Nuevas pruebas avalan la existencia del Planeta Nueve

Nuevas pruebas obtenidas por un investigador de la Universidad de Michigan apoyan la existencia de un planeta que podría ser parte del Sistema Solar, más allá de Neptuno.

Algunos astrónomos piensan que este presunto planeta, llamado Planeta Nueve, existe debido a la forma en que algunos objetos en el espacio, llamados Objetos Trans-Neptunianos o TNO, se comportan. Estos TNO son objetos rocosos más pequeños que Plutón que orbitan alrededor del Sol a una mayor distancia promedio que Neptuno.

Pero las órbitas de los más distantes de estos TNO, aquellos cuya distancia media desde el Sol es más de 250 veces más lejos que la distancia de la Tierra, parecen apuntar en la misma dirección. Esta observación llevó primero a los astrónomos a predecir la existencia del Planeta Nueve.

Para que estos TNO estén alineados en las órbitas que actualmente ocupan debido a la influencia de Planeta Nueve, dicen los astrónomos, habrían estado en el Sistema Solar durante más de 1.000 millones de años. Sin embargo, algunos astrónomos piensan que en ese tiempo, algunos de estos objetos deberían haberse estrellado en otro planeta, arrojados al Sol o rebotados en el espacio por la fuerza gravitacional de otros planetas.

La nueva investigación, dirigida por Juliette Becker, una estudiante graduada en el departamento de Astronomía, consistió en un gran conjunto de simulaciones por computadora, que descubrió dos hallazgos acerca de estos TNO. Primero, los investigadores establecieron una versión de Planeta Nueve que probablemente causaría que nuestro sistema solar se vea como actualmente, al evitar que los TNO sean destruidos o expulsados del sistema solar. Segundo, las simulaciones predicen que hay un proceso que ellos llaman “salto de resonancia” por el cual un TNO salta entre órbitas estables. Este proceso puede evitar que los TNO sean expulsados del Sistema Solar.

Fuerzas gravitacionales

En cada simulación individual, los investigadores probaron diferentes versiones de Planeta Nueve para ver si esa versión del planeta, con sus fuerzas gravitacionales, daba como resultado la misma versión del Sistema Solar que se ve en la actualidad.

“A partir de ese conjunto de simulaciones, descubrimos que existen versiones preferidas del Planeta Nueve que hacen que el TNO permanezca estable por más tiempo, por lo que básicamente aumenta la probabilidad de que nuestro sistema solar exista como es”, afirma Becker. “A través de estas simulaciones por computadora, pudimos determinar qué realización del Planeta Nueve crea nuestro sistema solar, y toda la advertencia aquí es si el Planeta Nueve es real”, añade.

El grupo también examinó la resonancia de estos TNO con el Planeta Nueve. Una resonancia orbital ocurre cuando los objetos en un sistema ejercen periódicamente fuerzas gravitacionales entre sí que hacen que los objetos se alineen en un patrón.

En este caso, los investigadores descubrieron que, ocasionalmente, Neptuno sacará un TNO de su resonancia orbital, pero en vez de enviar ese TNO al sol, enviarlo fuera del sistema solar o hacia otro planeta, algo atrapa ese TNO y lo confina en una resonancia diferente

“El objetivo final sería ver directamente al Planeta Nueve: tomar un telescopio, apuntarlo al cielo y ver la luz reflejada del Sol que rebota en el Planeta Nueve”, indica Becker. “Dado que aún no hemos podido encontrarlo, a pesar de que mucha gente busca, estamos atrapados con este tipo de métodos indirectos”, agrega.

Los astrónomos también tienen otro TNO recién descubierto para incluir en sus métodos indirectos de detección del Planeta Nueve. La colaboración de Dark Energy Survey, un gran grupo de científicos que incluye a varios científicos de la UM, ha descubierto otro TNO que tiene una alta inclinación orbital en comparación con el plano del sistema solar: está inclinado unos 54 grados con respecto al plano del sistema solar.

En un análisis de este nuevo objeto, Becker y su equipo descubrieron que este objeto también experimenta saltos de resonancia en presencia del Planeta Nueve, lo que demuestra que este fenómeno se extiende a órbitas aún más inusuales.

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