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Ostermeier reflexiona sobre la violencia en el Temporada Alta

El aclamado director alemán Thomas Ostermeier (Soltau, 1968) regresa al festival Temporada Alta con una de sus últimas creaciones, una adaptación de ‘Historia de la violencia’, novela autobiográfica del autor francés Édouard Louis (Amiens, 1992). El Teatre Municipal de Girona acoge este lunes Im Herzen der Gewalt’ (Al cor de la violència). Este nuevo montaje de la Schaubühne, de Berlín, referente de la vanguardia europea, ha sido coproducido internacionalmente por teatros de cuatro países: Alemania, Francia, Bélgica y EEUU. La obra se verá en alemán con subtítulos en catalán. 

‘Al cor de la violència’ narra una traumática experiencia ocurrida a Édouard Louis, la madrugada del día de Navidad. Regresaba de una cena a altas horas y se topó en la calle con un desconocido a quien invitó a subir a su casa sin imaginar que aquello le llevaría casi a la muerte después de ser violado. Pero su mala experiencia no acabó ahí. El calvario continuó cuando acudió a la policía a denunciar los hechos porque hay otras formas de violencia en las que penetra el texto. “Me interesó esta obra porque toca muchos temas. Habla de racismo, de homofobia, de la pobreza y de una clase trabajadora cada vez más precaria. Habla de muchos tipos de violencia enraizados en nuestra sociedad”, afirma Ostermeier en una conversación telefónica. También habla de víctimas y de verdugos. El director, que coadaptó la novela al teatro junto a Édouard Louis, resalta que las víctimas de violaciones “sienten como otro ataque todo lo que viene después, lo que ocurre en el hospital o su encuentro con la policía”. 

“La nueva derecha es una amenaza para la libertad de expresión”

Thomas Ostermeier

Curiosamente esa misma obra fue llevada a escena por otros dos destacados directores europeos, la noruega Kjersti Horn y el francés Stanislas Nordey, responsable del Teatro Nacional de Estrasburgo, con ganas de profundizar en las diversas formas de violencia que nos rodean. 

Para Ostermeier el teatro continúa siendo un espacio de libertad, aunque admite que mantenerlo es cada vez más complicado, sobre todo desde el auge de la extrema derecha en Europa. Hace dos años el autor y director Falk Richter provocó la ira del partido ultra Alternativa para Alemania (AfD) con su obra ‘Fear’. “Intentaron censurarla. No les gustaba que se proyectaran imágenes de algunos de sus líderes extraídas de redes sociales. Por suerte, las tres veces que nos llevaron a juicio para intentar censurar la obra tuvimos suerte: nos tocaron tres jueces inteligentes y pudimos seguir adelante con las funciones”. Pero, aun así, no se libraron de calumnias ‘on line’, ni de la ira y amenazas de estos ultras.

No le sorprende pues escuchar que en España también ha habido choques entre artistas y ultras. El humorista Dani Mateo y el equipo de Mongolia han sufrido amenazas de los radicales de derechas. Este mismo fin de semana las funciones de estos últimos se han mantenido en el teatro La Rambleta de Valencia solo después de que las autotridades hubieran garantizado la seguridad de los intérpretes, del público y de los empleados.  

“La nueva derecha es una amenaza constante para la libertad de expresión”, señala Ostermeier, que también tuvo problemas en China. Cuando su compañía actuó en Pekín con ‘Un enemigo del pueblo’, de Ibsen, se montó “un gran escándalo”, recuerda. Demasiado peligrosas las ideas que exponía la obra para un país hipercontrolado desde el poder. “Tardaremos años en regresar a China porque nos censuraron. Tras la primera función la gente empezó a criticar a los políticos, la falta de libertad de expresión y de derechos individuales. Cualquier comentario en este sentido en la red fue eliminado rápidamente”.

No solo dramas 

Aunque en Catalunya estamos acostumbrados a ver sus títulos dramáticos, clásicos o contemporáneos, Ostermeier asegura que dirigir comedia también le gusta y anima a los directores de los principales escenarios de aquí a darle una oportunidad en este sentido la próxima vez que le inviten.

En el 2020 celebrará 20 años al frente de la Schaubühne donde es director artístico junto a Jens Hillje como codirector. En toda esta etapa, si de algo está contento es de haberse ganado la confianza de los espectadores con una programación comprometida que invita a reflexionar sobre nuestro mundo. “La mayor satisfacción es ver que las obras agotan localidades cada noche. Y no solo en Alemania, también me pasa cuando trabajamos en otros lugares”. Lo ha visto en Viena, Hamburgo, Múnich. También en la Comédie Française. “Lo que más valoro es que el público es muy diverso y hay mucha gente joven. Eso me da esperanza”.