Inicio Actualidad Oportunidad perdida, por Enric Hernàndez

Oportunidad perdida, por Enric Hernàndez

Salvo sorpresa mayúscula, este miércoles se iniciará la cuenta atrás de las próximas elecciones generales, a celebrar probablemente esta primavera. Todo indica que Pedro Sánchez tiene tomada la decisión de precipitar los comicios ante la imposibilidad material de aprobar los presupuestos y trazar junto a los grupos independentistas una senda de diálogo transitable para ambas partes, sin renuncias ideológicas ni imposiciones al margen de la ley. En siete años de proceso soberanista, el primer intento de encauzar el conflicto catalán por vías negociadas ha resultado baldío.

Dos imágenes simultáneas ilustran estos días el signo de los tiempos: en una pantalla, doce políticos y activistas independentistas juzgados por gravísimos delitos en el Tribunal Supremo; en la otra, los portavoces de ERC PDECat en el Congreso, dando la puntilla al mandato de Sánchez de la mano de Ciudadanos y el PP, bajo cuyo gobierno se instó el procesamiento del anterior Govern de la Generalitat.

Para que Pablo Casado cumpla su promesa de aplicar un 155 mucho más duro en Catalunya, acompañándolo de nuevos procedimientos penales, es condición inexcusable la convocatoria de elecciones. Pues bien, el independentismo se dispone a servírsela en bandeja al ayudarle a tumbar los presupuestos del 2019, erigiéndose en cómplice necesario de sus futuras desmesuras.

Toca a su fin la etapa de deshielo con la Generalitat auspiciada por Sánchez, tentativa acertada aunque no se dieran las condiciones para consolidarla. Tienen parte de la culpa la debilidad parlamentaria del PSOE, los recelos de sus barones y la ansiedad de la derecha por recobrar el poder. Pero todos estos escollos eran conocidos por el soberanismo, que en vez de sortearlos los ha explotado para dinamitar el diálogo.

PRAGMATISMO Y TRAICIÓN

El impacto emocional del juicio iniciado en el Supremo, sumado a la guerra cainita entre los partidos y las rencillas entre los políticos presos y los fugados, han hecho perder la batalla a las voces más sensatas en las filas independentistas, donde el pragmatismo aún es sinónimo traición. Una oportunidad perdida que tal vez no se vuelva a presentar.