de su nuevo libro Lo que sí funciona (Deusto, 2023) donde aborda -con la ayuda de varios premios Nobel en economía- las doce soluciones más eficientes para erradicar la pobreza en el mundo.

El autor saltó a la fama hace más de dos décadas, cuando publicó su libro El ecologista escéptico (Cambridge University Press, 2001). Desde entonces, no ha cesado de lanzar un mensaje humanista y racional para aproximarse a los problemas que sufre nuestra sociedad actual. La tesis fundamental de su discurso es que los recursos económicos son escasos y si prometemos todo a todo el mundo, no vamos a conseguir absolutamente nada. Debemos hacer un análisis coste/beneficio de las propuestas y emprender aquellas acciones que sean óptimas.

Precisamente por no hacer esto, no se van a cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que la ONU postuló en el año 2015. Se trata de 169 metas condensadas en 17 objetivos en los que se promete todo a todo el mundo. ¿Consideran ustedes que con 1.500 millones de personas viviendo en extrema pobreza y con 800 millones que no tienen acceso a electricidad podemos considerar una prioridad potenciar el turismo sostenible, la alimentación ecológica o la creación de espacios verdes para personas discapacitadas? Podríamos si tuviéramos dinero infinito, pero como no lo tenemos, los ODS no son más que un brindis al Sol inalcanzable y que va camino del más absoluto fracaso.

Otra de las formas ineficientes de priorizar el dinero es gastarse ingentes cantidades tratando de mitigar el calentamiento global. Primero porque no lo vamos a conseguir, segundo porque no tiene sentido desde un punto de vista del análisis coste/beneficio. No lo vamos a conseguir porque los líderes mundiales llevan desde el año 1992 paseándose por pomposas cumbres internacionales escenificando lo preocupados que están por el clima, pero desde entonces las emisiones de CO2 han subido un 60% a escala global. Y es absurdo destinar a ello enormes cantidades de dinero que no tenemos, puesto que para conseguir los objetivos del Acuerdo de París haría falta gastar 27 billones de euros (con b) al año para obtener a finales de siglo el irrisorio beneficio de 17 céntimos por cada euro que hayamos gastado. Una absoluta ruina.

«Nuestros políticos nos roban porque somos imbéciles… y eso no tiene pinta de cambiar»

El cambio climático es un problema, por supuesto. Pero no es el fin del mundo. Los modelos económicos nos dicen que el calentamiento global va a tener un impacto en las economías del 3% del PIB mundial. Tratar de remediarlo como lo estamos haciendo nos va a costar un 14% del PIB mundial. Seremos mucho más pobres y, además, no conseguiremos frenar el calentamiento. Por si esto fuera poco, una sociedad más pobre es mucho más vulnerable a los efectos del cambio climático porque no tendrá el nivel de desarrollo ni la tecnología suficiente para adaptarse a esos cambios. Y no podrá adaptarse porque se habrá gastado el dinero haciendo algo ineficiente y absurdo en lugar de emplearlo en desarrollarse económicamente. Esto es todavía mucho más crítico cuanto más pobre sea un país.

A pesar de ello, hace unos días comenzó el último circo climático, la COP28 de Dubái. Allí han ido nuestros líderes en sus Falcon a decirnos que esta es nuestra última oportunidad (así llevan 30 años). Desde allí nos amenazó Von der Leyen a través de su cuenta en la red social X: «En la financiación climática, tenemos que movernos de la escala de miles de millones a la de billones. Para llegar a ello, necesitamos nuevas fuentes de ingresos». Yo se lo traduzco, preparen las carteras porque nos van a sangrar como vulgares sanguijuelas. No hay nada que hacer, estamos en manos de unos enfermos de poder que consideran que los ciudadanos estamos aquí para satisfacer sus sociópatas aspiraciones de control social.

En el mismo marco de la COP28, varios de los países más importantes del mundo se reunieron para emitir una declaración con el objetivo de multiplicar por tres la capacidad de energía nuclear antes del año 2050. De esa declaración se borró España, por supuesto. Demostrando que el objetivo real no es resolver ningún problema climático, sino imponer una agenda ideológica predeterminada con el decrecimiento económico en el punto de mira. Un gobierno que prefiere quemar gas a que sigan en operación unas centrales nucleares que no emiten gases de efecto invernadero es un gobierno que no vive en el mundo real, sino que vive del slogan y el cortoplacismo.

Desde aquí al año 2100 nos van a obligar a gastar casi 2.000 billones (con b) de euros con el único propósito de hacernos cada vez más pobres. Lo hilarante del asunto es que nos dirán que lo hacen por los pobres del mundo mientras les arrebatan los instrumentos para dejar de ser pobres. Lomborg nos demuestra que con 35.000 millones de euros al año podríamos salvar la vida de 4,2 millones de personas anualmente y hacer que la mitad más pobre de este mundo sea 1.100 millones de euros más rica cada año. En lugar de eso, el mundo prefiere gastarse 150.000 millones al año en comida para mascotas y 110.000 millones en cremitas para la cara. Nuestros políticos nos roban porque somos imbéciles…y eso no tiene pinta de cambiar.